SANTA AGUSTINA PIETRANTONI (1864-1894) nació en Pozzaglia Sabina, en la región de Rieti, en Italia.

Santa Agustina Pietrantoni fue bautizada con el nombre de Livia. Era la segunda de los once hijos de Francesco Pietrantoni y Caterina Constantini, pequeños agricultores.

La pequeña Livia creció en un ambiente sano, entre gente íntegra y religiosa, además de muy trabajadora.

Sin embargo, su infancia fue dura, pues desde los siete años tuvo que trabajar cargando costales en una construcción, y más tarde en la pizca de aceitunas. Así contribuía con los ingresos de la familia, que aumentaba continuamente.

Ella siempre mostró virtudes religiosas, pero cuando hizo su Primera Comunión, Livia se sintió iluminada, y supo entonces cuál era su verdadero camino.

A pesar de que en su comunidad la tacharon de perezosa y escapista, luego de que su madre dejó de tener hijos, Livia partió rumbo a Roma en 1886, a los 22 años de edad, e ingresó con las Hermanas de la Caridad de Santa Jeanne-Antide Thouret.

Entre las religiosas ella tomó el nombre de Agustina, sintiéndose feliz de poder seguir sirviendo a los demás y ejercitando su espíritu caritativo.

Santa Agustina Pietrantoni fue asignada para el cuidado de los tuberculosos al Hospital del Espíritu Santo, santa institución de caridad que entonces contaba con 700 años de historia.

Se vivían entonces en Italia momentos poco propicios para la religión. A las Hermanas no se les persiguió, pero sí se les prohibió hablar de religión y mostrar símbolos cristianos en público y especialmente en el hospital.

Entre los enfermos había un paciente iracundo llamado Joseph Romanelli, que ya había tenido ataques de furia violenta, pero cuando vio a Santa Agustina, el infeliz decidió victimizarla y juró que la mataría.

Dedicada en cuerpo y alma a la atención de los que sufrían, Santa Agustina permaneció impasible. Sin embargo, un día que se encontraba sola, sin nadie cerca que pudiera socorrerla, Romanelli la acorraló, y a golpes y patadas descargó en ella toda su ira contra el mundo.

Pasaron varias horas hasta que alguien la encontró maltrecha en un rincón. Santa Agustina tuvo tiempo todavía de perdonar a su agresor, pero falleció víctima de la golpiza.

Santa Agustina Pietrantoni fue canonizada por Juan Pablo II en 1999.

SANTA AGUSTINA PIETRANTONI nos enseña el valor de la caridad por todos.