Pentecostés representa el nacimiento de la Iglesia por obra del Espíritu Santo que desciende sobre la comunidad de los discípulos -“asiduos y unánimes en la oración”-, reunida «con María, la madre de Jesús» y con los once apóstoles.

Podemos decir, por tanto, que la Iglesia comienza con la bajada del Espíritu Santo
y que el Espíritu Santo «entra» en una comunidad que ora, que se mantiene unida y cuyo centro son María y los apóstoles.

Cuando meditamos la lectura Bíblica, descubrimos las notas de la Iglesia.
1. La Iglesia es apostólica, «edificada sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas» (Ef 02,20)

La Iglesia no puede vivir sin este vínculo que la une, de una manera viva y concreta, a la corriente ininterrumpida de la sucesión apostólica,
firme garante de la fidelidad a la fe de los apóstoles.

En este mismo capítulo, San Lucas subraya una vez más esta nota de la Iglesia: «Todos perseveraban en la doctrina de los apóstoles» (Hechos 2,42).

El valor de la perseverancia, de vivir firmemente anclados en la doctrina de los apóstoles, es también una advertencia para la Iglesia de su tiempo -y de todos los tiempos-.

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