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Dic 13

Santa Lucía

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Mártir
Año 304
Santa Lucía bendita: concédenos desde el cielo
que nos envíe Dios sus luces para ver siempre
lo que debemos hacer, decir y evitar, y hacerlo,
decirlo y evitarlo siempre.
Lucía significa: “la que lleva luz”.
A esta santa la pintan con una bandeja con dos ojos, porque antiguas tradiciones narraban que a ella le habían sacado los ojos por proclamar su fe en Jesucristo.
Nació y murió en Siracusa (ciudad de Italia), en la cual se ha encontrado una lápida del año 380 que dice: “N. N. Murió el día de la fiesta de Santa Lucía, para la cual no hay elogios que sean suficientes”. En Roma ya en el siglo VI era muy honrada y el Papa San Gregorio le puso el nombre de esta santa a dos conventos femeninos que él fundó (en el año 590).
Dicen que cuando era muy niña hizo a Dios el voto o juramento de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre (que era viuda), casarla con un joven pagano. Por aquellos días la mamá enfermó gravemente y Lucía le dijo: “Vamos en peregrinación a la tumba de Santa Águeda. Y si la santa le obtiene la curación, me concederá el permiso para no casarme”. La madre aceptó la propuesta. Fueron a la tumba de la santa y la curación se produjo instantáneamente. Desde ese día Lucía obtuvo el permiso de no casarse, y el dinero que tenía ahorrado para el matrimonio lo gastó en ayudar a los pobres.
Pero el joven que se iba a casar con ella, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que ella era cristiana, lo cual estaba totalmente prohibido en esos tiempos de persecución. Y Lucía fue llamada a juicio.
El juez se dedicó a hacerle indagatorias y trataba de convencerla para que dejara de ser cristiana. Ella le respondió: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor de mi Señor Jesucristo”.
El juez le preguntó: “Y si la sometemos a torturas, será capaz de resistir?”.
La jovencita respondió:
“Si, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor”.
El juez la amenazó con hacerla llevar a una casa de prostitución para ser irrespetada. Ella le respondió: “Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha si no acepta ni consiente el mal” (Santo Tomás de Aquino, el gran sabio, admiraba mucho esta respuesta de Santa Lucía)
Trataron de llevarla a una casa de maldad, pero ella se quedó inmóvil en el sitio donde estaba y entre varios hombres no fueron capaces de moverla de allí, la atormentaron, y de un golpe de espalda le cortaron la cabeza.
Mientras la atormentaban, animaba a los presentes a permanecer fieles a la religión de Jesucristo hasta la muerte.
Por siglos ha sido muy invocada para curarse de enfermedades en los ojos.

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Dic 13

Santa Lucía

1

SANTOS DEL DIA 13 DE DICIEMBRE

Santa Lucía virgen y mártir, patrona de las modistas, de los ciegos, de los oculistas y de los fotógrafos. Inicio del tiempo navideño y de los preparativos para la Navidad; Aristón, Edburga, Elías y Judoco confesores; Eusreacio, Auxencio, Mardario, Orestes, Eugenio y Antíoco mártires; Audverto y Ursicino obispos; Columba y Odilia abadesas; Arsenio monje.

LUCÍA

Es un prenombre romano, muy frecuente en la época clásica, sobre todo en su forma masculina (Lucio). Está emparentado con la palabra latina lucem, que significa luz y que instintivamente relacionamos con el verbo lucir. Es posible que esta tan fácil asignación de significado haya sido decisiva para que se haya asociado a Santa Lucía con la vista y se le hayan añadido unos ojos que no le corresponden por su biografía.

Santa Lucía de Siracusa sufrió martirio en su ciudad natal el 13 de diciembre. Los historiadores no están de acuerdo en el año, que para unos es el 298 y para otros el 303 o el 304. La vida de la santa, aunque se ha ido enriqueciendo con algunas aportaciones piadosas, tiene total fundamento histórico. La última aportación la hicieron los pintores, que fundiendo dos santas en una, le añadieron a Santa Lucía de Siracusa los ojos portados en una bandeja que constituyen el atributo de otra santa Lucía.

Lucía de Siracusa era aún muy moza cuando su madre, viuda ya, quiso casarla con un rico heredero que no tenía otro defecto que el de ser pagano. Se había propuesto Lucía no aceptar aquel matrimonio y fue dando largas, hasta que el cielo se puso de su parte. La madre de Lucía llevaba cuatro años enferma y decidió por fin acudir con su hija al sepulcro de santa Águeda de Catania, por cuya intercesión obraba Dios muchos milagros. Y se produjo el milagro: la madre sanó de su enfermedad, por lo que se convirtió al cristianismo y accedió no sólo a liberar a su hija del matrimonio que le tenía preparado, sino también a entregarle la parte de la herencia que le correspondía, para que la vendiese y socorriese a los pobres.

El que había estado destinado a ser su marido, despechado, la denunció por ser cristiana. La detuvo el prefecto y para dar satisfacción al denunciante la mandó a una casa de lenocinio para que los hombres más lascivos de Siracusa pudieran gozar de ella. Pero Dios se puso de su parte y no consiguieron moverla. Hasta con un tiro de dos bueyes lo intentaron, y no hubo manera. Irritado, el prefecto, decidió prender fuego a la casa con ella dentro, pero se quemó la casa y ella permaneció indemne. Decidió, por fin, atravesarle la garganta con la espada, y Lucía, mientras se desangraba por la herida, invitaba a convertirse a Cristo a los espectadores, que vistos los prodigios que se estaban obrando, se habían reunido allí en gran número.

Más de 50 pueblos y accidentes geográficos llevan el nombre de Santa Lucía y las modistas la nombraron su santa patrona para que les conserve la vista, con lo que ha crecido, si cabía, la bondad de este nombre.

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