Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, en la misa de la Vigilia Pascual
(11 de abril de 2009)

Estas buenas mujeres se levantaron tempranito para ir a ungir el cuerpo de Jesús muerto. Lo querían mucho. Estaban convencidas: está muerto. Se acabó. Se acabó la historia. Se acabó una linda ilusión. Pongamos rostro a la vida y sigamos como podamos… pero el amor las llevaba a eso. Y estaban ahí preocupadas sobre quien les iba a abrir el sepulcro: una piedra redonda que se hacía girar para tapar la puerta del sepulcro. Les preocupaba eso. Iban charlando… “¿Quién nos mueve esta piedra?” Escuchamos que el Evangelio dice: Era una piedra muy grande. Lo demás lo sabemos: encontraron la piedra removida, el anuncio del Ángel que Jesús estaba vivo y después salieron corriendo temblando, sin decir nada a nadie, porque estaban muertas de miedo.

Yo pensaba, cuando escuchaba el Evangelio, en los siglos de la historia que hoy hemos revivido aquí, con las lecturas de la historia de salvación, del pueblo judío, del pueblo de Dios… todos esos siglos de historia se estrellan y fracasan frente a una piedra que parece que nadie la puede mover. Todas las promesas de los profetas, las ilusiones, las esperanzas, terminan ahí, estrelladas en una piedra. Y pensaba que de siglos de historia podíamos pasar a nuestra vida. Nuestras vidas. Todos tenemos nuestra historia. No de siglos. Años y años de historias. Con sus pros y sus contras, sus buenas y sus malas pero todos tenemos la nuestra. Y todos tenemos la Fe en Jesús.

Pero me pregunto: ¿Cuántas veces nuestra vida cristiana, nuestra vida de seguimiento de Jesús, no es más que andar preocupándonos sobre quien nos va a mover una piedra? Y así pasamos la vida! Que si esto se puede, que si esto no se puede, que como puedo ser mas bueno, como puedo ser mejor, o como puedo arreglar este asunto o aquel otro… siempre frente a una piedra! Que me doy cuenta que yo no puedo mover! Y eso nos ata, nos quita libertad, no nos deja volar! No nos deja ser nosotros! Y hasta me atrevería a decir que nos “borronea” el nombre! … Cuantas veces horas, días, semanas, meses y años pensando en quien me va a remover la piedra… Eso es un fracaso.

Cuando nos dicen: “Mirá que la piedra está removida, mirá que lo que vos estás buscando está vivo al lado tuyo”… ahí nos agarra miedo y salimos disparando! Y preferimos la seguridad que nos da la cavilación nuestra sobre quien nos va a mover la piedra, preferimos eso, a la inseguridad de tenerlo vivo al lado! Que nos inspira en cada momento una cosa nueva, audaz, creativa! que nos inspira la vida del Resucitado.

Hoy, mirando la cavilación de estas mujeres, preguntémonos sobre las cavilaciones de nuestra vida. Preguntémonos si estamos convencidos de que a la piedra ya la rodaron y adentro no hay nadie. “Si Padre, estamos todos convencidos”, entonces ¿si estás convencido, decime, porque perder tiempo cavilando sobre quien te va a quitar la dificultad? Lo tenés vivo al lado! Él resucitó! Él está vivo! Él está con nosotros! Que en vez de sentir la tristeza de la cavilación sobre quien te va a mover la piedra de la dificultad, sientas el estupor del encuentro con Él, ese estupor que te transforma, ese estupor que te cambia la vida!

Y esta noche le pedimos a Jesús, cada uno por sí mismo y por todos los que estamos aquí: “Señor, que sienta el estupor del encuentro con vos, que no me enrede la vida en cuestiones secundarias, en que si esto, aquello, si podré si no podré… que sienta la alegría, la admiración, el gozo, el estupor, de saberte resucitado, vivo, al lado mío y esto no es una ficción.

Nos quedan dos caminos: o creemos en la piedra que está tapando el sepulcro y nos preguntamos quien me la va a mover o creemos que Él ya salió del sepulcro y nos está acompañando. Lo que celebramos hoy es esto segundo: Él está vivo. Que nos encontremos con Él. Que nos dejemos encontrar con Él para que así nos cambie la vida.

Que así sea.

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires