“La oración que recibe de Dios los gustos puede llamarse oración de quietud. No brota de nuestro esfuerzo de reflexión, sino que recibe el aliento directo de Dios.
El que hace oración reflexionando sobre la vida de Cristo y la propia vida se asemeja a la persona que riega su jardín, con mucho trabajo, transportando baldes de agua.
El que recibe los gustos de Dios es como el que ve regar su jardín, sin ningún esfuerzo, porque recibe directamente el agua del cielo en forma de lluvia.
Cuando Dios quiere hacernos esos regalos sobrenaturales, se produce una grandísima paz y suavidad en nuestro interior, que no se pude comparar, ni por asomo, con las satisfacciones anteriores.Esa preciosa agua del cielo humedece y ablanda los terrones de nuestro corazón y hasta llegar a beneficiar nuestro propio cuerpo. No sé cómo, pero el que lo ha experimentado lo entenderá, que todo el hombre exterior goza con este gozo y suavidad interior”.

Santa Teresa de Jesús.
Se trata de amar mucho.

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