Bendita seas madre nuestra. Vela por nosotros y sigue presente cada día con tus mensajes; somos muchos los que te sentimos y te queremos escuchar.

maria

Carta de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, con motivo de celebrarse Día de la Madre
(15 de octubre de 2009)

¡¡¡Felíz Día de la Madre!!!

Qué bueno que haya un Día de la Madre. Nos ayuda a expresar sentimientos que de otra manera quedarían ocultos o guardados. La maternidad nos remite al origen de la vida. Ella, la vida, es un don de Dios, y “la mamá” también es un regalo. Ser mamá y tener una mamá son regalos. Hay un día en que se empieza a ser madre y esa realidad dura toda la vida; como el Amor de Dios que siempre nos sostiene y se goza en la felicidad y la vida de sus hijos.

Quiero hoy llegar con mi cariño y estas líneas a ustedes: mamás.

A muchas las veo tironeadas en los tiempos. Porque además de las dedicaciones propias de mamá, tienen otras tareas o exigencias para cumplir: de estudio, trabajo, o junto a otros miembros de la familia.

A veces, vos, mamá que trabajás fuera de casa, me contás que quisieras estar más con tus hijos, que ellos te necesitan, y vos a ellos. Que estos tironeos te hacen sentir algo de culpa. La sociedad misma te empuja a una mirada consumista de la vida, de la cual hay que cuidarse mucho. Solamente vos podés darle a tus hijos algo que no encontrarán en nadie más: una familia, la escuela, la compañía, el hombro, la ternura confiada, un mate, una charla. Sin tu presencia no hay crecimiento verdadero. ¿Tenés idea — estoy seguro que sí — de lo que el sonido de tu voz produce en tu hijo desde que lo tenés en el vientre? Sin tu ternura todo se vuelve inseguro y oscuro. Vos sos el abrazo más esperado.

Pido a Dios por las mamás que se alegran y emocionan viendo los primeros pasos o escuchando las primeras palabras de sus hijos. Las que van a la escuela y ayudan a hacer los deberes.

Las que no olvidan de enseñar las sencillas oraciones a “Jesusito y su Mamá” y comunicar la confianza en Dios.

Cómo no pedir por las que tienen hijos adolescentes y no saben qué más probar para intentar dialogar.

Las mamás con hijos jóvenes y adultos, y que sufren porque los ven rumbear por sendas distantes a los caminos que les enseñaron de chicos.

Me conmueve cuando veo que sos capaz de darlo todo, todo por el bien de tus hijos.

Rezo por quienes la pelean solas a causa del abandono, la soledad o el desamor.

Sé de tus desvelos y desgarros cuando a tu hijo te los roba la droga, la violencia, la muerte absurda.

A la Virgen María, dulce y generosa, confío tus oraciones y anhelos. Tus alegrías y tus lágrimas. Te abrazo junto a mi corazón.

Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú