Results > Its Tagged With > Navidad

Dic 24

Noche de Paz, noche de amor

5


Texto del Evangelio (Lc 1,67-79): En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Comentar esta anotacin »
Dic 22

Reconciliación

4

Es el momento de acercarnos a ese amigo, familiar que no hemos tratado tanto, que recordamos..que nos gustaría retomar..siempre hay alguien que puede dar el paso..y claro está, otra que no quiere hacerlo..pues adelante..en estos días previos al nacimiento de Jesús.
Ahora estamos más dóciles..ya en el mes de Enero no será tan fácil..fuera orgullo..digámosle sí a Dios..que queremos que venga esta Navidad..a nuestra casa.
Os voy a deleitar con villancicos cada día durante toda la Navidad..no soy tanto de esta música, pero estoy seleccionando canciones que os van a gustar.

Comentar esta anotacin »
Dic 27

Misa de Navidad

3

Aún la sigo reviviendo en mi alma..era como estar en las fiestas de la vida en nuestra casa de Alvear en Buenos Aires, donde el Padre Eduardo celebraba la santa misa para muchos privilegiados que fuimos ..nuestro hogar era un templo..pues bien, vivir la santa misa del 25 en la iglesia de Las Esclavas fue mi regalo de Navidad. Delante del altar, junto al portal de Belén, que después adoramos..Sus palabras..como siempre sencillas y llenas de verdad y humildad:

“Jesús fue enterrado en una cueva nueva al morir..sale a la vida resucitada de un lugar nuevo. La muerte de Jesús está marcada por signos de realeza ( rey de los judíos, manto púrpura..).
Jesús nace en un comedero de animales, en un pesebre..el nacimiento está marcado por signos de comida ( Belén significa la casa del pan..). En el seno de María tiene calor, amor..cuál fue la primera desdicha nuestra que habría conocido en niño Jesús..? el hambre..como todos los niños..recibe como primera ofrenda queso , leche y pan. Ya desde el pesebre guarda el deseo de ser pan..de alimentarnos..La Eucaristía y Jesús en el pesebre vienen a ser lo mismo. Igual que estuvo en los brazos de la Virgen María, está en nuestros brazos. Conoce el hambre y la necesidad de alimentación que tenemos, por eso se hace pan para nosotros.
Vivimos en un mundo que tiene hambre y llora por el hambre que tiene. Es un mundo que responde a tonterías: vas a ser feliz si tienes buen cuerpo, s cambias de auto…tonteras.. ( me encantó esta palabra.) Sólo vas a ser feliz si recibes el pan vivo bajado del Cielo. Tenemos que salir a anunciar como los pastorcitos..el mensaje no es sólo para nosotros..
Al recibir a Jesús en la Eucaristía, hagámoslo con la misma entrega de María, de José, de los pastores..para llevarlo a todas las familias en medio del mundo”.

Comentar esta anotacin »
Dic 26

Homilía del Santo Padre Benedicto XVI

2

MISA DE NOCHEBUENA
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Basílica Vaticana
24 de diciembre de 2009
[Video]

Queridos hermanos y hermanas
«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5). Lo que, mirando desde lejos hacia el futuro, dice Isaías a Israel como consuelo en su angustia y oscuridad, el Ángel, del que emana una nube de luz, lo anuncia a los pastores como ya presente: «Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). El Señor está presente. Desde este momento, Dios es realmente un «Dios con nosotros». Ya no es el Dios lejano que, mediante la creación y a través de la conciencia, se puede intuir en cierto modo desde lejos. Él ha entrado en el mundo. Es quien está a nuestro lado. Cristo resucitado lo dijo a los suyos, nos lo dice a nosotros: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Por vosotros ha nacido el Salvador: lo que el Ángel anunció a los pastores, Dios nos lo vuelve a decir ahora por medio del Evangelio y de sus mensajeros. Ésta es una noticia que no puede dejarnos indiferentes. Si es verdadera, todo cambia. Si es cierta, también me afecta a mí. Y, entonces, también yo debo decir como los pastores: Vayamos, quiero ir derecho a Belén y ver la Palabra que ha sucedido allí. El Evangelio no nos narra la historia de los pastores sin motivo. Ellos nos enseñan cómo responder de manera justa al mensaje que se dirige también a nosotros. ¿Qué nos dicen, pues, estos primeros testigos de la encarnación de Dios?
Ante todo, se dice que los pastores eran personas vigilantes, y que el mensaje les pudo llegar precisamente porque estaban velando. Nosotros hemos de despertar para que nos llegue el mensaje. Hemos de convertirnos en personas realmente vigilantes. ¿Qué significa esto? La diferencia entre uno que sueña y uno que está despierto consiste ante todo en que, quien sueña, está en un mundo muy particular. Con su yo, está encerrado en este mundo del sueño que, obviamente, es solamente suyo y no lo relaciona con los otros. Despertarse significa salir de dicho mundo particular del yo y entrar en la realidad común, en la verdad, que es la única que nos une a todos. El conflicto en el mundo, la imposibilidad de conciliación recíproca, es consecuencia del estar encerrados en nuestros propios intere­ses y en las opiniones personales, en nuestro minúsculo mundo privado. El egoísmo, tanto del grupo como el individual, nos tiene prisionero de nuestros intereses y deseos, que contrastan con la verdad y nos dividen unos de otros. Despertad, nos dice el Evangelio. Salid fuera para entrar en la gran verdad común, en la comunión del único Dios. Así, despertarse significa desarrollar la sensibilidad para con Dios; para los signos silenciosos con los que Él quiere guiarnos; para los múltiples indicios de su presencia. Hay quien dice «no tener religiosamente oído para la música». La capacidad perceptiva para con Dios parece casi una dote para la que algunos están negados. Y, en efecto, nuestra manera de pensar y actuar, la mentalidad del mundo actual, la variedad de nuestras diversas experiencias, son capaces de reducir la sensibilidad para con Dios, de dejarnos «sin oído musical» para Él. Y, sin embargo, de modo oculto o patente, en cada alma hay un anhelo de Dios, la capacidad de encontrarlo. Para conseguir esta vigilancia, este despertar a lo esencial, roguemos por nosotros mismos y por los demás, por los que parecen «no tener este oído musical» y en los cuales, sin embargo, está vivo el deseo de que Dios se manifieste. El gran teólogo Orígenes dijo: si yo tuviera la gracia de ver como vio Pablo, podría ahora (durante la Liturgia) contemplar un gran ejército de Ángeles (cf. In Lc 23,9). En efecto, en la sagrada Liturgia, los Ángeles de Dios y los Santos nos rodean. El Señor mismo está presente entre nosotros. Señor, abre los ojos de nuestro corazón, para que estemos vigilantes y con ojo avizor, y podamos llevar así tu cercanía a los demás.
Volvamos al Evangelio de Navidad. Nos dice que los pastores, después de haber escuchado el mensaje del Ángel, se dijeron uno a otro: «Vamos derechos a Belén… Fueron corriendo» (Lc 2,15s.). Se apresuraron, dice literalmente el texto griego. Lo que se les había anunciado era tan importante que debían ir inmediatamente. En efecto, lo que se les había dicho iba mucho más allá de lo acostumbrado. Cambiaba el mundo. Ha nacido el Salvador. El Hijo de David tan esperado ha venido al mundo en su ciudad. ¿Qué podía haber de mayor importancia? Ciertamente, les impulsaba también la curiosidad, pero sobre todo la conmoción por la grandeza de lo que se les había comunicado, precisamente a ellos, los sencillos y personas aparentemente irrelevantes. Se apresuraron, sin demora alguna. En nuestra vida ordinaria las cosas no son así. La mayoría de los hombres no considera una prioridad las cosas de Dios, no les acucian de modo inmediato. Y también nosotros, como la inmensa mayoría, estamos bien dispuestos a posponerlas. Se hace ante todo lo que aquí y ahora parece urgente. En la lista de prioridades, Dios se encuentra frecuentemente casi en último lugar. Esto – se piensa – siempre se podrá hacer. Pero el Evangelio nos dice: Dios tiene la máxima prioridad. Así, pues, si algo en nuestra vida merece premura sin tardanza, es solamente la causa de Dios. Una máxima de la Regla de San Benito, reza: «No anteponer nada a la obra de Dios (es decir, al Oficio divino)». Para los monjes, la liturgia es lo primero. Todo lo demás va después. Y en lo fundamental, esta frase es válida para cada persona. Dios es importante, lo más importante en absoluto en nuestra vida. Ésta es la prioridad que nos enseñan precisamente los pastores. Aprendamos de ellos a no dejarnos subyugar por todas las urgencias de la vida cotidiana. Queremos aprender de ellos la libertad interior de poner en segundo plano otras ocupaciones – por más importantes que sean – para encaminarnos hacia Dios, para dejar que entre en nuestra vida y en nuestro tiempo. El tiempo dedicado a Dios y, por Él, al prójimo, nunca es tiempo perdido. Es el tiempo en el que vivimos verdaderamente, en el que vivimos nuestro ser personas humanas.
Algunos comentaristas hacen notar que los pastores, las almas sencillas, han sido los primeros en ir a ver a Jesús en el pesebre y han podido encontrar al Redentor del mundo. Los sabios de Oriente, los representantes de quienes tienen renombre y alcurnia, llegaron mucho más tarde. Y los comentaristas añaden que esto es del todo obvio. En efecto, los pastores estaban allí al lado. No tenían más que «atravesar» (cf. Lc 2,15), como se atraviesa un corto trecho para ir donde un vecino. Por el contrario, los sabios vivían lejos. Debían recorrer un camino largo y difícil para llegar a Belén. Y necesitaban guía e indicaciones. Pues bien, también hoy hay almas sencillas y humildes que viven muy cerca del Señor. Por decirlo así, son sus vecinos, y pueden ir a encontrarlo fácilmente. Pero la mayor parte de nosotros, hombres modernos, vive lejos de Jesucristo, de Aquel que se ha hecho hombre, del Dios que ha venido entre nosotros. Vivimos en filosofías, en negocios y ocupaciones que nos llenan totalmente y desde las cuales el camino hasta el pesebre es muy largo. Dios debe impulsarnos continuamente y de muchos modos, y darnos una mano para que podamos salir del enredo de nuestros pensamientos y de nuestros compromisos, y así encontrar el camino hacia Él. Pero hay sendas para todos. El Señor va poniendo hitos adecuados a cada uno. Él nos llama a todos, para que también nosotros podamos decir: ¡Ea!, emprendamos la marcha, vayamos a Belén, hacia ese Dios que ha venido a nuestro encuentro. Sí, Dios se ha encaminado hacia nosotros. No podríamos llegar hasta Él sólo por nuestra cuenta. La senda supera nuestras fuerzas. Pero Dios se ha abajado. Viene a nuestro encuentro. Él ha hecho el tramo más largo del recorrido. Y ahora nos pide: Venid a ver cuánto os amo. Venid a ver que yo estoy aquí. Transeamus usque Bethleem, dice la Biblia latina. Vayamos allá. Superémonos a nosotros mismos. Hagámonos peregrinos hacia Dios de diversos modos, estando interiormente en camino hacia Él. Pero también a través de senderos muy concretos, en la Liturgia de la Iglesia, en el servicio al prójimo, en el que Cristo me espera.
Escuchemos directamente el Evangelio una vez más. Los pastores se dicen uno a otro el motivo por el que se ponen en camino: «Veamos qué ha pasado». El texto griego dice literalmente: «Veamos esta Palabra que ha ocurrido allí». Sí, ésta es la novedad de esta noche: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. Aquel Dios del que no se debe hacer imagen alguna, porque cualquier imagen sólo conseguiría reducirlo, e incluso falsearlo, este Dios se ha hecho, él mismo, visible en Aquel que es su verdadera imagen, como dice San Pablo (cf. 2 Co 4,4; Col 1,15). En la figura de Jesucristo, en todo su vivir y obrar, en su morir y resucitar, podemos ver la Palabra de Dios y, por lo tanto, el misterio del mismo Dios viviente. Dios es así. El Ángel había dicho a los pastores: «Aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12; cf. 16). La señal de Dios, la señal que ha dado a los pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en niño; se deja tocar y pide nuestro amor.
Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Pero su señal nos invita a la fe y al amor, y por eso nos da esperanza: Dios es así. Él tiene el poder y es la Bondad. Nos invita a ser semejantes a Él. Sí, nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza; si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor. Orígenes, siguiendo una expresión de Juan el Bautista, ha visto expresada en el símbolo de las piedras la esencia del paganismo: paganismo es falta de sensibilidad, significa un corazón de piedra, incapaz de amar y percibir el amor de Dios. Orígenes dice que los paganos, «faltos de sentimiento y de razón, se transforman en piedras y madera» (In Lc 22,9). Cristo, en cambio, quiere darnos un corazón de carne. Cuando le vemos a Él, al Dios que se ha hecho niño, se abre el corazón. En la Liturgia de la Noche Santa, Dios viene a nosotros como hombre, para que nosotros nos hagamos verdaderamente humanos. Escuchemos de nuevo a Orígenes: «En efecto, ¿para qué te serviría que Cristo haya venido hecho carne una vez, si Él no llega hasta tu alma? Oremos para venga a nosotros cotidianamente y podamos decir: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí (Ga 2,20)» (In Lc 22,3).
Sí, por esto queremos pedir en esta Noche Santa. Señor Jesucristo, tú que has nacido en Belén, ven con nosotros. Entra en mí, en mi alma. Transfórmame. Renuévame. Haz que yo y todos nosotros, de madera y piedra, nos convirtamos en personas vivas, en las que tu amor se hace presente y el mundo es transformado.

Comentar esta anotacin »
Dic 23

Acercarnos a Belén

2

“Acercarnos a Belén”

Estamos a las puertas de la Navidad y queremos acercarnos a Belén con el corazón descalzo…

Como lo hicieron Maria y José en la noche; como los Ángeles, los pastores y los Magos de Oriente…

Queremos dejarnos asombrar por la pequeñez de Dios, que se hace promesa cumplida, para Simeón y Ana…

¿Como llegamos a las puertas de Belén?

Como Maria: Con una promesa a punto de cumplirse -Feliz de Ti…- ya darse a luz?

Como José: Con una misión nueva, en donde mis planes quedan de lado para adherir con humildad al proyecto de Dios para mi?

Como los Ángeles: Que tienen que anunciar a los pastores, que Dios es feliz en lo pequeño, pobre e indefenso?

Como los pastores: Que se dejaron asombrar por la Buena Noticia y creyeron lo que se les anunciaba y fueron a ver…

Como los Magos de Oriente: Que siguiendo una “estrella”, descubrieron al Sol y ofrecieron sus “dones” con humildad y sencillez…

Les dejo este texto de la hna. Dolores Aleixandre, RSCJ:

* Acércate1 a Belén a escuchar ese “evangelio” que se te anuncia también a ti, esa gran noticia que cada ser humano puede repetir con asombro: “Me ha nacido un Salvador”.

Recuerda lo que dice S. Ignacio: “Todo esto por mí”. Atrévete a pensar que tú has provocado la encarnación.

* Acércate a Belén a escuchar para que esa “música”, que fue “la banda sonora” de Jesús, vaya haciéndose también la banda sonora de tu vida y, cada vez más, tu interés, tu atención, tu deseo, tu decir y tu hacer vayan coincidiendo con los de Jesús en su pasión por el Padre y por el Reino.

* Acércate a Belén a dejarte querer, a aceptar que estén dirigidas también a ti las palabras que oyeron los pastores: “Paz a los hombres a quienes ama el Señor”.

Siéntete envuelto en esa complacencia de Dios, experimenta la alegría de “caerle bien”, de ser objeto de su amor gratuito, de no necesitar “hacer méritos” para conseguir ese amor porque lo propio de la gracia es ser absolutamente inmerecida y desbordar cualquier expectativa por nuestra parte. Consiente a ese amor torrencial y envolvente de Dios que se nos regala en Jesús y deja que brote en ti una urgencia agradecida de responder a ese amor.

* Acércate a Belén a recibir esa gran alegría que es para todo el pueblo: imagina tu vida como comunicación y contagio de ese gozo destinado a llegar a todos. Siente sobre ti la fuerza del Espíritu que te envía “a dar la buena noticia a los pobres…”(Is 61,1)

“Cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían: “Vayamos a Belén a ver lo que ha sucedido y nos ha comunicado el Señor. Fueron aprisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”.

El anuncio del ángel ha movilizado en ellos todo su deseo y su búsqueda y han ido “aprisa”, obedeciendo a una palabra que les señalaba como lugar de encuentro aquél que nunca hubieran imaginado.

* Acércate a Belén a mirar y a asombrarte, a transformar la imagen que tienes de Dios: “Dios es este niño”. “La comunicación de Dios se ha hecho debilidad humana y ha plantado su tienda entre nosotros” (Jn 1,14)

* Acércate a Belén a tocar la debilidad de Dios, a experimentar cómo, en medio de la hostilidad de un mundo que se cierra a recibirle, Él hace presente su ternura, su accesibilidad total en el cuerpo de un niño que se pone en nuestras manos. Hazte consciente de que cada vez que tocas tu propia debilidad o la de tus hermanos, estás aprendiendo a tocar la debilidad de Dios.

Y que en esta nueva Navidad, podamos acercarnos a Belén con corazón de niño, que todo lo espera y lo cree…

Y con corazón de abuelos y abuelas, que saben por experiencia que Dios tiene sus tiempos y signos para mostrarnos renovadamente su amor…

Con mi cariño y oración. Les deseo una muy Feliz Navidad!!

hna. Marta Irigoy

misionera diocesana

Comentar esta anotacin »
Página 1 de 212