Poder comulgar; lo deseo y ansío. Como vivo alejada y no tengo aún coche, no puedo recibir a Jesús a diario y me falta todo. Ofrezco mucho por perder mis hábitos diarios; muchas veces me dan ganas de llorar de pena; tampoco rezo como antes; no tengo tiempo ni sobre todo el poder parar; es un sacrificio muy grande pues me produce ansiedad. Ya hoy te recibo Dios mío; hay una canción que dice “cada vez que te recibo señor, algo grande pasa en mí..”