Queridos hijos, vengo entre ustedes por el inmenso amor de Dios, y persistentemente los llamo a los brazos de mi Hijo. Con corazón materno les imploro, hijos míos, y también les advierto para que en primer lugar esté en ustedes la preocupación por aquellos que aún no han conocido a mi Hijo. No permitan que ellos, observándolos a ustedes y a sus vidas, no quieran conocerlo. Oren al Espíritu Santo para que sea mi Hijo impreso en ustedes. Oren para que puedan ser apóstoles de la luz de Dios en este tiempo de tinieblas y desesperación. Éste es el tiempo en el que son puestos a prueba. Vengan conmigo, con el Rosario en la mano y el amor en el corazón. Yo los conduzco a la Pascua en mi Hijo. Oren por aquellos a quienes eligió mi Hijo, para que puedan vivir siempre por Él y en Él, Sumo Sacerdote. Gracias.