“Pon esto en tu corazón, mi pequeño hijo: no temas.
¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?
¿No te encuentras bajo mi sombra, a mi cobijo?
¿No soy yo la fuente de tu alegría?
¿No estás tú en el pliegue de mi manto, en el cruce de mis brazos?
¿Necesitas algo más?”
Si acogieramos todas estas preguntas que la Virgen hace a Juan Diego de lleno en nuestro corazón, no necesitaríamos nada para ser felices, pero no, somos muy reacios a su llamada, buscamos y nos agarramos siempre más a las cosas y placeres terrenales que nunca nos podrán dar la verdadera felicidad.