Santa Beatriz de Nazaret

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Etimología: Beatriz = la que hace feliz, del latín.

Había la costumbre en los monasterios belgas del siglo XI de admitir para el coro a las chicas de buenas familias de la alta burguesía. Las otras, incultas, entraban solamente en calidad de conversas. Recibían la ayuda de familias importantes, como los Brabantes o Tirlemont.

Beatriz, la benjamina de seis hermanos, era hija de esta última familia. Nació en Tirlemont (Bélgica) en 1200.

Su padre, el Beato Bartolomé, ingresó como lego cisterciense al fallecer su mujer. Ayudó a construir otros tres Monasterios de Monjas, como el Oplinter y el de Nazaret.

A los 17 años Beatriz ingresó en este último cerca de Lier en Brabant, siendo después la superiora durante muchos años. Pero no porque fuera hija del padre de la fundación del monasterio, sino porque brillaba ante todos por su virtud, su piedad y su generosidad sin límites.

Se habla de que en sus primeros años le sucedió como a san Bernardo, entregándose a penitencias más para admirar que para imitar, cosa frecuente en los principiantes, quienes al meditar la pasión de Cristo que dio su vida por nosotros en la cruz entre indecibles tormentos, se suscita en ellos un ansia de inmolarse por amor a él. San Bernardo lamentará más tarde tales excesos de juventud, pues toda la vida tendrá que luchar para mantenerse en pie. Igual le pasó a Beatriz: se entregó a severas austeridades, entre ellas usando un cinturón de espinas y comprimiendo su cuerpo con cuerdas y más tarde pagaría el coste de aquellas penitencias indiscretas.

Luego de profesar, la enviaron al monasterio de La Ramee para que se perfeccionase en la caligrafía e iluminación de manuscritos, habiendo resultado una excelente maestra en el arte de iluminar pergaminos. Allí se encontró con una religiosa santa – Ida de Nivelles – la cual le serviría de maestra y como madre espiritual, gracias a su perfecta preparación y experiencia en los caminos de Dios de que estaba adornada. Se dio cuenta Beatriz que esta religiosa se esmeraba demasiado en atenderla, y como le preguntara cómo era que dedicaba tanto tiempo a ayudarla espiritualmente, la contestación fue porque veía claro que Dios la había elegido para grandes cosas. Palabras proféticas que se cumplirían con creces.

Beatriz se esmeró en seguir de cerca los pasos de su maestra, viviendo una espiritualidad centrada toda ella en el amor. Fijándose en dos textos de San Juan: “El amor procede de Dios”, es decir, el amor pertenece a la razón, a la afectividad y a la voluntad, siendo Dios mismo el sujeto en el obrar, y a la vez, “Dios es amor”, el amor entendido como medio por el cual Dios se manifiesta a la criatura y a quien ésta puede contestar, dio por resultado de esta experiencia mística la obra preciosa titulada: “De siete modos de practicar el amor”, la cual según quienes la han estudiado a fondo es un tratado que contiene una belleza singular. “Su estilo es sobrio y sus frases muy elegantes; su exposición neta y clara; la prosa es dulce y ágil con lindas asonancias y rimas muy naturales. La autora posee una inteligencia excepcional, logra expresar magistralmente en el plano de la forma y del pensamiento sus experiencias místicas extraordinarias… El tratado es muy sintético, cada palabra tiene su peso y su valor… dejándonos seducir por su mensaje, a través de la belleza literaria del texto, que, más que toda otra cosa, expresa la belleza de su alma y es testimonio de su búsqueda absoluta del amor”.

Escrito en flamenco medieval, resume las siete maneras de amar santamente. Su descripción experiencial es una gozada por la forma y la sencillez de cómo el alma se acerca a Dios.

Las tres experiencias activas son ´el amor purificante, el amor devorante y amor elevante´, a las que siguen cuatro pasivas: amor infuso, amor vulnerado, amor triunfante y amor eterno.

Escribió otras obras. Sus lecturas preferidas eran la Biblia y los tratados sobre la Santísima Trinidad.

Se cuenta que le apareció Nuestro Señor y le perforó el corazón con una flecha incandescente…

Murió en el año 1269. Sus restos hubo que esconderlos para que los calvinistas no los profanaran y se ha creído que su cuerpo fue trasladado por ángeles para Lier.

También hoy celebramos santa Marta que mañana contaré su vida.

El Pórtico de la Gloria

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La Catedral de Santiago reabre las visitas del Pórtico de la Gloria tras diez años de restauración.
El Pórtico de la Gloria
El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela es un pórtico de estilo románico realizado por el maestro Mateo y sus colaboradores por encargo del rey de León Fernando II, quien donó a tal.
La entrada oeste de la Catedral fue rematada en el año 1188 con la obra cumbre de la escultura románica: el Pórtico de la Gloria. Este soberbio conjunto de tres arcos, esculpido por el Maestro Mateo en sólo 20 años, dota al atrio del templo de un poderoso simbolismo cuya lectura engarzaba con la de las restantes fachadas exteriores : pecado original, Redención y Juicio Final. Más de 200 figuras de granito, tan vívidas y expresivas como no se habían representado nunca en la Edad Media, interaccionan como en un cuadro animado para componer un mensaje teológico centrado en la Salvación del Hombre.
El Pórtico, además, debe ser entendido como un conjunto simbólico de la Jerusalén Celeste formado por la cripta , el propio pórtico de tres arcos y la galería de la tribuna, en la parte superior del templo, equivalentes a la Tierra, el Juicio Final y la Gloria.
Arco central
El Pórtico se compone de tres arcos, uno por cada nave de la Catedral, con sus respectivos tímpanos, arquivoltas y columnas; un zócalo inferior, una columna central o parteluz, lienzos de la contrafachada (hacia la fachada del Obradoiro) y bóveda.
En el arco central se eleva la visión apocalíptica de la Jerusalén Celeste: Cristo resucitado, rodeado por los cuatro Evangelistas y sus emblemas: Lucas escribe su Evangelio sobre el toro, Juan, sobre el águila; Marcos, sobre el león, mientras Mateo aparece con su caja de recaudador de impuestos. Entre ellos aparecen los Justos y debajo, un cortejo de ángeles que porta los instrumentos de la Pasión (columna, cruz, corona de espinos, lanza, etc). Sobre este conjunto, en la arquivolta, los 24 ancianos del Apocalipsis conversan entre sí mientras afinan los instrumentos con los que entonarán el canto de la Gloria.

Memoria de san Joaquín y santa Ana

Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a tradición de los cristianos.

No conocemos por los Evangelios a Ana y Joaquín, los padres de la Madre de Dios, sino sólo por ciertas tradiciones que se pueden remontar hasta la primera mitad del siglo II. El padre la madre de María constituyen el eslabón que une el antiguo Israel con el nuevo: Recibieron la bendición del Señor» y por ellos nos llega «la salvación prometida a todos los pueblos».

Dieron el ser a aquélla de la que había de nacer el Hijo único de Dios. De ahí que San Juan Damasceno les pueda saludar en estos términos: «Joaquín y Ana, ¡feliz pareja! la creación entera os es deudora; por vosotros ofreció ella al Creador el don más excelente entre todos los dones: una madre venerable, la única digna de Aquel que la creó».

El culto de Santa Ana ha crecido junto con la irradiación del de María. En Jerusalén, en la basílica de «Santa María, donde ella nació», conmemoraba Juan Damasceno, en el siglo VIII, a los abuelos de Jesús. Del modo más natural dicha basílica se convertiría en la iglesia de Santa Ana de los Cruzados. Pero, ya desde el siglo VI, se honraba a Santa Ana en Constantinopla, en una basílica que fue dedicada en su honor un 25 de julio. El culto de San Joaquín pasó mucho más tarde a unirse al de su esposa.