Después de la venida del Espíritu Santo, San Lucas utiliza una expresión todavía más intensa: «La muchedumbre… tenía un corazón y un alma sola» (Hch 04/32).

Con estas palabras, el evangelista indica la razón más profunda de la unión de la comunidad primitiva: la unicidad del corazón.

El corazón -dicen los Padres de la Iglesia-es el órgano propulsor del cuerpo.
La trascendencia, por lo tanto, exige el camino de la oración personal y eclesial, es decir, la Eucaristía, la unión real con Cristo.

Los Hechos terminan con la llegada del Evangelio a Roma alcanzado la meta que se iniciara en Jerusalén. La Iglesia católica, continúa y sustituye al antiguo pueblo de Dios,
el cual tenía su centro en Jerusalén.

Roma expresa la fidelidad a los orígenes, a la Iglesia de todos los tiempos y a una Iglesia que habla en todas las lenguas y exige una fidelidad decidida y profunda al sucesor de Pedro y un caminar desde el interior hacia una catolicidad cada vez más auténtica.

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