Cuenta la tradición que la Virgen se apareció simultaneamente al rey Jaime I de Aragón, a San Raimundo de Peñafort y a San Pedro Nolasco, encargándoles la liberación de los cristianos que estaban en poder de los musulmanes. Es el comienzo de la Orden de los Mercedarios fundada en un principio para la redención de cautivos.

La devoción a la Virgen Santísima bajo esta advocación está muy extendida por toda la Iglesia, especialmente desde el siglo XVII.