Santa Teresa:

“Después de esos cuatro días de parálisis, quedé con unos sufrimientos que sólo el Señor conoce. Me era imposible moverme.
Pedí que me trasladaran al monasterio, en donde estuve ocho meses postrada. El restablecimiento llevó tres años.Cuando comencé a moverme, daba gracias a Dios. pero siempre estuve muy conforme con la divina voluntad aunque tuviera que quedar así de por vida.
Me confesaba muy a menudo y mi conversación era de continuo sobre las cosas de Dios.
Todos se admiraban de la paciencia que Dios me daba para soportar la enfermedad, sin embargo, yo deseaba restablecerme para poder estar a solas en la oración, pues en la enfermería del convento no tenía un momento de tranquilidad”.