La Blanca Paloma regresa a su ermita tras más de ocho horas de procesión
La Virgen del Rocío ha entrado en su ermita sobre las 11.50 horas, tras recorrer la aldea de El Rocío, en Almonte (Huelva), durante más de ocho horas, ya que sobre las 03.29 horas los almonteños saltaron la reja para procesionarla por delante de las 110 filiales que han peregrinado hasta la aldea.
28/05/2012 Informativos CanalSur 

Según fuentes del Plan Aldea, la tranquilidad ha sido la tónica predominante a lo largo de toda la procesión, la cual ha comenzado más tarde que en otras ocasiones y ha terminado más temprano, por lo que ha sido más corta al objeto de que “antes de que apretara el calor la Virgen estuviera en su ermita y no se vieran mermadas las fuerzas”.

Han calificado de “modélico” el transcurso de la procesión, ya que el trono “ha caído mucho menos al suelo” ya que se ha procurado depositarla en el suelo con cuidado. Hay que recordar que el pasado año se produjo la rotura de uno de los varales del paso de la Virgen del Rocío, lo cual hizo que la imagen volviese a su ermita en torno a las ocho de la mañana y por tanto, se acortara la procesión. Este hecho, según han puntualizado, ha supuesto “un punto de inflexión” y éste ha sido “más calmado”.

En esta misma línea se ha manifestado el presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, quien explicó que este año en la salida ha habido “más calma” que en ocasiones anteriores ya que los almonteños realizaron un pasillo para permitir que la Virgen dejara su ermita con “más tranquilidad”. Asimismo, remarcó que la procesión de la Virgen del Rocío ha estado “en todo su apogeo” para el disfrute de los miles de fieles que se encuentran en la aldea.

Salida a las tres y media de la madrugada
Cuando el reloj marcaba las 3.29 horas de la madrugada del Lunes de Pentecostés, la Virgen del Rocío se asomaba a la explanada del Santuario a hombros de la gente de Almonte, su pueblo. Siguiendo la tradición, al terminar el Rosario que se reza en la Plaza de Doñana, vuelve al Santuario el Simpecado de la Hermadad Matriz, lo que supone la señal tácita de que ya ha llegado el momento de comenzar la procesión.

Este año se ha vivido la espera en un clima de menos tensión y con un mayor control por parte de los almonteños que intentaron, en todo momento, mantener un cordón que evitara que el santuario se llenara de gente. En lugar de ver las escenas habituales de personas apiñadas entorno a la reja que protege a la Virgen, la gente estuvo tranquila casi todo el tiempo y sólo en momentos puntuales se vivieron momentos de tensión.

Tras lo sucesos del año pasado, en los que el paso sufrió la rotura de un varal, que supuso la interrupción de la procesión antes de tiempo, este año ha habido un control mucho mayor y un orden casi nunca visto en otras ocasiones en la procesión de la Virgen del Rocío. La Blanca Paloma estrenaba un paso con refuerzos y mayor altura para facilitar ser llevada por los almonteños y lo más importante es que había una concienciación por parte de las personas que debían llevar las andas de la Virgen para evitar las imágenes de otros años en los era demasiado común ver cómo el paso tocaba el suelo.

Los almonteños han cambiado este año sus tradicionales camisas caquis, por camisas blancas. Al parecer la petición ha venido por parte de la Hermadad Matriz que ha querido de esta forma marcar claramente un nuevo espíritu no sólo en la manera de vestir de los hombres que llevan el paso, sino también una nueva forma de llevar a la Virgen del Rocío. Parece que el esfuerzo ha merecido la pena ya que la Virgen ha salido medio hora más tarde que el año pasado. Cada año se perdían los nervios antes y la imagen salía cada año más temprano.

Este año la Virgen ha vuelto a llevar el manto de los Apostoles, diseñado en 1952 por Joaquín Castilla Romero, uno de los mantos más valiosos de la Patrona de Almonte en el que se pueden ver los escudos de las hermandades filiales.

Este año es un año especial ya que el próximo 20 de agosto se producirá la tradicional Venida de la Virgen a Almonte que se repite cada siete años y que supone un traslado especial, así como la construcción de tempo efímero en el pueblo en el que sus habitantes llevan ya meses trabajando.

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