El 1 de noviembre festejamos la fiesta de Todos los Santos, en unión con aquellos que ya tienen la Gracia de haber alcanzado la promesa del Reino. Y con la perfección con que se disponen las fiestas de la Iglesia, celebramos el 2 de noviembre la fiesta de los Fieles Difuntos, de modo particular por aquellas almas que aún se encuentran purgando y purificando sus almas en espera de alcanzar la gloria del Reino de Dios. En ambas fiestas nos configuramos a la Comunión de los Santos, ese triangulo que constituye la iglesia en la unión de las almas que ya están en el cielo, de las almas purgantes, y de aquellos que aun peregrinamos aquí en la tierra.

Santa Catalina de Siena tuvo visiones del Cielo, Infierno y Purgatorio. En las palabras de esta alma elevada a los altares, podemos comprender no sólo la extraordinaria experiencia de quien se acerca a la Esencia de Dios, sino también de la visión de las penas del infierno. Por supuesto, Dios consuela a Catalina con la esperanza de quienes están en el purgatorio, aunque sea una espera en el dolor y el sufrimiento.

Una vez más, pedimos a nuestros lectores orar por las almas de sus familiares y amigos difuntos, y en particular pedir la celebración de Misas por ellos. Es el mejor regalo que les podemos hacer, porque ello acorta y suaviza sus penas y los acerca al Reino de Dios.

Finalmente, en esta fiesta Dios concede la entrada al Cielo a una cantidad elevada de almas, por lo que la oración adquiere un valor especial.

Oremos por las almas de nuestros familiares difuntos en estos dos especiales días, días de gozo y celebración en la Unidad.

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