Ayer día 13 fue el día de la Virgen y se venera con gran fe en Salta y mañana el del Señor de los Milagros.



Hoy Salta está de fiesta hasta el miércoles, ya q festejan el milagro de un terremoto que cesó en el año 1692, luego de sacar en procesión al Señor del Milagro que había estado guardado en una sacristía por 100 años(1592-1692)

Este Señor del Milagro fue hallado flotando en una caja en el mar en el Callao(Perú), lo transportaron a salta a lomo de mula y lo dejaron en una sacristía 100 años.
en el año 1692 un fuerte terremoto azotó el norte y se acordaron de este Cristo crucificado guardado y lo llevaron en procesión y los temblores cesaron, pero encontraron en el suelo como mirando al Cristo a la imagen de la Señora del Milagro que había llegado a salta 10 años antes que el Señor.o sea en (1582)

Observaron que la Inmaculada había cambiado el color de su cara por eso la llamaron SRA del Milagro..
..bueno lo conté muy rápido pero lo q se vive en estos días en Salta es impresionante por eso María Livia no va al cerro

A muchos nos gustaría saber cómo comenzó en nuestra parroquia el culto al Señor de los Milagros. Algunos se imaginan que es una réplica de Aquel que se venera en Salta, así como tenemos a San Cayetano, cuyo santuario está en Liniers, o a la Virgen de Luján, El Señor de los milagros que se venera en nuestra basílica es originalmente nuestro, aunque comparta su nombre con el de Salta.

Cuentan que por el año 1776, cuando recién se creaba el Virreinato del Río de la Plata, con Pedro de Cevallos como primer virrey, llega una imagen de Jesús crucificado al humilde caserío delimitado por las actuales calles Santa Fe, Cerrito, Libertad y Arenales.
¿Pero cómo llegó? Algunos afirman que la corriente del río acercó la imagen a la costa y que unos pescadores la rescataron, llevándola al caserío anteriormente citado. Esta versión es muy parecida a la de Nuestra Señora de los Buenos Aires, que se venera en Cagliari, Italia, y que llegó a la costa sarda traída por la corriente mediterránea. Pedro de Mendoza encomendaba todos sus viajes a esta ilustre Señora, y es probable que por eso haya bautizado a nuestra ciudad con el nombre de los Buenos Aires.
Otra versión cuenta que fue ofrecida por un indio, del cual se ignora su origen, a la familia Rivero, que tenía su vivienda sobre la avenida Santa Fe. Ellos le erigieron un pequeño oratorio en su hogar, al cual pronto acudieron los vecinos a rendirle culto.
De cualquiera de los dos medios, el agua o el indio, pudo valerse Dios para que este crucifijo se quedara en Buenos Aires, y manifestara su infinita misericordia a este virreinato naciente.
El culto creció más de lo esperado. Los esposos Rivero tuvieron que dedicarse a servir y atender el oratorio. Con el fruto de las ofrendas pudieron adquirir el terreno colindante y construyeron una pequeña ermita que estaba ubicada en Cerrito y Santa Fe.
Hasta ahora siempre hemos hablado de la santa imagen del Señor crucificado; pero he aquí que un devoto, de cuyo nombre no han sido encontrados registros, recibió una gracia muy significativa para su vida, por lo cual salió de la ermita loco de alegría gritando: ¡Milagro! , y a partir de ese momento se le llamó “El Señor de los Milagros”.
Este hecho, y otros que le sucedieron contribuyeron a que aumentara el número de fieles que asistía a la pequeña capilla, no sólo de la ciudad, sino también del resto de la provincia.
En el año 1797, el entonces cura párroco del Socorro, Don Manuel Ochogavía, tuvo conocimiento del culto al Señor de los Milagros, y pensó trasladarlo a la parroquia. Pero dado que el año anterior había muerto el obispo, Don Manuel de Azamor y Ramírez, debió esperar a que llegara el nuevo pastor, Don Benito Lué y Riega( quien participará del cabildo abierto del 22 de mayo de 1810), en el año 1803. Era virrey por ese entonces Joaquín Del Pino.
Consultado, pues, el nuevo obispo por el párroco del Socorro sobre la conveniencia de trasladar la imagen a la sede parroquial, éste lo vio conveniente y dio su apoyo.
La familia Rivero recibió con agrado la propuesta, si bien les costó desprenderse de aquella imagen que tanto llenaba sus vidas.
Se fijó como fecha de entronización en la parroquia el día 13 de septiembre de 1803, celebrándose el acontecimiento con una ceremonia sencilla devota.
El señor cura Ochogavía ubicó la imagen de los milagros a la derecha del altar mayor, encomendando su cuidado a la señorita Juana Rodríguez, bisnieta de Alejandro del Valle, donante del predio parroquial.
Hacia 1855, cuando el país comienza a organizarse después de la batalla de Caseros y la sanción de la Constitución, la nave central de nuestro templo parroquial será ampliada bajo el curato de Francisco L. Villar, inaugurándose el 2 de febrero.
Este párroco, a instancias de Don Mariano de Escalada, primer arzobispo de Buenos Aires, solicita a Pío IX la institución canónica de la fiesta del Señor de los Milagros, que hasta entonces se celebraba el domingo siguiente al 14 de septiembre. El Papa accede a esta petición el 7 de abril de 1855.

El Padre Villar, que tanto hizo por su parroquia, cesó en su cargo el 3 de enero de 1863, ya que había sido nombrado canónigo en la catedral. En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla, volverá para socorrer a sus antiguos feligreses y morirá contagiado.
En el mismo año, el canónigo De Las Casas, nuevo párroco, inauguró solemnemente el altar del Señor de los Milagros, que hasta ese momento no tenía uno propio.
La misa fue oficiada por el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Aneiros, y para dar más importancia a dicho altar, se trasladó allí al Santísimo Sacramento, siendo hasta el día de hoy, el lugar de la reserva.
Corría el año 1903, se cumplía el primer centenario de la llegada de la santa imagen al Socorro, el país ya no era esa gran aldea, el general Roca entraba en el último año de su gobierno, 12 años contando los dos períodos(1880-1886 y 1898-1904), tiempo no superado hasta hoy por ningún presidente a pesar de las reformas constitucionales.
La devoción del Señor de los Milagros había traspuesto los límites de la república y de muchas ciudades lejanas llegaban noticias consoladoras de gracias obtenidas.
Es así como el Señor quiso marcar el comienzo del siglo XX con un acontecimiento que alegró profundamente a la feligresía porteña:
El cura párroco, Don José Apolinario De Las Casas, escribe al arzobispo Espinosa a fin de que este solicite a Su Santidad, León XIII (conocido entre otras cosas por la publicación de la encíclica Rerum Novarum, carta que fundará la Doctrina Social de la Iglesia), la coronación pontificia del Señor de los Milagros. El arzobispo contesta afirmativamente, y el 30 de diciembre de 1902 se embarca rumbo a Europa el padre Benito Barbarossa, teniente cura del Socorro, a quien De Las Casas conocía desde niño, y sabía de su profunda devoción al Señor de los Milagros.
En primer lugar se fue a París, donde se confeccionó la corona que ostentaría la imagen, dirigiéndose posteriormente a Roma, dónde solicito al Papa la bendición de la misma, que se llevó a cabo el 9 de abril de 1903.
Y finalmente el 13 de septiembre de 1903, en la catedral de Buenos Aires, se llevó a cabo la ceremonia presidida por el arzobispo Monseñor Mariano Antonio Espinosa, contando con la presencia de obispos de toda la república, del cabildo metropolitano, párrocos de la capital federal y de la campaña bonaerense, miembros de las órdenes religiosas. También el gobierno quiso hacerse presente con ministros, legisladores, miembros del poder judicial y de la Intendencia municipal.
Esta coronación era la primera que se realizaba en esta ciudad; las tres naves de la catedral estaban atestadas de fieles. En la Plaza de Mayo se situaban los colegios, asociaciones parroquiales, círculos de obreros, conferencias vicentinas, cofradías y otros movimientos católicos. Se calculó la concurrencia en unas 50.000 personas.
Llegada la hora y con la presencia de los padrinos, Leonardo Pereyra Iraola, Rafael de Oliveira César, Dámasa Zelaya de Saavedra y Enriqueta Lezica de Dorrego, se dio lectura a la bula pontificia por la cual se decretaba la coronación del Señor de los Milagros., luego Monseñor Espinosa, en nombre de León XIII, y de Pío X que lo sucedió, colocó sobre la frene del Señor la hermosa corona que encerraba en ese momento los corazones de todos los habitantes de la república.
Finalizada la celebración, la imagen fue llevada procesionalmente a la Basílica del Socorro. La columna enfiló por Rivadavia, siguiendo por Florida, para doblaaar luego por Paraguay, Esmeralda y finalmente Juncal. De todos los balcones, hermosamente adornados, se arrojanam flores sobre la santa imagen, unos rezaban el rosario, y otros entonaban los conocidos cánticos como “…Santo, Santo Cristo, regalo que bajo del cielo, sé nuestro socorro, sé nuestro consuelo.” La procesión despertó en todos la devoción, el entusiasmo y la alegría.
Al llegar a la Basílica entró en su casa, en la cual nos recibe a todos los que confiamos en este Cristo, que estuvo, está y estará siempre en la historia de nuestra querida Argentina, y que en este año en el que festejamos los 200 años de su llegada a nuestra parroquia, y el centenario de la coronación pontificia, quiere estar cerca como el buen samaritano, para reconfortarnos, sanar nuestras heridas y por sobre todo para que volvamos a caminar por nuestros medios.

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