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Jul 25

APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA AL APÓSTOL SANTIAGO

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En el día del apóstol santo, me centro en su relación con la Virgen María y lo que significa el Camino de Santiago.

En la noche del 2 de enero del año 40, cuando la Virgen María aún estaba viva se produjo su primera aparición; Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. Fue así que surgió la Advocación de la Virgen del Pilar en España, y posteriormente, sus milagros y su tumba fueron los artífices del Camino de Santiago… …CONTIENE VIDEOS… …VER VIDEOS… Jacob (llamado Santiago el Mayor o Santiago el de Zebedeo, para distinguir del otro apóstol llamado Jacob, Santiago el de Alfeo o Santiago el Menor), apóstol de Jesús de Nazaret, nacido en Betsaida (Galilea) y muerto en Jerusalén, en el siglo I. También es conocido como San Jaime, San Diego, San Yago. Hijo de Zebedeo y Salomé. Era el hermano mayor de Juan el Apóstol. Su maestro Jesús les puso el sobrenombre de «hermanos boanergués» («hijos del trueno»). Su nombre en hebreo es Jacob (יעקב), pero con el tiempo se ha ido deformando. Fue uno de los primeros que recibieron la llamada de Jesucristo, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano. Tuvo un papel especial en el desarrollo del milagro de la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43) y fue uno de los discípulos más apreciados por Jesucristo, de tal manera que estuvo presente en dos de los momentos más importantes de su ministerio -la Transfiguración en el monte Tabor (Lucas, 9) y la oración en el Huerto de los Olivos- junto a Simón Pedro y a su hermano Juan. Fuera de los Evangelios, sólo aparece nombrado en los Hechos de los Apóstoles (Hc 12, 2), cuando, tras una prédica, es martirizado en Jerusalén (es uno de los primeros mártires cristianos). Según se cree, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal). La tradición que sitúa a Santiago el Mayor en Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al “descubrimiento” de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide que quiere estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero que todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo se lo concede y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avisara a sus discípulos. Entonces él habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a la Virgen (ya que ella se encontraba viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición, y entonces habría encontrado la muerte en el martirio. La leyenda se cierra con que sus discípulos habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló. Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo, que se considera la tumba de Santiago. El rey Alfonso y sus descendientes convierten al apóstol en un símbolo del combate contra el islam, naciendo así la imagen de Santiago Matamoros, que se prodigó a lo largo de la ruta jacobea. En el año 859, el rey Ordoño I dijo haber obtenido la victoria sobre los moros (musulmanes) porque se le apareció el apóstol Santiago Matamoros. LA APARICIÓN DE MARÍA Por los años 40, unos siete años después de la muerte y resurrección de Jesucristo, salió de Roma el Apóstol Santiago, quien ya había recorrido la Palestina, Tiro, Sidón, Grecia e Italia, predicando el Evangelio. Desde Roma se dirigió a España, la más importante y rica región de la Bética, embarcó para Sevilla, a donde llegó e inició su evangelización. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie, y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica. LOS DISCÍPULOS DE SANTIAGO Santiago nombró por jefe y Obispo a un hombre honesto y misericordioso, a quien por su piedad bautizó con el nombre de Pío. Este Pío era de profesión escultor, y había nacido en Massia, un puertecillo de pescadores en la orilla del río, entre los pueblos que hoy llamamos Puebla del Río y Coria del Río. Este hombre era buen artista y se ganaba bien la vida haciendo esculturas para el adorno de los suntuosos edificios que se construían en Hispalis o Sevilla, y en su vecina Itálica. Seguramente si se estudian las firmas o marcas de las esculturas romanas que hay en los museos de Itálica y Sevilla, podrá hallarse alguna de ellas la firma de Pío, escultor y primer Obispo de Sevilla. Este Obispo/ escultor fue quien realizó la primera imagen de la Virgen del Pilar por encargo del Apóstol Santiago. Esta imagen fue llevada a la casa donde se reunían secretamente los cristianos, o sea, la primera iglesia Sevillana, que estaba situada a espaldas del circo de la ciudad. Dado que hoy por las excavaciones que se hicieron para construir la Av. de la Cruz Roja, sabemos que los cimientos del circo llegan desde el Hospital de la Cruz Roja hasta la calle Fray Isidoro de Sevilla, puede casi asegurarse que dicha primera iglesia cristiana estaba en la calle Fray Isidoro de Sevilla, o en la plaza que hay ante el “Grupo Escolar Queipo de Llano”, vulgarmente llamado “El colegio de los moros”. CONDENA Y PRODIGIOS DE SANTIAGO Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado y la visitó en Éfeso. La Madre de Dios le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero y llevado al monte Calvario. Durante el recorrido aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó. Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe. En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato. Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras, le vendaron los ojos y le decapitaron. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir. El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado). En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el “Camino de Santiago” que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados. SANTIAGO Y LA VIRGEN MARÍA Santiago preparó el camino para la Virgen María en España y también su llegada al “Nuevo Mundo”. Es el Apóstol de la Virgen María, también conocido como el Apóstol de la Paz. En 1519, Hernán Cortés llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la primera iglesia dedicada a Santiago en el continente Americano. También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortés construyó una iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A este templo se dirigía san Juan Diego el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción. En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo “Reina de la Paz”. Unos años antes, se había construido una iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol. Santiago ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como “Pilar” de nuestra Iglesia.

VIDEO El Camino de Santiago, origen y recorrido Catedral de Santiago de Compostela:

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Jun 24

San Juan

1

El apóstol amado .
Que nos ame mucho Maria , como a él. Amén +

Nacimiento de San Juan Bautista

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.
San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis
meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el nacimiento de
nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la
siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote
judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque
ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el
Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: “No tengas miedo, Zacarías;
pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener
un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No
beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su
madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

Pero Zacarías respondió al ángel: “¿Cómo podré asegurarme que eso es
verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?”.

El ángel le dijo: “Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de
quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has
dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar
hasta que todo esto se cumpla”.

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen
comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio
la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle
en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En
aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su
madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al
contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con
espíritu profético, exclamó: “Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta
dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante
que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en
mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú
que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se
te han dicho de parte del Señor”. Y permaneció la Virgen en casa de su
prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un
muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de
Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios.
Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la
oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento,
aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres,
raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le
preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del
Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de
penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería
en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: “Aquel
sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es”.

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes
diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados
diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios
es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que
ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no
dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego”.

Y las gentes le preguntaron: “¿Qué es lo que debemos hacer?”. Y
contestaba: “El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga
ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo”…

“Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero
el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy
digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que
ha de bautizaros en el Espíritu Santo…”

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que
venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle “¿Tu quién eres?” El
confesó claramente: “Yo no soy el Cristo” Insistieron: “¿Pues cómo
bautizas?” Respondió Juan, diciendo: “Yo bautizo con agua, pero en
medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que
ha de venir después de mí…”

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para
ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: “¡Yo debo ser
bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús,
diciendo: “Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros
cumplamos toda justicia”. Entonces Juan condescendió con El.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y
mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de
Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel
momento se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy
amado, en quien tengo todas mis complacencias”.

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo
dijo a los que estaban con él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí
vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes
que yo”.

Entonces Juan atestiguó, diciendo: “He visto al Espíritu en forma de
paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero
el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres
que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de
bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy
testimonio de que El es el Hijo de Dios”.

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se
divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con
él y le recriminó diciendo: “No te es lícito tener por mujer a la que
es de tu hermano”; y le echaba en cara las cosas malas que había
hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el
Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió
sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy
perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de
quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera
la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que
murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del
divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos
tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los
fortaleciera en la fe.

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: “Juan el Bautista
nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o
esperamos a otro”.

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les
dijo: “Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los
ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y
a los pobres se les anuncia el Evangelio…”

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: “¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o
¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo
aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito:
Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el
camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido
mayor que Juan el Bautista…”

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a
muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija
de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a
los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo
daré, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella salió fuera y preguntó a su madre: “¿Qué le pediré?” La adúltera,
que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le
contestó: “Pídele la cabeza de Juan el Bautista”. La muchacha entró de
nuevo y en seguida dijo al rey: “Quiero que me des ahora mismo en una
bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se pudo muy triste porque
temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso
desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la
cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan
en la forma que ella lo había solicitado.

Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú.

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Oct 24

San Antonio María Claret

1

Nació en 1807 en Sallent (Barcelona, España). Se ordenó sacerdote y ejerció su ministerio con gran celo por toda Cataluña. Fundó la Congregación de los Misioneros del Corazón de María, conocidos popularmente como claretianos. Fue nombrado arzobispo de Cuba y después confesor de la reina Isabel II. Sufrío atentados físicos y muchas contradicciones que supo soportar con gran visión sobrenatural. Murió en 1870, en su exilio de Francia.

Devoción a la Virgen María, Madre y Maestra:

Desde niño, la devoción y el amor a la Santísima Virgen marcaron la vida de San Antonio. La Virgen Santísima era para él la estrella que le guiaba en su vida. Siempre la visitaba en el altar de su parroquia y se imaginaba que sus oraciones subían al cielo por unos “hilos misteriosos”. Le gustaba visitar a la Santísima Virgen en su santuario de Fusimaña.

De niño, todos los días rezaba una parte del Santo Rosario y cuando mayor lo rezaba completo, los quince misterios todos los días. Era gran devoto del Santo Rosario a tal punto que la Virgen le dijo un día: “Tú serás el Domingo de estos tiempos. Promueve el Santo Rosario”

Pasaba largo tiempo frente a una imagen de la Virgen haciendo sus oraciones y rezos, y hablándole con cordialidad y confianza, porque estaba convencido de que la Santísima Virgen lo escuchaba…

En obsequio a la Virgen María se abstenía no sólo de pecados mortales, sino hasta de veniales, de faltas e imperfecciones, y aún se abstenía de cosas lícitas, solo para mortificarse y abstenerse de alguna cosa en obsequio a María Santísima.

El amaba a María, pero María le amaba más a él, pues siempre le concedía lo que pedía y aún cosas que nunca pidió, le concedió. La Virgen Santísima lo libró de enfermedades, de peligros y aun de la muerte muchas veces, por mar o por tierra; le libró de tentaciones y de ocasiones de pecar.

Decía el Santo: “Ya veis cuanto importa ser devoto de María Santísima. Ella os librará de males y desgracias de cuerpo y alma. Ella os alcanzará los bienes terrenales y eternos. …Rezadle el Santo Rosario todos los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús”.

En otro lado dice: “Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús”.

“Oh Virgen Madre de Dios… soy hijo y misionero vuestro, formado en la fragua de vuestra misericordia y amor.

Glorificado:

Los restos del P. Claret fueron trasladados más tarde a Vic, en 1897, donde se veneran. El 25 de febrero de 1934 la Iglesia le inscribió en el número de los beatos. El humilde misionero apareció a la veneración del mundo en la gloria de Bernini. Las campanas de la Basílica Vaticana pregonaron su gloria.

Y el 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó SANTO. Estas fueron sus palabras aquel memorable día:

“San Antonio María Claret fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aún en medio de su prodigiosa actividad exterior. Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y, entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios”.

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May 25

Acordaos

2

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro,
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.
Latín
Memorare, O piissima Virgo Maria,a saeculo non esse auditum,
quemquam ad tua currentem praesidia,
tua implorantem auxilia, tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te, Virgo Virginum, Mater,
curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.
Noli, Mater Verbi,
verba mea despicere; sed audi propitia et exaudi.
Amen.

Oración de intercesión a la Virgen María, comúnmente atribuida a san Bernardo de Claraval (1090-1153), posiblemente porque fue popularizada por Claude Bernard, el “Sacerdote Pobre” (1588-1641). El verdadero autor es desconocido. Los primeros textos que se conocen datan del siglo XV. Frecuentemente los papas le han otorgado indulgencias, hay ahora indulgencias parciales para quienes la reciten.1
Conocida por su primera palabra, Acordaos (en latín Memorare)

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Nov 4

Imagen intacta

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Esta imagen de la Virgen María quedo intacta tras el paso de Sandy.
En el día de San Carlos, ponemos a todos los que se llaman así , bajo su manto. Protégelos Virgen María.

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