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Abr 14

Viernes Santo

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Que tu Gloriosa Muerte nos muestre lo verdaderamente importante, Señor.
Ayer pasé largas horas en la Capilla, acompañándote y qué feliz fui; fuiste el sol que ilumina mi vida +
Me uno en profunda oración con el mundo entero; que nos demos cuenta que tu entrega es la que puede lograr la paz tan necesitada.
Y que no nos quedemos dormidos y podamos velar contigo. Amén.

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Mar 25

Viernes Santo

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El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del Cristianismo, dentro de la denominada Semana Santa. Este día se recuerda la Muerte de Jesús de Nazaret.

En este día, la Iglesia Católica manda a sus fieles guardar ayuno y abstinencia de carne como penitencia.

En la religión católica siguiendo una antiquísima tradición, en este día no se celebra la Eucaristía y se adora la Cruz.

En lugar de la Misa, se celebra la “Liturgia de la Pasión del Señor” a media tarde del viernes, de ser posible cerca de las tres de la tarde, hora en la que se ha situado la muerte del Señor en la cruz. Por razones pastorales puede celebrarse más tarde, pero no después de las seis de la tarde.

El sacerdote y el diácono visten ornamentos rojos, en recuerdo de la sangre derramada por Jesucristo en la cruz. Los obispos participan en esta celebración sin báculo y despojados de su anillo pastoral. Antes de iniciar la celebración, el templo se presenta con las luces apagadas, y de no ser posible, a media luz. El Altar (y los laterales) se encuentran sin manteles ni adornos, mientras que a un costado de éste, ha de disponerse un pedestal para colocar en él la santa cruz que será ofrecida a veneración.

El comienzo de esta celebración es en silencio. El sacerdote se postra frente al altar, con el rostro en tierra, recordando la agonía de Jesús. El diácono, los ministros y los fieles se arrodillan en silencio unos instantes. El sacerdote, ya puesto de pie, se dirige a la sede donde reza una oración (a modo de oración colecta).

En seguida, estando los fieles sentados, se inicia la Liturgia de la Palabra: se proclaman dos lecturas, la primera del profeta Isaías (el siervo sufriente) y la segunda del apóstol san Pablo, intercaladas por un salmo (“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”).

Después de la segunda lectura, sin aclamación, se proclama el relato completo de la “Pasión según san Juan”, en cuya lectura participan varias personas, leyéndose los papeles de Jesús (por el diácono o el sacerdote), el cronista por una persona y el Sanedrín (las personas que aparecen en el relato) por otro, siendo un seglar el que informa de lo que se va a ir realizando a lo largo de ésta celebración, al igual que en el día anterior. La homilía es algo más breve de lo habitual debido a lo extenso del Evangelio.

La Liturgia de la Palabra finaliza con la “Oración universal”, hecha de manera solemne. Se ora por la Iglesia, por el papa, por todos los ministerios —obispos, presbíteros y diáconos— y por los fieles, por los catecúmenos, por la unidad de los cristianos, por los judíos, por los que no creen en Cristo, por los que no creen en Dios, por los gobernantes, y por los atribulados.

Después tiene lugar la veneración del Árbol de la Cruz, en la cual se descubre en tres etapas el crucifijo para la veneración de todos. El sacerdote celebrante va a los pies de la iglesia junto con dos personas (diáconos o monaguillos normalmente) que portan unos cirios y va avanzando con la cruz tapada con una tela oscura o roja y la va destapando mientras canta en cada etapa la siguiente aclamación: ” Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la Salvación del Mundo”, respondiendo los fieles y el coro “Venid a adorarlo”, de modo que al llegar al Altar queda totalmente descubierta.

A continuación los sacerdotes besan la cruz y después todos los fieles. Mientras, se suele cantar alguna canción, la única en toda la celebración. Las que están mandadas en el Misal Romano son tres, que se cantan a continuación una de otra: Los “Improperios” o reproches de Jesús al pueblo, el “Crux fidelis” (“Oh Cruz fiel”, alabanzas a la cruz de Cristo), y el “Pange lingua” (no el himno eucarístico, “Pange, lingua, gloriosi Corporis mysterium”, que se canta durante el traslado del Santísimo Sacramento al Monumento el día anterior, sino un canto sobre la Pasión, “Pange, lingua, gloriosi proelium certaminis”).

Terminada esta parte, se coloca un mantel en el Altar y el celebrante invita a los fieles a rezar el Padre Nuestro como de costumbre. Se omite el saludo de la paz, y luego de rezado el Cordero de Dios, se procede a distribuir la Comunión a los fieles con las Sagradas Formas reservadas en el monumento el día anterior, o sea, Jueves Santo. La celebración culmina sin impartirse la bendición, al igual que en el día anterior ya que la celebración culminará con la Vigilia Pascual, y se invita a esperar junto a María la llegada de la Resurrección del Señor, pero mientras tanto, se produce un profundo silencio y meditación sobre la Muerte del Señor. A continuación los sacerdotes, diáconos y ministros se marchan en silencio a la sacristía. En esta acción litúrgica se recoge una colecta, destinada a financiar el mantenimiento de los Santos Lugares donde vivió Jesucristo. Los encargados de mantener estos lugares son los Franciscanos Custodios de Tierra Santa.

Junto a las ceremonias que tienen lugar en los templos, en muchos lugares se conmemora el Viernes Santo con el rezo del Vía Crucis literalmente el camino de la cruz, donde a través de catorce estaciones se rememoran los pasos de Jesús camino a su muerte. Este suele realizarse en el templo (donde hay representaciones pictóricas o relieves de las estaciones) o por las calles en torno al mismo. En algunos lugares existe la costumbre de que algunos fieles, debidamente caracterizados, dramaticen las distintas estaciones.

También es costumbre en algunos lugares la meditación de las Siete Palabras que Jesús pronunció en la Cruz. En otros sitios se celebra la procesión del Santo Entierro y el turno de vela ante el sepulcro.

En muchos lugares por la mañana del Viernes Santo, al igual que al día siguiente, suelen predicarse retiros espirituales y se dispone de sacerdotes atendiendo confesiones.

El Viernes Santo y el Sábado Santo (antes de la Vigilia de la Resurrección) son los únicos días del calendario litúrgico católico donde no se celebra la Misa, como luto por la muerte del Señor. Las campanas permanecen mudas, siendo sustituidas en algunos lugares por matracas de madera. Tampoco el órgano suena, excepto para marcar el tono, y se evita el canto polifónico.

Es costumbre también que todas las limosnas recogidas en las iglesias católicas del mundo en este día son donadas a la Custodia de Tierra Santa para el sostenimiento de los santos lugares.

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Abr 4

VIERNES SANTO

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Hay un escándalo de la cruz, del que habla San Pablo, o “locura de la cruz”. Es el más perturbador de los misterios, porque resuena en el fondo “el problema del mal”. Lo relata con detalle la Pasión que acabamos de escuchar. Es la hora de la noche, del poder de las tinieblas.
La cruz de Jesús puede ser considerada bajo dos aspectos completamente diferentes, uno de los cuales, sin embargo, incluye e ilumina al otro. Desde un punto de vista la cruz es un asesinato: lo realizan los hombres, judíos y paganos, guiados por el odio, instigados por el diablo. Desde otro punto de vista, la crucifixión es un sacrificio y Cristo es su sacerdote. Como asesinato parece una necesidad, externa a Cristo, a la cual Él no puede escapar. Pero como sacrificio, la crucifixión es el acto soberanamente libre del cual Jesús ya había dicho en el discurso de la Última Cena: “Yo doy mi vida…nadie me la quita”. Lo que ocurre el Viernes Santo es la consumación de la entrega de Cristo el Jueves Santo en la Cena Pascual. Por eso, no hay contradicción entre la acción de los que le dan muerte y su entrega sacrificial. El sacrificio de Cristo es el que combate precisamente contra el poder de las tinieblas. Cristo deja que estos poderes se desencadenen contra El para derrotarlos en el mismo lugar donde reinan, y donde El los suplanta por el reino de Dios. El demonio está forzando a su víctima a sufrir lo que el día anterior ella consintió sufrir. Por eso, la cruz no es símbolo de la derrota de Cristo, sino de su victoria. En la antigüedad cristiana la devoción a la cruz en la liturgia era siempre un himno de victoria. No se separaba la cruz de la resurrección. Y se representó a Cristo en gloria aún sobre el crucifijo.
Por otra parte, hay un dolor que distingue la Pasión de Cristo de cualquier otro sufrimiento. Cristo es el Verbo encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre. Su muerte está causada por el rechazo del pueblo. Y sufre como hombre la separación propia del pecado del hombre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, dice en la cruz pronunciando las mismas palabras con la que comienza el Salmo 21, y que no tuvo más fuerzas para seguir diciéndolo hasta el final, pero lo rezó íntegro. El salmo, que se cantó hoy, es profético, y describe detalles de la pasión que estaban ocurriendo en el mismo momento que Jesús lo rezaba. Si Jesús es Dios hecho hombre, y su naturaleza divina y humana están unidas en su Persona, que es la del Hijo divino, cuando sufre como hombre en la cruz, es Dios quien sufre. Nadie podría describir este dolor interior del Dios hecho hombre: el misterio de su abajamiento y el dolor de cargar con los pecados de toda la humanidad. Mayor debió ser el dolor en el alma que en el cuerpo.
Por otro lado, la Pasión del Señor es un sacrificio pascual. La cruz es sufrimiento que conduce a la gloria, de la pasión a la resurrección. Por la cruz a la luz. Es cruz pascual. Este camino del dolor que lleva al gozo es la mayor paradoja para la inteligencia humana. Se trata del sentido salvífico del sufrimiento de Cristo, y también del nuestro, que Él quiere. Por eso dijo: “El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí”. La cruz ha sido abrazada por todos los santos. Santa Teresa dice que “a los que Dios quiere mucho los lleva por caminos de trabajos, y cuanto más los ama, por mayores”. Santa Rosa de Lima dijo a su vez que “fuera de la cruz no hay otra escala por donde subir al cielo”. Y los mártires son quienes mejor han comprendido y vivido este misterio. Pero aquí reside la fuerza de la Iglesia. Dijo el gran Papa San León Magno que “ningún género de crueldad puede destruir la religión fundada en el misterio de la cruz de Cristo. Las persecuciones no son en detrimento, sino en provecho de la Iglesia”. Ahora mismo las hay, y en abundancia, incluso mártires, especialmente en Medio Oriente, Egipto, Pakistán… ¿Estamos enterados de esto? Ellos no hablan de la cruz de Cristo, no sólo leen la Pasión, la viven, y son los testigos más grandes de la historia de la Iglesia.

Existe entonces una escuela de la cruz. Muchos no quieren ir a la escuela, querrían recibirse sin aprender. Es frecuente desear llegar al término sin andar el camino. Desear el consuelo del éxtasis sin las noches del alma. Desear el triunfo sin pelear la batalla. Anhelar los éxitos sin el trabajo anterior. Llegar a la resurrección sin pasar por la muerte, vivir el Domingo de Pascua sin el Viernes Santo. Es muy frecuente predicar un cristianismo atractivo y popular que sólo habla de alegría, de optimismo, omitiendo mostrar por dónde se llega. La cruz no es popular. Pero es lo eficaz. Popularidad es una cosa, eficacia otra. Jesús nos habla hoy desde la cruz. No miremos para otro lado. La misma experiencia humana común contradice este modo de pensar y obrar. Porque el sufrimiento y la muerte no pueden ser anulados por nosotros, por muy optimistas que queramos ser. La única solución es la de Jesús, que transformó la muerte en un acto de amor, de entrega. Así es como nos enseña, y nos da a la vez la gracia, de vivir todo sufrimiento y nuestra propia muerte, cuando llegue. Querer pintar la vida de otro modo es ilusión. Como dice el Beato Newman, “la medida del mundo es la cruz de Cristo…Ha dado un significado al variado y desviado curso de los problemas, tentaciones y sufrimientos. Ha unido todo lo que parece discordante y sin objeto. Nos ha enseñado a vivir…Nos impide una visión superficial y buscar una alegría vana y transitoria. Nos enseña a ayunar primero para gozar después del banquete”.
Por eso, nunca debemos mirar nuestras cruces sin mirar a Cristo crucificado. El ayuno y la abstinencia de hoy se hacen mirando el crucifijo. Sin la cruz de Cristo tampoco se entiende qué es el pecado, y cuán grave es. Confesarlo también es fruto de esa contemplación. Y también entendemos qué es el perdón mirando a Cristo crucificado. Hoy es un día para mirarlo más que nunca, meditar y comprender. Aquel primer Viernes Santo se cumplió, y se sigue cumpliendo, la profecía de Zacarías, que San Juan cita también en su relato: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.
Y no sólo miramos al Crucificado: también lo adoramos. El rito de hoy continúa con la adoración de la santa cruz. La besamos. En ella quedó concentrado todo el mal del mundo, toda la saña del demonio, todos los pecados de los hombres de todos los tiempos. Pero en ella también se concentró todo el amor de Dios, todo el perdón de Dios. Sólo a Dios se le adora, pero es Dios hecho hombre el que está colgado en la cruz. Allí Jesús ha llevado a cabo Su obra de amor, como dice San Juan: “Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1). “Todo se ha cumplido” dice Jesús antes de expirar. En efecto, se ha consumado Su entrega de amor, de todo Corazón, con todo el Corazón. Y así es como Jesús llama a las puertas de nuestro corazón.
Esto es lo que hay que contemplar y adorar hoy: el Corazón abierto de Jesús. Cuando fue traspasado por la lanza, dice San Juan, “brotó sangre y agua”, es decir, la Eucaristía y el bautismo. Otra vez, como en la Cena, el agua del lavatorio purificador, y la sangre derramada por nosotros, que nos da a beber. Por eso, aunque el sagrario está vacío para recordarnos que Él está muerto, y no estamos celebrando la Misa, comulgaremos con las hostias consagradas ayer, para poner de manifiesto esa unión entre la Eucaristía y el misterio de la cruz, de la que hablábamos ayer.
Luego de esta celebración, a las 19.00, podremos ver las imágenes de la Sábana Santa, que recoge todos los detalles de la Pasión de Jesús, la reliquia más grande de la Iglesia. Y después haremos el Vía Crucis, como término del Viernes Santo, para ocupar nuestro lugar en el gran drama de las calles de Jerusalén, y del monte Calvario. Y este clima continuará hasta mañana a la noche. El Sábado Santo es la prolongación del Viernes Santo, es el día del silencio del sepulcro. Nadie vuelve del entierro de un ser querido para entregarse a la diversión y el pasatiempo. ¿Por qué se hace esto con Jesús? ¿Acaso no es real? Es una muerte y un entierro universal, que abarca todos los tiempos y lugares. Hay duelo, a la espera de la resurrección. Esto debemos hacer si somos cristianos, es decir, si somos la familia de Cristo Jesús. No basta con una breve visita de pésame.

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Mar 29

Viernes santo

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Es durísimo el vídeo, como todos los que toman imágenes de la Pasión, pero como es lo que ha pasado nuestro Señor y ha dado su vida por nosotros, quiero insistir en este desgarro que me/nos produce en el alma verlo, para amarle más si cabe y decirle: Dios mío te amo, te amamos ; te necesitamos; queremos ser partícipes de tu cruz; queremos alegrarte con nuestras alegrías..lloramos tu muerte y esperamos ansiosos tu Resurreción y Vida que haremos nuestra y no nos quejaremos por tonterías; seremos cristianos alegres y mensajeros de tu amor.
Cada año hacemos nuevas todas las cosas; que así sea una vez más, con propósitos renovados en tu amor +

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Abr 22

Viernes Santo

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Mirad qué regalo..os cuento la historia brevemente: después de salir de misa en Valencia, según os conté ayer..mi familia quería tomar una horchata y la verdad que hay que cuidarles pues ellos me acompañaron con amor a mis devociones por la Virgen..querían en un lugar típico y yo les dije q ahí no, q anduviéramos un poco más, con más esfuerzo para llegar donde había tomado fartóns y dicha bebida rica de chufa hacía 4 años, en un viaje que hice de arte para visitar el Ivam ( museo de arte)..cuando llegamos a El Siglo..veo la torre de santa Catalina y entro a conocer la iglesia y cuál es mi sorpresa que allí, en un lado, y con muy pocas personas, estaba la réplica exacta de la sábana santa de Turín ¡¡ ..os podría contar tanto..qué fuerte..pero acababa de llegar a la ciudad y por un mes..( atn. a los valencianos y a todos ¡¡ pues es un regalo ¡¡)..otro regalo en mi viaje de un día; María y Jesús..qué bendición.Reconozco que soy una privilegiada con tantos regalos, pero sabed que no los vivo sola pues siempre os llevo conmigo y cuando estoy en tales situaciones os tengo muy presentes y me imagino vuestras caras de felicidad..
Mirad cómo se ve el rostro, el clavo de la mano, el de los pies, la hendidura de la lanza…pensad q es como una fotografía q se doblara por delante y detrás, así es q tbn veis las heridas de la espalda..cuánto dolor..y justo ahora acabo de ver la película de La Pasión de Meg Gibson, muy fuerte, pero tan real y perfecta para vivir el triduo con más dolor, recogimiento y esperanza.
Nos unimos en el dolor y nos queremos todos más unos a otros+





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