A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias.
Dijo Nuestro Señor: “Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18:20).
El rosario en familia es algo maravilloso. Es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance de todos…
Los Papas, especialmente los más recientes, han hecho gran énfasis sobre la importancia del rosario en familia.
El Papa dominico, San Pío V (1566 – 1572) dio el encargo a su congregación de propagar el santo rosario.
Muchos Papas han sido grandes devotos del rosario y lo han propagado con profunda convicción y confianza.
Su Santidad León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario.
Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de “Reina del Santísimo Rosario” en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de “El Papa del Rosario”

TODOS LOS PAPAS DEL SIGLO XX HAN SIDO MUY DEVOTOS DEL SANTO ROSARIO
Su Santidad Juan Pablo II nos insistía en el rezo del Santo Rosario.
“Recen en familia, en grupos. Recen en privado. Inviten a todos a rezar. No tengan miedo de compartir la fe. Nada mas importante. El mundo está en crisis. Nuestras fuerzas humanas no son suficientes. La victoria vendrá una vez mas por la Virgen María. Es la victoria de su Hijo, el Señor Rey del Universo: Jesucristo.”

Un gran apóstol del rosario en familia es el Padre Patrick Peyton, quién llevó a cabo los primeros planes para que se hiciera una cruzada a nivel mundial del rosario en familia en el Holy Cross College, Washington D.C., en enero de 1942. Hizo esta cruzada en acción de gracias a María Santísima por la restauración de su salud. De una forma maravillosa la cruzada se propagó por todo el mundo con el lema:
“La familia que reza unida, permanece unida”

EN EL MES DE OCTUBRE SE RECOMIENDA A LOS FIELES EL REZO DEL SANTO ROSARIO Y SE CONCEDEN INDULGENCIAS
Se le concede Indulgencia Plenaria al rezo de cinco misterios del mismo en una iglesia u oratorio o bien en familia, en comunidades religiosas o en una asociación piadosa, con las siguientes condiciones:
1.- Debe rezarse en forma continua.(Cfr. Enchiridion indulgentiarum, 3ª ed., 1999, concesión 17 § 1).
2.- Añádase a la recitación vocal la meditación de los Misterios.
3.- En la recitación pública, los Misterios deben anunciarse conforme a la costumbre del lugar.
4.- En la recitación privada basta que a la oración vocal se una la meditación del Misterio. Se le concede Indulgencia Parcial al rezo en otras circunstancias.

¿QUÉ SON LAS INDULGENCIAS?
( cfr. CEC 1471-1479)
Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para sí mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos.
La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.
Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene a favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados.
Es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia.
El pecado mortal nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado.
Por otra parte, todo pecado, incluso venial, implica apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la “pena temporal” del pecado.
Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado.
El sacramento de las Reconciliación o Confesión concede el perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios y concede la remisión de las penas eternas del pecado.
Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase… debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del “hombre viejo” y a revestirse del “hombre nuevo”.
Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos (La comunión de los santos es un vínculo constante de amor entre quienes ya son bienaventurados como entre los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra, y es fuente de un abundante intercambio de bienes espirituales), podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados. Esto constituye una obra de misericordia.
Las condiciones generales para ganar las indulgencias plenarias
(cfr. Const. Apost. Indulgentiarum doctrina de Pablo VI, 1 de enero de 1967)
1.- Desapego a todo pecado, incluso venial.
2.- Rezar por las intenciones del Santo Padre.
3.- Comunión sacramental.
4.- Confesar regularmente.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple plenamente recitando un Padrenuestro y un Ave María por sus intenciones; aunque cada fiel puede rezar otra oración, según su devoción y piedad por el Romano Pontífice.
Las condiciones pueden cumplirse algunos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita; sin embargo, es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se haga la obra.
Sin embargo, con una sola confesión sacramental se pueden ganar muchas indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y con una sola oración por las intenciones del Sumo Pontífice solamente se puede ganar una indulgencia plenaria.

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