En este retiro de Emaús sentí a Jesús en una caminante..ya os contaré..os adelanto que fue al presentarse, nada más llegar y además..argentina..
Segundo regalo: En el centro donde nos acogieron veía siempre esta foto..esos ojos, esa mirada santa me hacían palpitar..

Cada vez que pasaba y la miraba, sentía algo muy fuerte..una santidad profunda..no la conocía..el domingo ya de cierre, puede leer su vida y me impactó..44 años ( mi edad) cuando murió, y argentina..otra argentina..cómo actúa el Espíritu Santo con este país y su gente..
Como regalo final, hicimos una oración de despedida en una capilla muy pura y celestial donde estaba el Santísimo..y el cuerpo presente de Luminosa..creo que tenía que hacer Emaús para conocerla..y para darla a conocer al mundo entero..estoy sobrecogida y emocionada.

Os cuento de ella..no puedo parar de sentirla..la Comunión de los santos es tan cierta..ellos están con nosotros y hay que pedirles pues se sientan a la derecha del Padre:

BIOGRAFÍA DOCUMENTADA DE LA SIERVA DE DIOS, LUMINOSA MARGARITA BAVOSI

Margarita Bavosi nació en Buenos Aires (Argentina) el 19 de
septiembre de 1941, de padres italianos emigrados allí.

Del matrimonio nacieron tres hijos: Oswaldo, Luis y, finalmente
una niña, Margarita. Su llegada fue un acontecimiento feliz. Para su
padre era la pupila de sus ojos, y para sus hermanos –especialmente
para Luis- la compañera de juegos. En su casa vivía la tía María, viuda,
hermana de la madre. Margarita crece como una niña feliz en un
ambiente que le da seguridad.

Durante la edad escolar, va a la escuela primaria en un barrio muy popular de la
periferia oeste de Buenos Aires, donde vivían. De aquellos primeros años, muchas
compañeras la recuerdan como una niña inteligente, vivaz, y de buen corazón. Una de
ellas cuenta que al comenzar un nuevo curso
escolar no la tenía como compañera de
pupitre y pensó pedirle a la maestra que la
pusiera de nuevo con Margarita. Pero ésta le
dijo: “No, no está bien que hagas eso; tu
compañera se sentiría despreciada si viera que
tu prefieres a otra, y lo mismo le pasaría a la
mía y sufrirían. Ya verás como encontraremos
el modo de estar juntas”. Era espontánea,
inmediata, sincera, nunca perdería estas
características suyas.

Simultáneamente al colegio, Margarita frecuentaba la parroquia de San Cayetano,
donde asistía al catecismo, y más tarde a las reuniones de aspirantes de Acción Católica.
Le atraía todo lo que era religioso y la lectura de algunos episodios del Evangelio la
conmovían, algo más bien extraño, porque en su casa nadie era practicante, a excepción
de la abuela.

A los diez años, sucedió lo que ella llamará “el encuentro
por primera vez con el dolor”. Su madre muere de improviso. Y
es ella misma quien cuenta: “Espontáneamente miré al cielo y
dije: “Oye, María, yo no puedo quedarme sin madre, así que
tienes que ser tú la que ocupes su sitio”1. Hablando de las
consecuencias de aquella muerte añadió: “Si logré volver a
emprender una vida normal fue sobretodo, gracias al amor de
mi padre, que desde aquel momento lo fue todo para mí,
como yo lo fui todo para él”2.

Terminada la escuela primaria, hace la secundaria en un
colegio de un barrio céntrico de Buenos Aires.

A una de sus compañeras, en los momentos de
confidencia, le comunicaba muchas cosas, por ejemplo “Me
encanta bailar, pero los chicos me parecen algo vacíos”; o bien: “Papá me ha dicho que
me comprará un coche para mí –cosa totalmente excepcional en aquellos años, era 1959 -,
figúrate si yo puedo aceptar una cosa así habiendo tanta gente que no tiene qué comer”.

En una ocasión, al llegar a una estación del Metro, vio que una pobre mujer, mal
vestida y sucia, estaba durmiendo, acurrucada en su asiento. Era la última parada y, como
tenían que bajar todos, fue a despertarla, pero ésta reaccionó escupiéndole en la cara.
Margarita no cambió de actitud; solamente comentó; “Pobre, se ve que no está bien”.

Algún joven intentó declarársele, pero ella no respondió nunca. Algo extraño si
pensamos que más de una vez había dicho que le atraía la idea de una familia. Otra amiga
recuerda oírle esta frase: “No me parece suficiente una persona para acoger todo el amor
que me siento capaz de dar”5.

Otro día Margarita, ante el deseo de orientar su vida,
habló con el párroco, quien le animó con un: “¡Eres una buena
chica, no te preocupes!”, a lo que ella comentó con una
amiga: “Chicas buenas hay demasiadas, a mí no me basta: ¡Yo
quiero hacerme santa!” y comentará más tarde: “Sentía el
peligro de estar demasiado cómoda en una vida mediocre de
tipo burgués, con diversiones, fiestas y todo lo que eran los
caprichos y la moda… Me daba cuenta de que Dios no podía
tener solamente un lugar en mi vida, sino que tenía que ser
el centro. Pero no sabía como”6.

Terminó la enseñanza media y entró en la Universidad
en la facultad de Historia. Se le dan bien los estudios, con
brillantez, y los exámenes son excelentes.

Hablando con una íntima amiga del futuro de ambas,
decía: “…sería necesario un grupo o una Comunidad, o una Orden religiosa que
respondiera a nuestras exigencias, pero si no lo encontramos ya formado, – se dicen entre
ellas – ¿por qué no lo constituimos nosotras? Una comunidad sencilla, laica, que se inspire
en la Virgen y que la tenga a Ella como guía”7.

Fue justamente esa amiga quien la invitó a una reunión del Movimiento de los
Focolares, y allí, el amor recíproco, sencillo y radical de las focolarinas le hace descubrir
un Dios vivo presente y cercano y en María encuentra la respuesta para realizar su
vocación. Comentará ella misma: “Para mí, la vida cambió completamente, en casa, con
mis hermanos, con mi padre, en la Universidad”.

El 25 de marzo de 1962 marca una etapa importante en su vida. Oyendo hablar de la
“Viae Mariae”, dirá: “No tenía la menor duda; al llegar a casa comprendí que tenía que
dejarlo todo para encarnar esa trayectoria. Había encontrado mi camino”. Pero cuando
se lo comunicó a su padre éste quedó muy disgustado.
Margarita comentó: “Mi padre lo había sido todo para mí, el padre, la madre, el
hermano, el amigo. Ahora él me necesitaba porque estaba muy enfermo, y yo podía
haberle devuelto algo de ese amor que me había dado; y precisamente en ese momento
tuve que decirle: ‘Papá, me voy”. Corrí ante el Sagrario y le dije a Jesús: ‘Yo creo en tu
amor; Tú amas a mi padre mucho más de lo que lo amo yo, si Tú, que conoces la situación
de mi casa, me llamas igualmente, quiere decir que tengo que creer que tú eres capaz de
resolverla, de darle a mi padre lo que sea necesario para que no sufra’. Y por mi mente
pasó: ‘Un día me presentaré ante Jesús; también mi padre se presentará ante Jesús. Y
Jesús me dirá: Te pedí a tu padre, y tu ¿me lo diste?. Y a él: Te pedí a tu hija y tu ¿me la
diste?’ Y sentí con fuerza que el sí de mi padre dependía de mí. Si amaba de verdad a mi
padre tenía que ayudarle a decir que si en aquel momento”.

Ella era menor de edad y no había terminado los estudios. Argumentos todos que
justificaban la negativa de su padre. Llegada a la mayoría de edad y acabados los estudios
en la Universidad, obtuvo el permiso para marcharse y, por fin, tenía la libertad de llevar
a cabo su sueño.

Hizo la escuela de formación en
Grottaferrata (Roma). Chiara Lubich, fundadora
del Movimiento de los Focolares, iba con
frecuencia a comunicarles el “carisma de la
unidad”. Una de las veces Margarita le escribió
diciendo: “…Ayer hizo doce años que murió mi
madre y siempre desee su presencia pero al
verte y sentir tu amor he tenido la certeza de
conocer a la que me ha engendrado a la vida del
Espíritu; he sentido en ti la maternidad de
María… ¿Qué puedo decirte Chiara? Puedo solo
ofrecerte mi pequeño y pobre amor para que tú
lo uses como quieras con la certeza de que te seré fiel en esta vida que tu me has
enseñado, y llegar a cantar contigo mi Magníficat”.

Su carácter espontáneo y optimista y su mirada profunda y llena de luz motivan su
nuevo apelativo Luminosa.

En mayo de 1966 fue al focolar de Paraná como responsable. Allí dio clases de
historia. Después volvió a Buenos Aires para asumir
la responsabilidad del focolar. Aquí viéndola tan
“segura” ni siquiera se sospecharían algunas
dificultades que al no poder o no querer
comunicárselas a otros, las confió a su diario: “Este
dolor que siento en el alma no quiero analizarlo
sino amarlo, me da la posibilidad de amarte María
con amor puro.(…) Enséñame a perder, sé mi
madre y maestra de plenitud para poder ofrecer
esta plenitud a Dios, a tu Obra, a la Iglesia, a la
humanidad”.

Después de unos meses va a Uruguay. En una carta a Chiara se lee: “En estos días me
parece haber sentido una nueva llamada de Dios, fuerte y sutil, en ella he reconocido la
voz de mi Esposo que, después de haber
convivido con Él todo este tiempo, me decía:

Carta a Chiara 18.10.1963

“Ahora has comprendido un poco quien soy yo y lo que te espera en mi séquito. ¿Me
quieres aún? Le he contestado: “Sí, para toda la vida y la eternidad”

Después, Chiara le confía la corresponsabilidad de la Obra en España.

Cuando Luminosa aterrizó en Madrid tenía muy claro quien la había “mandado” y
que tenía que darle cuenta directamente a ella no solo de su vida personal sino de la vida
de la Obra. Se mantiene continuamente en unidad con Chiara, tratando de estar
sintonizada espiritualmente con lo que ella vive.

Luminosa, si bien atenta a valorar toda la diversidad que encuentra en España, es
más fuerte el hecho de que cada prójimo es Jesús, que no existe “ni griego, ni judío” y
que “todos son candidatos a la unidad”.

Al principio da muchos “patinazos” pero que no creaban dificultad ni bloqueaban las
relaciones, porque ella los reconocía enseguida. Así comienza su trabajo de “organización”,
trabajo de oficina, con horarios, en los que se concentra con puntualidad casi escrupulosa,
pero no pierde nada de su espontaneidad. Luminosa comunica todo de sí, decía muchas
veces: “Si algo que produce alegría se comunica, la alegría se multiplica”. Es una de las
razones que continuamente sostienen su vitalidad y que “hacen escuela” entre las
personas a las que se acerca.

Una de las manifestaciones donde comunicaba su Ideal a gran número de personas
era la Mariápolis. A una adolescente, presente en una de ellas, que sentía una fuerte
exigencia de amar le dijo; “Esta exigencia la verás colmada cuando Dios deje de ser
“Algo” para convertirse en “Alguien”.

Escribiendo a una persona le cuenta lo que fue para ella comunicar en una Mariápolis
que Jesús crucificado y abandonado era la llave para conseguir la unidad. Dice: “…ha sido
impresionante hablar abiertamente del dolor a toda aquella gente de todas las edades y
vocaciones que acogían a Jesús abandonado como la clave, el secreto profundo que podían
llevar al marcharse. La sensación que me quedó es de una multitud que se marchaba con
el pase seguro para la santidad”

Personificaba y era transparencia de la Luz del Carisma. En ella fue cada vez más
fuerte la exigencia de la santidad comunitaria propia de la espiritualidad de los Focolares.

Tenía una gran delicadeza para entrar en los ambientes, escuchaba con respeto y
hablaba sólo cuando le parecía que Dios quería que lo hiciera. No tenía la respuesta
preparada, no juzgaba por principio, sino que
valoraba todo lo positivo que encontraba. Lo
apreciaba todo, la sabiduría de los ancianos, la
generosidad de los jóvenes…

Hacía todas las cosas con atención, no por
perfeccionismo, sino por amor a Jesús
abandonado, porque: “Aquel rincón que nadie
limpia, aquel polvo que nadie quita o aquel
desorden que a nadie le gusta, me recuerdan a
Él”

En 1981, Chiara Lubich, hablando de María Gabriela de la Trappala, invitaba a los
miembros del Movimiento a hacerse santos juntos. Luminosa hizo suyo este pensamiento e
intensificó su adhesión a la Voluntad de Dios hasta el punto de poder decir antes de morir:
“He hecho todo, y siempre, delante de Dios”.

Paralelamente a la aceleración que el santo viaje imprime a la vida de Luminosa, se
hace evidente en ella un decaimiento progresivo de la salud física. Hay algo misterioso en
este consumirse que todos notan, que trata de compensar con periodos de descanso y
terapias de todo tipo, y que los médicos no logran ni diagnosticar, ni curar.

Se hizo todo lo posible para contactar con los mejores especialistas en España y en
otras naciones. A pesar de todos los análisis y pruebas, ingresos en clínicas y hospitales, el
resultado es nulo. Después de un primer diagnóstico de enfermedades de la sangre se pasa
al dictamen de considerarla como una afección pulmonar, hasta que después de tres años
los médicos se orientaron hacia una fibrosis pulmonar atípica, o sea de naturaleza
desconocida, con un pronóstico nefasto.

La que no cambia… es ella, la totalitariedad de su entrega, su sonrisa y la gozosa
conciencia de estar en viaje con Chiara y toda la Obra de María.

El 19 de septiembre de 1983, día de su cumpleaños, Chiara se encontró con ella y al
verla tan delgada ni siquiera la reconoció y al despedirse le dijo: “Son necesarias estas
tempestades y tienen que llegar en la vida. Se ve que Jesús quiere llevarte adelante
porque estas tempestades arrancan las raíces, ¿no es verdad? Pero son necesarias”. Frase
que Luminosa no volverá a olvidar.

Encontrándose con la focolarina que en Argentina le habló de la Viae Mariae, ésta le
preguntó:: ‘¿Pero tú, Luminosa, como estás?’ Se le llenaron los ojos de lágrimas y
contestó: ‘Bien’, siguiendo un silencio que era más elocuente que muchas palabras.

Durante este periodo ella siempre encuentra el modo de ser útil a los demás: reza
por las intenciones de uno, por las necesidades de otro, se interesa por los que están
cerca de ella, y sobretodo evita ser un peso para los demás.

En junio de 1984 se celebra en Roma un congreso sobre “El trabajo y la economía
hoy, en la visión cristiana”. Participan en él muchos españoles, algunos de los cuales
cuentan sus experiencias en este campo. Luminosa está presente, en primera fila, pálida,
delgada, con una respiración jadeante,
pero está atenta a todo y participa de
todo. También es fruto de lo que ella ha
sembrado. Ahora lo que había nacido crece
y se desarrolla… también sin ella.

Al día siguiente ingresa en el hospital
y ya no volverá a España. Para ella
comienza otro “trabajo”, otro “fruto” que
madurar; sus condiciones de salud dicen
claramente que el camino que está
recorriendo se parece a un “via crucis” y
que no se tratará tanto de “hacer” como
de “ser”, abandonada totalmente a la
voluntad del Padre.

Del periodo pasado en el hospital, Luminosa escribe en su diario: “Los primeros días,
en espera de tener los resultados de los análisis, he experimentado la inseguridad de la
incertidumbre. Incluso tenía miedo. He vuelto a descubrir el valor del momento presente
y he comprendido que, en estos casos, es lo único que podemos vivir”. (…) Es una
experiencia nueva, dependo en todo de los demás, ¡para todo! Se trata de una ocasión
única para vivir la mortificación”

Comprobado lo inútil del tratamiento, los médicos deciden suspenderlo y mandarla a
casa. Antes de coger el avión para Roma, el médico que siguió su tratamiento quiso
despedirse. Vino él a verla. Al salir, con los ojos llenos de lágrimas, exclamó: “Es una
persona extraordinaria; para ella, morir no es como para los demás; es impresionante
como vive su enfermedad, ¡con que lucidez!”.

Está contenta de volver a Roma, pero los médicos consideran que no le queda
mucho, por lo que Chiara va a verla para advertirle de su estado de salud. Después de esta
visita cuenta a las focolarinas que están con ella: “Chiara me ha dicho que los médicos
están preocupados porque mi enfermedad sigue avanzando, y que, de un momento a otro,
puede llevarme al Paraíso. Me ha preguntado si estaba preparada. Si quería hacer una
confesión general, y, después, me ha contado que a S. Luis Gonzaga, mientras era joven y
estaba jugando, le preguntaron qué haría si supiera que iba a morir enseguida. Y él
contestó: “Seguir jugando”. Chiara me ha dicho que así tengo que hacer también yo
(…)”

A la mañana siguiente se despierta con un acceso de disnea y con taquicardia.
Aumentándole el oxígeno logra calmarse. Cuando puede volver a hablar pregunta: “Pero,
¿será cada vez… peor?”. Y como sólo le insinúan una respuesta afirmativa, continúa: “Dilo
libremente, no me impresiona”. Y, poco después: “No pienso que sea presunción, quizás
sea la gracia del momento presente. ¿Por qué se tiene miedo a morir? ¡Hemos nacido para
esto! La muerte no existe, es solo un paso”20.

Un día vinieron a verla sus hermanos y su cuñada y aunque acababa de tener una
crisis de asfixia, hizo de todo para que no se notase. Incluso, para animar a su hermano
Luís que estaba muy triste, le repitió con gran convicción: “La muerte no existe, es sólo
un paso, pero hay que darlo bien. Hay que prepararse con la vida”

Hay también momentos dramáticos y agudos, todos vividos plenamente. Durante uno
de estos fueron a visitarla dos sacerdotes españoles que, al darse cuenta de la situación,
le preguntaron: “¿Cómo haces para amar a Jesús Abandonado?”. La respuesta es muy
sencilla y realista: “Padre, se le ama como se puede, pero se le ama”

Sufrió muchísimo y pasó por una muerte lenta, durante meses, y casi nadie, se dio
cuenta. No tenía ninguna duda sobre su fin, y sin embargo, “jugaba” a creer en su
curación, a rezar por ella, a hacer todo lo que se le indicaba.

Chiara, que se iba de Roma, va a despedirse de ella y le recomienda que siga
“jugando”, volviendo a empezar cada día, viviendo cada momento el ofrecimiento de sí

misma, en un repetido: “¡Heme aquí, Jesús!”. Siente que la relación con Luminosa supera
los modelos de madre-hija y maestra-discípula. Dirá que es la que hay entre el fundador
de una Obra de Dios y su espejo fiel”.

El 4 de marzo se precipita la situación. Luminosa no dice nada, pero quien está a su
lado intuye la gravedad del hecho. Vuelve al hospital. Al subir a la ambulancia, susurra:
“Ya no volveré”, y después, como no conseguía hablar, con la mirada, se despide de las
focolarinas presentes con una mirada personal para cada una de ellas. Parecía como si se
iluminase para cada una, apagándose, después, enseguida, para volver a encenderse de
nuevo cuando miraba a otra. Como si dijese: “Esto es especialmente para ti” y a la
siguiente: “Y esto para ti”, y así a todas.

La mañana del 6 de marel monitor que registra el ritmo cardíaco se detiene de
improviso. El pulso deja de latir y sólo la frecuencia respiratoria señala que Luminosa
sigue viva; y, sobretodo, lo dicen sus ojos, bellísimos, que de vez en cuando abre. Llaman
al médico, advierten de esta situación a las focolarinas y a Chiara quien encarga a Gis, una
de sus primeras compañeras, que le digan a Luminosa que “acepte cualquier designio que
Dios tenga para ella, y que salude en su nombre –de Chiara- a la Virgen”. Después de poco
tiempo llegan al hospital algunas focolarinas y focolarinos que no entran en la habitación.
Uno de los médicos dirigiéndose a una de ellas le dice: “¿Por qué no entra? Está ya
muerta; incluso le hemos quitado la aspiración”. Sin embargo, Luminosa está hablando,
aunque con una voz que es difícil de captar y que cubre el ruido del oxígeno puesto al
máximo de volumen. Acaba de recibir el Viático y susurra al oído de Gis –que acaba de
transmitirle el mensaje de Chiara -, repetidas veces: “Sí, sí, sí” Lo dice treinta veces,
intercalando con “Decidlo a Chiara”, “Incondicionalmente”, “La Virgen está aquí”; “Dios
te Salve María, llena eres de gracia”; y mientras los demás seguían rezando, ella vuelve a
repetir: “Dios te salve María, llena eres de gracia”

Después, ante el asombro general –dado que el monitor sigue estando detenido-
prosigue con una especie de testamento: “Aquí me tienes, Jesús…siempre he tratado…
en cada momento, de hacerlo todo delante de Dios… pero, ahora me parece demasiado…
Id adelante vosotras…¿Me escuchas, Gis?.. Lo importante es la unidad… La unidad con
Chiara… después dará fruto… “

Pero, en ese instante, inexplicablemente,
el monitor vuelve a dar señales, el pulso
reaparece y vuelve a abrir los ojos. Volvieron los
médicos y comprobaron que “efectivamente
había sido una vuelta a la vida”. Aquella tarde,
llegó Luis, su hermano, de Argentina, y
Luminosa se encontró con fuerzas todavía para
decirle: “No hay que preocuparse… la muerte
es como salir de esta habitación y entrar en la
otra”.. Quien la estaba velando le dijo:
“Luminosa, te estás marchando, ¿verdad? Jesús
y María están viniendo a recogerte”. Nada se movía en su rostro, pero los ojos
manifestaban una felicidad imposible de traducir en palabras. Era una luz que los hacía
radiantes, agradecidos, bellísimos, transparentando a través de ellos una intensidad de
vida que resumía toda la donación anterior y que se ponía de manifiesto en aquel
momento con intensidad. Después, cerró los ojos y expiró”.

Eran las 4,40 horas del 7 de marzo de 1985.

En el Centro Mariápolis de Rocca di Papa, en su funeral, nunca se habían visto tantas
flores.

En los años siguientes a su muerte, Luminosa continuó siendo señalada como
ejemplo de vida cristiana para las personas que componen el Movimiento de los Focolares
en todo el mundo. Especialmente en España la fama de su vida y de su muerte son muy
conocidas de muchos sobre todo por quienes compartieron con ella, durante los años que
llevó adelante la Obra en esta nación. Algunas niñas fueron bautizadas con el nombre de
Luminosa. Muchos la invocan y están seguros de haber recibido gracias en la vida espiritual
y para sus necesidades concretas. A ella están dedicadas, desde 1986 la ciudadela
testimonio del Movimiento que está cerca de Nueva York (Mariápolis Luminosa) y el nuevo
Centro Mariápolis de Madrid, España, (Centro Mariápolis Luminosa) inaugurado por el
Cardenal arzobispo de Madrid en diciembre del 2002. Sobre su vida se publicó un libro en
España por la Editorial Ciudad Nueva y en otros países.

El 4 de enero de 2005 tuvo lugar la
constitución del Tribunal para la apertura
diocesana del proceso de canonización de
Margarita Bavosi (Luminosa). El acto fue
presidido por el Excmo. Monseñor Eugenio
Romero Pose, Obispo Auxiliar de Madrid y
Vicario General de la Archidiócesis, delegado del
Cardenal.
8

En el vigésimo aniversario del paso a la
otra Vida de Margarita Bavosi (Luminosa) se
efectuó la traslación de sus restos el 4 de marzo
de 2005, desde Rocca di Papa hasta la capilla del Centro Mariápolis , en las Matas (Madrid)
que lleva su nombre.

El 22 de noviembre a las 12:30 tendrá lugar la clausura del pro ceso diocesano de
canonización de la sierva de Dios Margarita Bavosi (Luminosa). El acto se llevará a cabo en
el Centro Mariápolis “Luminosa” (Las Matas), donde se encuentran los restos de la sierva
de Dios, presidido por el Arzobispo de Madrid, Cardenal D. Antonio María Rouco Varela.