1592 Estamos listos para morir?
Estamos listos para morir?

San Pablo nos dice en la primera lectura de hoy que mientras estamos vivos en la tierra, debemos de vivir para el Señor, y cuando muramos, debemos morir sirviéndolo también, aún en nuestros últimos suspiros.
Cómo cristianos que verdaderamente queremos vivir una vida santa, ponemos gran énfasis en vivir para el Señor, ¿pero estamos listos para morir por el Señor? ¿En servicio a los demás?
Morir por Jesús no siempre significa el martirio. Podríamos marchitarnos lentamente en un hogar de ancianos teniendo demencia que nos quite la habilidad de pensar y sin embargo morir una muerte santa. Morir como un sirviente de Dios significa que nuestra alma hace buen uso del proceso agonizante. Cada momento de nuestras vidas, incluyendo el último, debe vivirse para la gloria de Dios y los propósitos de su reino. Todo lo demás es una pérdida de oportunidades importantes.
Debemos estar contentos de que vamos a Casa con el Señor. La muerte es nuestra puerta de la tierra al cielo (que incluye el purgatorio, el purgar de lo que queda en nosotros después de la muerte que no puede entrar en el reino de Dios). Pero nuestras muertes pueden significar mucho más.
Quiero que cada momento de mi vida sea vivido para Dios, en Dios, y por medio de Dios. Quiero que cada día haga una diferencia en su reino. Y quiero que mi muerte no sea la excepción, así que yo lo he puesto a cargo de cómo, cuando y donde suceda. Yo pido que si llego a estar demente y ya no entiendo de mis alrededores, aún entonces mi alma permanezca consciente de Dios y yo pueda utilizar ese tiempo para orar por los demás.
Si sufrimos al morir, nosotros podemos pedir que nuestro sufrimiento sea unido con la Pasión de Cristo por los que necesitan todavía su redención. Por lo menos, nosotros podemos pedir que nuestra muerte sea tan pacífica, por mucho que nuestra salud llegue a empeorar, que evangelice a los que nos ven.
¿Qué tal las personas que no tienen esta actitud? En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús habla acerca del pastor que busca una oveja perdida hasta que es encontrada. Una oveja perdida es cualquiera que pertenece a Jesús pero que no lo sigue con el resto de la multitud, o que se ha escapado, engatusada por los caminos del mundo. Por si conoces a alguien así, recuerda la promesa de esta escritura. Reza por esa persona así: “Señor Jesús, no permitas que – (el nombre) – muera hasta que él/ella esté listo para ser encontrado por TI”. ¡Esta oración siempre es contestada!
Jesús se MANTENDRA buscando y llamando a esa persona. El no se dará por vencido. Porque tus oraciones están unidas a las oraciones de Jesús mismo, el Padre Dios, no permitirá que la muerte llegue antes de que Jesús tenga a esa persona fuera de peligro y en sus brazos. Quizás suceda al momento de su muerte, o quizás más pronto, pero SI sucederá.
Yo he presenciado esto en alguien cuya mente estaba perdida a la enfermedad de Alzheimer. Aún en la niebla cerebral de esta enfermedad, él se abrió al amor de Dios durante las últimas dos semanas de su vida. ¡Dios es impresionante! ¡El siempre cumple sus promesas!