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Mar 5

Homilía del Papa en la celebración penitencial por 24 horas para el Señor

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El Papa Francisco presidió la celebración penitencial por las 24 horas en el Señor en la Basílica Vaticana, la cual se celebra bajo el lema del Año Jubilar “Misericordiosos como el Padre”.

A continuación la homilia completa:

«Que yo pueda ver» (Mc 10,51). Esta es la petición que hoy queremos dirigir al Señor. Ver de nuevo después de que nuestros pecados nos han hecho perder de vista el bien y alejado de la belleza de nuestra llamada, haciéndonos vagar lejos de la meta.

Este pasaje del Evangelio tiene un gran valor simbólico y existencial, porque cada uno de nosotros se encuentra en la situación de Bartimeo. Su ceguera lo había llevado a la pobreza y a vivir en las afueras de la ciudad, dependiendo en todo de los demás. El pecado también tiene este efecto: nos empobrece y aísla. Es una ceguera del espíritu, que impide ver lo esencial, fijar la mirada en el amor que da la vida; y lleva poco a poco a detenerse en lo superficial, hasta hacernos insensibles ante los demás y ante el bien. Cuántas tentaciones tienen la fuerza de oscurecer la vista del corazón y volverlo miope. Qué fácil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del éxito o la admiración que se recibe; que la economía consiste sólo en el beneficio y el consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer por encima de la responsabilidad social. Mirando sólo a nuestro yo, nos hacemos ciegos, apagados y replegados en nosotros mismos, vacíos de alegría y libertad verdadera.

Pero Jesús pasa; y no pasa de largo: «se detuvo», dice el Evangelio (v. 49). Entonces, un temblor se apodera del corazón, porque se da cuenta de que es mirado por la Luz, de esa luz afable que nos invita a no permanecer encerrados en nuestra oscura ceguera. La presencia cercana de Jesús permite sentir que, lejos de él, nos falta algo importante. Nos hace sentir necesitados de salvación, y esto es el inicio de la curación del corazón. Luego, cuando el deseo de ser curados se hace audaz, lleva a la oración, a gritar ayuda con fuerza e insistencia, como hace Bartimeo: «Hijo de David, ten compasión de mí» (v. 47).

Desafortunadamente, como aquellos «muchos» del Evangelio, siempre hay alguien que no quiere detenerse, que no quiere ser molestado por el que grita su propio dolor, prefiriendo hacer callar y regañar al pobre que molesta (cf. v. 48). Es la tentación de seguir adelante como si nada, pero así se queda lejos del Señor y se mantienen distantes de Jesús y de los demás. Reconozcamos todos ser mendigos del amor de Dios, y no dejemos que el Señor pase de largo. «Timeo transeuntem Dominum» (San Agustín). Demos voz a nuestro deseo más profundo: «Maestro, que pueda ver» (v. 51). Este Jubileo de la Misericordia es un tiempo favorable para acoger la presencia de Dios, para experimentar su amor y regresar a él con todo el corazón. Como Bartimeo, dejemos el manto y pongámonos en pie (cf. v. 50): abandonemos lo que nos impide ser ágiles en el camino hacia él, sin miedo a dejar lo que nos da seguridad y a lo que estamos apegados; no permanezcamos sentados, levantémonos, reencontremos nuestra dimensión espiritual, la dignidad de hijos amados que están ante el Señor para ser mirados por él a los ojos, perdonados y recreados.

Hoy más que nunca, sobre todo nosotros los Pastores, estamos llamados a escuchar el grito, quizás escondido, de cuantos desean encontrar al Señor. Estamos obligados a revisar esos comportamientos que a veces no ayudan a los demás a acercarse a Jesús; los horarios y los programas que no salen al encuentro de las necesidades reales de los que podrían acercarse al confesionario; las reglas humanas, si valen más que el deseo de perdón; nuestra rigidez, que puede alejar la ternura de Dios. No debemos ciertamente disminuir las exigencias del Evangelio, pero no podemos correr el riesgo de malograr el deseo del pecador de reconciliarse con el Padre, porque lo que el Padre espera antes que nada es el regreso a la casa del hijo (cf. Lc 15,20-32).

Que nuestras palabras sean la de los discípulos que, repitiendo las mismas expresiones de Jesús, dicen a Bartimeo: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49). Estamos llamados a infundir ánimo, a sostener y conducir a Jesús. Nuestro ministerio es el del acompañar, porque el encuentro con el Señor es personal, íntimo, y el corazón se pueda abrir sinceramente y sin temor al Salvador.

No lo olvidemos: sólo Dios es quien obra en cada persona. En el Evangelio es él quien se detiene y pregunta por el ciego; es él quien ordena que se lo traigan; es él quien lo escucha y lo sana.

Nosotros hemos sido elegidos para suscitar el deseo de la conversión, para ser instrumentos que facilitan el encuentro, para extender la mano y absolver, haciendo visible y operante su misericordia.

La conclusión del relato evangélico está cargado de significado: Bartimeo «al momento recobró la vista y lo seguía por el camino» (v. 52). También nosotros, cuando nos acercamos a Jesús, vemos de nuevo la luz para mirar el futuro con confianza, reencontramos la fuerza y el valor para ponernos en camino. En efecto «quien cree ve» (Carta enc. Lumen fidei, 1) y va adelante con esperanza, porque sabe que el Señor está presente, sostiene y guía. Sigámoslo, como discípulos fieles, para hacer partícipes a cuantos encontramos en nuestro camino de la alegría de su amor misericordioso.

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Sep 25

Adoración en Gdanks

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Al ver esta foto, recordé mi anhelo tan grande por poderle adorar en mi viaje por el Baltico.. en cuanto Le vi en la catedral polaca..lo malo fue que se marchó el grupo y me perdí..qué miedo pasé..hasta q los encontré..eso me pasa por desobediente..o por obediente a su llamada ..estaba sólo ¡¡ ..

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May 18

Hasta mañana, Señor

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Anoche fui a la Adoración nocturna y lloré de amor a Dios cuando sentí que El me miraba cuando nos acercaban la custodia.
Cuando lo retiran o lo guardan en el Sagrario, me da tanta pena, que le lanzo un beso y siempre le pido que me llame para volver a verle lo antes posible.. a veces no puedo a diario y pasan días y voy sintiendo q pierdo alegría+

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Feb 10

Adoración nocturna en Caná

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Impresionante meditación acompañada de canciones bellísimas.
Maravilloso momento en que Dios camina en la custodia..en plata y con brillos de cristales..va bendiciendo a cada fila y me emociona por lo que están viviendo el resto..cuando llega delante nuestro, le miro fijamente y muero de amor; lágrimas caen de gozo; me recojo y bendigo cómo obra en todos nosotros y por los que pedimos.

El padre repite las siguientes palabras de alabanzas al Santísimo Sacramento en reparación de las blasfemias, antes de pasar bendiciéndonos a cada uno con la custodia:

Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios, en sus Ángeles y en sus Santos.

Si sois de Madrid, os invito a asistir los jueves de 22 a 23 h en la parroquia de Santa María de Caná en Pozuelo.

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Ene 20

En Adoración

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Así pasé ayer muchas horas. Una mañana sin coche, inmovilizada, me llevó a pedir a mi hija que me dejara en Santa María de Caná..”pero te vas a quedar 4 horas hasta que te busque?” me preguntó..” sí, que yo hago mis cosas mientras..” Por qué tendremos que decir mentirijillas piadosas pata no ser cuestionados..? así me paso los días con mi familia..directa al tempo..no me podía ni mover de paz..la mañana destinada a Dios ¡ no trabajo, no planes, nada más que Él..descansé en él, seguí leyendo a Santa Teresa de Jesús, recé y quedé en silencio..muy tranquila..hubiera pasado así todo el día..broche de oro en la noche con la Adoración de las 22 h en misma iglesia..cuando tuve la custodia delante, no pude parar de llorar..mi amiga al lado decía que latía..late de amor por todos nosotros. Por eso aquí palpitamos..todos, los que escribís y los que no.

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