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Oct 17

Nada te espante

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Oct 16

Bienes del mundo

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Oct 15

Santa Teresa

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“Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
S√≥lo Dios basta.”

Virgen y Doctora de la Iglesia
(1515-1582)
En la cruz est√° la gloria, Y el honor,
Y en el padecer dolor, Vida y consuelo,
Y el camino m√°s seguro para el cielo.”
Reformadora del Carmelo, Madre de las Carmelitas Descalzas y de los Carmelitas Descalzos; “mater spiritualium” (t√≠tulo debajo de su estatua en la bas√≠lica vaticana); patrona de los escritores cat√≥licos y Doctora de la Iglesia (1970): La primera mujer, que junto a Santa Catalina de Sena recibe este t√≠tulo.

Naci√≥ en √Āvila, Espa√Īa, el 28 de marzo de 1515.

Su nombre, Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de Alonso S√°nchez de Cepeda y Beatriz D√°vila Ahumada. En su casa eran 12 hijos. Tres del primer matrimonio de Don Alonso y nueve del segundo, entre estos √ļltimos, Teresa. Escribe en su autobiograf√≠a: “Por la gracia de Dios, todos mis hermanos y medios hermanos se asemejaban en la virtud a mis buenos padres, menos yo”.

De ni√Īos, ella y Rodrigo, su hermano, eran muy aficionados a leer vidas de santos, y se emocionaron al saber que los que ofrecen su vida por amor a Cristo reciben un gran premio en el cielo. As√≠ que dispusieronse irse a tierras de mahometanos a declararse amigos de Jes√ļs y as√≠ ser martirizados para conseguir un buen puesto en el cielo.
Afortunadamente, por el camino se encontraron con un tío suyo que los regresó a su hogar. Entonces dispusieronse construir una celda en el solar de la casa e irse a rezar allá de vez en cuando, sin que nadie los molestara ni los distrajese.

La mam√° de Teresa muri√≥ cuando la joven ten√≠a apenas 14 a√Īos. Ella misma cuenta en su autobiograf√≠a: “Cuando empec√© a caer en la cuenta de la p√©rdida tan grande que hab√≠a tenido, comenc√© a entristecerme sobremanera. Entonces me arrodill√© delante de una imagen de la Sant√≠sima Virgen y le rogu√© con muchas l√°grimas que me aceptara como hija suya y que quisiera ser Ella mi madre en adelante. Y lo ha hecho maravillosamente bien”.
Sigue diciendo ella: “Por aquel tiempo me aficion√© a leer novelas. Aquellas lecturas enfriaron mi fervor y me hicieron caer en otras faltas. Comenc√© a pintarme y a buscar a parecer y a ser coqueta. Ya no estaba contenta sino cuando ten√≠a una novela entre mis manos. Pero esas lecturas me dejaban tristeza y desilusi√≥n”.

Afortunadamente el pap√° se dio cuenta del cambio de su hija y la llev√≥ a los 15 a√Īos, a estudiar interna en el colegio de hermanas Agustinas de √Āvila. All√≠, despu√©s de a√Īo y medio de estudios enferm√≥ y tuvo que volver a casa.

Providencialmente una persona piadosa puso en sus manos “Las Cartas de San Jer√≥nimo”, y all√≠ supo por boca de tan grande santo, cu√°n peligrosa es la vida del mundo y cu√°n provechoso es para la santidad el retirarse a la vida religiosa en un convento. Desde entonces se propuso que un d√≠a ser√≠a religiosa.
Comunic√≥ a su padre el deseo que ten√≠a de entrar en un convento. √Čl, que la quer√≠a much√≠simo, le respondi√≥: “Lo har√°s, pero cuando yo ya me haya muerto”. La joven sab√≠a que el
esperar mucho tiempo y quedarse en el mundo podr√≠a hacerla desistir de su prop√≥sito de hacerse religiosa. Y entonces se fug√≥ de la casa. Dice en sus recuerdos: “Aquel d√≠a, al abandonar mi hogar sent√≠a tan terrible angustia, que llegu√© a pensar que la agon√≠a y la muerte no pod√≠an ser peores de lo que experimentaba yo en aquel momento. El amor de Dios no era suficientemente grande en m√≠ para ahogar el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos”.

La santa determin√≥ quedarse de monja en el convento de √Āvila. Su padre al verla tan resuelta a seguir su vocaci√≥n, ces√≥ de oponerse. Ella ten√≠a 20 a√Īos. Un a√Īo m√°s tarde hizo sus tres juramentos o votos de castidad, pobreza y obediencia y entr√≥ a pertenecer a la Comunidad de hermanas Carmelitas.
Poco despu√©s de empezar a pertenecer a la comunidad carmelitana, se agrav√≥ de un mal que la molestaba. Quiz√° una fiebre pal√ļdica. Los m√©dicos no lograban atajar el mal y √©ste se agravaba. Su padre la llev√≥ a su casa y fue quedando casi paralizada. Pero esta enfermedad le consigui√≥ un gran bien, y fue que tuvo oportunidad de leer un librito que iba a cambiar su vida. Se llamaba “El alfabeto espiritual”, por Osuna, y siguiendo las instrucciones de aquel librito empez√≥ a practicar la oraci√≥n mental y a meditar. Estas ense√Īanzas le van a ser de inmensa utilidad durante toda su vida. Ella dec√≠a despu√©s que si en este tiempo no hizo mayores progresos fue porque todav√≠a no ten√≠a un director espiritual, y sin esta ayuda no se puede llegar a verdaderas alturas en la oraci√≥n.

A los tres a√Īos de estar enferma encomend√≥ a San Jos√© que le consiguiera la gracia de la curaci√≥n, y de la manera m√°s inesperada recobr√≥ la salud. En adelante toda su vida ser√° una gran propagadora de la devoci√≥n a San Jos√©, Y todos los conventos que fundar√° los consagrar√° a este gran santo.

Teresa tenía un gran encanto personal, una simpatía impresionante, una alegría contagiosa, y una especie de instinto innato de agradecimiento que la llevaba a corresponder a todas las amabilidades. Con esto se ganaba la estima de todos los que la rodeaban. Empezar a tratar con ella y empezar a sentir una inmensa simpatía hacia su persona, eran una misma cosa.

En aquellos tiempos hab√≠a en los conventos de Espa√Īa la da√Īosa costumbre de que las religiosas gastaban mucho tiempo en la sala recibiendo visitas y charlando en la sala con las muchas personas que iban a gozar de su conversaci√≥n. Y esto le quitaba el fervor en la oraci√≥n y no las dejaba concentrarse en la meditaci√≥n y se lleg√≥ a convencer de que ella no pod√≠a dedicarse a tener verdadera oraci√≥n con Dios porque era muy disipada. Y que deb√≠a dejar de orar tanto.

A ella le gustaban los Cristos bien chorreantes de sangre. Y un d√≠a al detenerse ante un crucifijo muy sangrante le pregunt√≥: “Se√Īor, ¬Ņqui√©n te puso as√≠?”, y le pareci√≥ que una voz le dec√≠a: “Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me pusieron as√≠, Teresa”. Ella se ech√≥ a llorar y qued√≥ terriblemente impresionada. Pero desde ese d√≠a ya no vuelve a perder tiempo en charlas in√ļtiles y en amistades que no llevan a la santidad. Y Dios en cambio le conceder√° enormes progresos en la oraci√≥n y unas amistades formidables que le ayudar√°n a llegar a la santidad.

Teresa tuvo dos ayudas formidables para crecer en santidad: su gran inclinación a escuchar sermones, aunque fueran largos y cansones y su devoción por grandes personajes celestiales. Además de su inmensa devoción por la Santísima Virgen y su fe total en el poder de intercesión de san José, ella rezaba frecuentemente a dos grandes convertidos: San Agustín y María Magdalena. Para imitar a esta santa que tanto amó a
Jes√ļs, se propuso meditar cada d√≠a en la Pasi√≥n y Muerte de Jes√ļs, y esto la hizo crecer mucho en santidad. Y en honor de San Agust√≠n ley√≥ el libro m√°s famoso del gran santo “las Confesiones”, y su lectura le hizo enorme bien.

Como las sequedades de esp√≠ritu le hac√≠an repugnante la oraci√≥n y el enemigo del alma le aconsejaba que dejara de rezar y de meditar porque todo eso le produc√≠a aburrimiento, su confesor le avis√≥ que dejar de rezar y de meditar ser√≠a entregarse incondicionalmente al poder de Satan√°s y un padre jesuita le recomend√≥ que para orar con m√°s amor y fervor eligiera como “maestro de oraci√≥n” al Esp√≠ritu Santo y que rezara cada d√≠a el Himno “Ven Creador Esp√≠ritu”. Ella dir√° despu√©s: “El Esp√≠ritu Santo como fuerte hurac√°n hace adelantar m√°s en una hora la navecilla de nuestra alma hacia la santidad, que lo que nosotros hab√≠amos conseguido en meses y a√Īos remando con nuestras solas fuerzas”.

Y el Divino Esp√≠ritu empez√≥ a concederle Visiones Celestiales. Al principio se asust√≥ porque hab√≠a o√≠do hablar de varias mujeres a las cuales el demonio enga√Ī√≥ con visiones imaginarias. Pero hizo confesi√≥n general de toda su vida con un santo sacerdotes y le consult√≥ el caso de sus visiones, y este le dijo que se trataba de gracias de Dios.

Nuestro Se√Īor le aconsej√≥ en una de sus visiones: “No te dediques tanto a hablar con gente de este mundo. Ded√≠cate m√°s bien a comunicarte con el mundo sobrenatural”. En algunos de sus √©xtasis se elevaba hasta un metro por los aires (√Čxtasis es un estado de contemplaci√≥n y meditaci√≥n tan profundo que se suspenden los sentidos y se tienen visiones sobrenaturales). Cada visi√≥n le dejaba un intenso deseo de ir al cielo. “Desde entonces ‚Äď dice ella ‚Äď dej√© de tener medio a la muerte, cosa que antes me atormentaba mucho”. Despu√©s de una de aquellas
visiones escribi√≥ la bella poes√≠a que dice: “Tan alta vida espero que muero porque no muero”.

Teresa quería que los favores que Dios le concedía permanecieran en secreto, pero varias personas de las que la rodeaban empezaron a contar todo esto a la gente y las noticias corrían por la ciudad. Unos la creían loca y otros la acusaban de hipócrita, de orgullo y presunción.
San Pedro Alcántara, uno de los santos más famosos de ese tiempo, después de charlar con la famosa carmelita, declaró que el Espíritu de Dios guiaba a Teresa.

La transverberaci√≥n. Esta palabra significa: atravesarlo a uno con una gran herida. Dice ella: “Vi un √°ngel que ven√≠a del tronco de Dios, con una espada de oro que ard√≠a al rojo vivo como una brasa encendida, y clav√≥ esa espada en mi coraz√≥n. Desde ese momento sent√≠ en mi alma el m√°s grande amor a Dios”.
Desde entonces para Teresa ya no hay sino un solo motivo para vivir: demostrar a Dios con obras, palabras, sufrimientos y pensamientos que lo ama con todo su corazón. Y obtener que otros lo amen también.
Al hacer la autopsia del cadáver de la santa encontraron en su corazón una cicatriz larga y profunda.
Para corresponder a esta gracia la santa hizo el voto o juramento de hacer siempre lo que más perfecto le pareciera y lo que creyera que le era más agradable a Dios. Y lo cumplió a la perfección. Un juramento de estos no lo pueden hacer sino personas extraordinariamente santas.

En aquella √©poca del 1500 las comunidades religiosas hab√≠an deca√≠do de su antiguo fervor. Las comunidades eran demasiado numerosas lo cual ayudaba mucho a la relajaci√≥n. Por ejemplo el convento de las carmelitas de √Āvila ten√≠a 140
religiosas. Santa Teresa exclamaba: “La experiencia me ha demostrado lo que es una casa llena de mujeres. Dios me libre de semejante calamidad”.

Un d√≠a una sobrina de la santa le dijo: “Lo mejor ser√≠a fundar una comunidad en que cada casa tuviera pocas hermanas”. Santa Teresa consider√≥ esta idea como venida del cielo y se propuso fundar un nuevo convento, con pocas hermanas pero bien fervorosas. Ella llevaba ya 25 a√Īos en el convento. Una viuda rica le ofreci√≥ una peque√Īa casa para ello. San Pedro de Alc√°ntara, San Luis Beltr√°n y el obispo de la ciudad apoyaron la idea. El Provincial de los Carmelitas concedi√≥ el permiso.

Sin embargo la noticia produjo el m√°s terrible descontento general y el superior tuvo que retirar el permiso concedido. Pero Teresa no era mujer d√©bil como para dejarse derrotar f√°cilmente. Se consigui√≥ amigos en el palacio del emperador y obtuvo una entrevista con Felipe II y este qued√≥ encantado de la personalidad de la santa y de las ideas tan luminosas que ella ten√≠a y orden√≥ que no la persiguieran m√°s. Y as√≠ fue llenando Espa√Īa de sus nuevos conventos de “Carmelitas Descalzas”, poquitas y muy pobres en cada casa, pero fervorosas y dedicadas a conseguir la santidad propia y la de los dem√°s.
Se ganó para su causa a San Juan de la Cruz, y con él fundó los Carmelitas descalzos. Las carmelitas descalzas son ahora 14,000 en 835 conventos en el mundo. Y los carmelitas descalzos son 3,800 en 490 conventos.
Por orden expresa de sus superiores Santa Teresa escribi√≥ unas obras que se han hecho famosas. Su autobiograf√≠a titulada “El libro de la vida”; “El libro de las Moradas” o Castillo interior; texto important√≠simo para poder llegar a la vida m√≠stica. Y “Las fundaciones: o historia de c√≥mo fue creciendo
su comunidad. Estas obras las escribi√≥ en medio de mareos y dolores de cabeza. Va narrando con claridad impresionante sus experiencias espirituales. Ten√≠a pocos libros para consultar y no hab√≠a hecho estudios especiales. Sin embrago sus escritos son considerados como textos cl√°sicos en la literatura espa√Īola y se han vuelto famosos en todo el mundo.
Santa Teresa muri√≥ el 4 de octubre de 1582 y la enterraron al d√≠a siguiente, el 15 de octubre. ¬ŅPor qu√© esto? Porque en ese d√≠a empez√≥ a regir el cambio del calendario, cuando el Papa a√Īadi√≥ 10 d√≠as al almanaque para corregir un error de c√°lculo en el mismo que llevaba arrastr√°ndose ya por a√Īos.

Oraci√≥n a Santa Teresa de Jes√ļs
de San Alfonso de Ligorio
Oh, Santa Teresa, Virgen ser√°fica, querida esposa de Tu Se√Īor Crucificado, t√ļ, quien en la tierra ardi√≥ con un amor tan intenso
hacia tu Dios y mi Dios, y ahora iluminas como una llama resplandeciente en el paraíso, obtén para mi también,
te lo ruego, un destello de ese mismo fuego ardiente
y santo que me ayude a olvidar el mundo, las cosas creadas,
a√ļn yo mismo, porque tu ardiente deseo era verle adorado
por todos los hombres.

Concédeme que todos mis pensamientos, deseos y afectos
sean dirigidos siempre a hacer la voluntad de Dios,
la Bondad suprema, aun estando en gozo o en dolor,
porque √Čl es digno de ser amado y obedecido por siempre.

Obt√©n para m√≠ esta gracia, t√ļ que eres tan poderosa con Dios,
que yo me llene de fuego, como t√ļ, con el santo amor de Dios.

Amén

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Oct 14

Nada te turbe

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Me lo repito una y otra vez..lo leo..bendita Santa Teresa..sus palabras me consuelan en mi turbación que no logro entregar del todo.

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Oct 16

Ella, mi madre

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La mam√° de Teresa ( seguimos con Santa Teresa porque es pura ense√Īanza) muri√≥ cuando la joven ten√≠a apenas 14 a√Īos. Ella
misma cuenta en su autobiograf√≠a: “Cuando empec√© a caer en la cuenta
de la pérdida tan grande que había tenido, comencé a entristecerme
sobremanera. Entonces me arrodillé delante de una imagen de la
Santísima Virgen y le rogué con muchas lágrimas que me aceptara como
hija suya y que quisiera ser Ella mi madre en adelante. Y lo ha hecho
maravillosamente bien”.
Sigue diciendo ella: “Por aquel tiempo me aficion√© a leer novelas.
Aquellas lecturas enfriaron mi fervor y me hicieron caer en otras
faltas. Comencé a pintarme y a buscar a parecer y a ser coqueta. Ya no
estaba contenta sino cuando tenía una novela entre mis manos. Pero
esas lecturas me dejaban tristeza y desilusi√≥n”.

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