La Cuaresma son cuarenta días en los que reconocemos, de corazón que hemos fallado al amor de Dios y arrepentidos buscamos la manera de corregirnos y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre. Por eso la Cuaresma es tiempo de oración, de reflexión, de penitencia, de ayuno y vigilia.

Son 40 días porque son los mismos días que Jesús pasó en el desierto, después de su bautizo en el Jordán y antes de iniciar su predicación. Precisamente el próximo domingo, primer domingo de Cuaresma, cuando falten 40 días exactos para la pascua, leeremos el pasaje del Evangelio de las tentaciones de Jesús donde se nos dice que Cristo pasó 40 días y 40 noches en el desierto, rezando y ayunando. Así los 40 días de preparación de la Cuaresma- nos hacen renovar cada año el espíritu de la vida cristiana más profundo.

Los textos bíblicos nos hablan también de la cifra “40”: el pueblo de Israel pasó 40 años por el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida; Elías andó 40 días y 40 noches para llegar al desierto de Horeb para escuchar la Palabra de Dios… Pero no olvidemos que los 40 días de la Cuaresma son una preparación de los 50 días de la celebración pascual que empieza el día de Pascua de Resurrección y finaliza por Pentecostés

El comienzo de la Cuaresma queda marcado con la Eucaristía la imposición de la ceniza.

Con la imposición de la ceniza, se inicia una estación espiritual para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Este tiempo del Año Litúrgico puede ser resumido en una sola palabra: “metanoeiete”, es decir “Convertíos”. Este imperativo llega a nosotros mediante el rito de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras “Convertíos y creed en el Evangelio” y con la expresión “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La conversión es un volver a Dios, que nos recuerda que estamos de paso en la tierra, y nos impulsa y anima a trabajar con esfuerzo para que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de “conversión” es así mismo la palabra “penitencia”… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo. Por ello es bueno en estos cuarenta días hacer algún sacrificio que nos una al sacrificio de Jesús en la Cruz.

La oración en este tiempo también es muy importante porque nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la docilidad de someternos a su voluntad.

Tradición

En muchos pasajes del Antiguo Testamento se describe el tiempo de penitencia como el tiempo de plegaria más intenso y de ayuno. Para hacer visible el arrepentimiento de corazón, los libros sagrados describen los ayunos como el tiempo en que los penitentes sólo llevaban como vestido un saco y se tumbaban en la ceniza. Por este motivo, la Iglesia, imitando aquellas viejas costumbres, empieza el periodo del ayuno cuaresmal con la imposición de la ceniza.

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo (Jonás 3,6 describe la conversión de los habitantes de Nínive).

La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo: Muchas veces se une al “polvo” de la tierra: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abraham en Gén. 18,27. Los cristianos empezaron a tomar esta costumbre cogida de los pueblos antiguos al comenzar la cuaresma.

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes del domingo de Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno, ya que los domingos por ser el día del Señor nunca se ayunaba. En el siglo VII se movió el comienzo de la Cuaresma al miércoles y de esta manera se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación
.
Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Significado de la Ceniza

La ceniza, del latín “cinis”, es el producto de la combustión de algo por el fuego. Es el polvo que queda de un desperdicio cuando se quema. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia.

La ceniza es basura que se tira, es tizne que mancha, polvo que se pisa. Con nuestros pecados hemos llegado a ser basura que se tira, que no sirve ya para nada, con nuestro pecado llenamos el mundo de tristezas, lágrimas y nos alejamos de nuestro Padre y de todos los que nos rodean.

Por ello nosotros somos débiles, frágiles. En cualquier momento podemos morir. Por ser polvo podemos llegar a convertirnos en Cristo que es vida eterna y alegría completa.

La ceniza es signo de la pequeñez, del polvo de la tierra de donde Dios creó al hombre, y del mismo polvo de donde volverá después de la muerte. También ha sido empleada para significar la tristeza del hombre abrumado por la desgracia (Cfr. 2Sam 13,19) y, sobre todo, del hombre que se ve afligido por el luto y expresa así su nada (Cfr. Jer 6,26).

El Miércoles de Ceniza realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Cf Mc1,15) y “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirían” durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro, Brasil o Nueva Orleans, Estados Unidos.

Sugerencias para recibir la ceniza

Para poder recibir la ceniza es necesario que uno elija libremente aceptarla; durante el miércoles de ceniza se pide el ayuno a los mayores de 18 y menores de 65 años, excepto aquellos que se encuentren gravemente enfermos, si uno se encuentra enfermo o es menor de edad o muy mayor, se puede suplir el ayuno con una buena obra o evitando aquellos que más nos gusta hacer o comer y que el no realizarlo nos cueste un sacrificio, todo esto con el único fin de ofrecerlo a Dios.

La imposición de la ceniza es también una celebración comunitaria, junto con otros miembros de la Iglesia. Es también toda la Iglesia quien intensifica en este periodo su estado de conversión y purificación Cuando participamos en la imposición de la ceniza durante la misa se ha de tener presente que participamos como una comunidad y que lo más importante no es el signo sino lo que éste significa para nuestra vida; después de la homilía del celebrante, se proceda a la imposición de ceniza. En este momento es importante tener en cuenta que es un símbolo de penitencia y que deseamos ser cada vez mejores cristianos comprometidos por lograr vivir mejor y en paz, alegres de que Jesús venga a nuestras vidas.
Al momento de recibir la ceniza es bueno ir pensando una serie de propósitos personales que podamos cumplir durante la cuaresma, como podría ser algunos sacrificios de cosas que más nos agraden y que ofreceremos con gusto para que podamos alejar de nuestras mentes todo deseo malo de alejarnos de Dios y de nuestros seres queridos.