Ana Catalina Emmerich:

“Después de los apóstoles, se acercaron al lecho de la Virgen los discípulos presentes, que recibieron la misma bendición que aquéllos.
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Entretanto, Pedro había terminado el santo sacrificio. Había consagrado y recibido el cuerpo de Señor y se lo había dado a los apóstoles y discípulos presentes. La Santísima Virgen no podía ver el altar, pero durante el santo sacrificio estuvo sentada, incorporada en la cama con profundo y constante recogimiento.
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Luego le llevó a la Santísima Virgen la comunión y la extremaunción. Todos los apóstoles le acompañaron solemnemente. Tadeo iba delante con el incensario humeante, Pedro llevaba el Santísimo Sacramento junto al pecho en el recipiente en forma de cruz y Juan le seguía con un platito en el que estaban el cáliz con la santa sangre y algunas cajitas.
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La Santísima Virgen descansaba sobre su espalda, tranquila y pálida. Miraba arriba constantemente, no hablaba con nadie y estaba como en arrobo permanente.
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Al recibir el Santísimo Sacramento entró en María un resplandor, volvió a caer como extasiada y ya no habló más.
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Más tarde volví a ver a los apóstoles y discípulos rezando de pie en torno al lecho de la Santísima Virgen. El rostro de María estaba florido y sonriente como en su juventud; sus ojos miraban al cielo con santa alegría”

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