El Padre Eduardo Pérez dal Lago nos contó que hace casi 20 años lo presenció. Quedaron dos trozos de Sagrada Forma en el mantel; las metieron en el cáliz con agua para que se diluyeran y así durante 6 días pues seguían intactas. El día antes del Sagrado Corazón de Jesús lo encontraron transformado en sangre que permanecía intacta y sin olor y que poco a poco se fue transformando y cambiando de aspecto hasta quedar costra. Lo analizaron y …
En la Santa Misa del Papa Francisco el dia 14 de Abril 2013 se pudieron ver imagenes de Sacerdotes indicando de que la Eucaristia la dan solo en la boca, como podemos ver en el presente video.
Tambien podemos ver lo mismo en la Santa Misa celebrada el 21 de Abril 2013
Ademas quienes reciben a Jesus de mano del Santo Padre lo hacen de rodillas y en la boca.
El Papa argentino cuenta sus recuerdos de los años en los que era profesor de literatura y psicología
REDACCIÓN
ROMA
Una relación de amistad y afecto. “L’Osservatore Romano” publicó algunas páginas que escribió el entonces de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. Se trata del prefacio al libro de Jorge Milia “De la edad feliz”, que reconstruye los años (1964 y 1965) en los que el ahora Papa Francisco era profesor de literatura y de psicología en el Instituto de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fe: una experiencia que nunca ha olvidado. Y tampoco sus alumnos, a quienes «quiero mucho».
En las páginas que publicó “L’Osservatore Romano” surge también lo historia de la amistad entre Bergoglio y el escritor argentino Jorge Luis Borges. Todo nació por el serio compromiso del entonces profesor de literatura, que enseñaba a los alumnos del instituto clásico. Eran chicos vivaces y creativos y Bergoglio les pedía que escribieran cuentos: «me impresionó su capacidad narrativa. Seleccioné algunos de los cuentos que habían escrito y se los enseñé a Borges. También él quedó sorprendido y nos animó a publicar los textos: ademá quiso escribir de su puño y letra el prólogo. ¿Se podría decir que eran pequeños genios? No iría tan lejos; estoy seguro, de esto sí, de que eran normales».
Sobre la «discreta genialidad» de Borges, en cambio, Bergoglio siempre ha sido un admirador: «podía hablar de cualquier cosa, sin nunca darse aires», habría contado a Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti en el libro entrevista “El jesuita”. «De Borges –recuerda “L’Osservatore Romano”–, más allá de su distancia de la Iglesia, le sorprendían la seriedad y la dignidad con la que vivía su existencia», porque «el corazón de una persona solo lo conoce el Señor». Borges, escribieron Rubin y Ambrogetti, «era un agnóstico, pero todas las noches recitaba el Padrenuestro, porque se lo había prometido a su madre. Y murió asistido por un sacerdote».
He recopilado esta nota de su alumno..tengo al Papa tan presente que cada día busco sus noticias..:
SANTA FE. CORRESPONSALIA - 15/03/13
En el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, se disfruta desde el miércoles un singular y emotivo orgullo. Es que entre los años 1964 y 1965, el Papa Francisco fue, simplemente, el profesor Bergoglio. Tenía 28 años por aquel entonces cuando recorría el patio de los naranjos, los largos pasillos y las altas aulas de la institución, donde estaba a cargo de las cátedras de psicología, literatura y arte. Fue durante ese par de temporadas que dejó una indeleble huella en sus alumnos. José María Candioti hoy tiene 64 años, es abogado y fue alumno durante ese período. Y en diálogo con Clarín, el día después de que Jorge Bergoglio fuera nombrado Sumo Pontífice, cuenta detalles de cómo era en su rol de profesor.
“Era muy exigente. Pero sobretodo abrió un abanico de posibilidades a muchos de nosotros porque hizo un esfuerzo tremendo para despertar vocaciones en los alumnos. Recuerdo que trajo a gente relacionada a la literatura: Maria Esther de Miguel, María Esther Vázquez y, en 1965, nada menos que a Jorge Luis Borges, quien nos vino a dar un seminaro de Literatura Gauchesca. Era un gran admirador de Borges. Y gracias a que Bergoglio me autorizó, tuve el privilegio de conocerlo y hacerle una entrevista”.
De aquel encuentro entre el escritor y el ahora Papa Francisco surgió la idea de un concurso de cuentos. Se seleccionaron ocho textos de alumnos del colegio y se editó “Cuentos Originales”, un libro en el que el propio Borges escribió el prólogo.
Candioti, por entonces de 17 años, confiesa que era un joven algo irreverente. “En un examen le puse: he respondido correctamente lo preguntado y no se debe a que haya estudiado demasiado sino a mis vastos conocimientos sobre la materia. Su respuesta me marcó para toda la vida. Me puso un diez por el examen pero me agregó: ‘como no estudió le pongo un cero. Diez más cero da diez, divido dos, cinco. Esa es su nota final’. Me dio una clase de humildad”.
El recuerdo intacto entre el profesor y sus alumnos conquistó una fidelidad de casi medio siglo. Tal es así que hace tres años se juntaron nuevamente. “El 28 de agosto de 2010, un grupo de 20 ex alumnos viajamos con nuestras esposas y pasamos un día con él. Fue una jornada inolvidable. Comenzó con una misa, que Bergoglio ofreció por los presentes, por la familia y por los compañeros que ya no estaban. Y dio los 12 nombres de los compañeros fallecidos sin olvidarse de ninguno. Sobre el final del encuentro nos agradeció y nos dijo que haber estado con nosotros retempló sus fuerzas, que lo recordemos siempre porque cualquiera sea el lugar donde él esté, en cualquier ámbito que le toque estar, cuando hable de discípulos y alumnos siempre se va a estar acordando de nosotros”.
Cuando el miércoles se anunció el nombre de su ex profesor como nuevo Papa, la emoción y un sinfín de recuerdos se impregnaron para siempre en los ojos de José María Candioti, en el de sus compañeros de curso y en el de todos que tuvieron la bendición del contacto diario con el ahora Sumo Pontífice. “No lo podíamos creer, comenzamos a llorar, no me daban las manos para atender las llamadas. Nos hablamos con todos los de la promoción del ´65. Fue una emoción muy grande. Y creo que hay que agradecer porque tuvimos la suerte de haber sido jóvenes marcados por la impresión de un hombre de este calibre. La imagen de él está permanentemente presente en nuestros corazones”.
Lo celebro con la vidriera de la Iglesia de la Natividad de Rosario, en Argentina; donde nos recibió el Padre Ignacio y vivimos un encuentro inolvidable del Espíritu Santo.
Sumo la vidriera de mi casa, donde una paloma real nos dejó este mensaje ..unos piensan que se estampó al volar..pero no había animal muerto debajo..otros pensamos que era el mismo Espíritu Santo que ha dejado su sello de amor y que no voy a limpiar..
¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es el agua fría, es la sombra, la brisa fresca y nuestra fuente de agua viva junto al camino de la vida.
Santa Teresa llama a nuestra alma un castillo interior, un palacio. En ese castillo, palacio o templo vive “El dulce huésped del alma”: El Espíritu Santo.
¿Quién es el Espíritu Santo? Jesucristo le llama el Consolador. En nuestra alma vive el AMOR, vive allí de forma permanente, llegó a nuestra alma para quedarse. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo vive en vosotros?” decía San Pablo a los primeros cristianos.
Su estancia en el castillo obedece a una tarea que debe realizar, se le ha encargado que haga de ti un santo ó una santa, un apóstol. Desde el primer momento de la entrada en tu alma, en el bautismo, se ha dedicado a trabajar a destajo, ha trabajado muchos años, se ha llevado muchos desengaños, porque hay que ver cómo nos hemos portado con Él.
Ha sufrido, posiblemente, el destierro, le hemos roto su obra maestra, como el niño malo que destruye de un puntapié el castillo que construye el niño bueno en la playa. Y sobre las ruinas de nosotros mismos ha vuelto a colocar otra vez piedra sobre piedra, con una paciencia y con un amor tan grandes que sólo porque es Dios los tiene. Él no desespera, más aún tiene abrigadas firmísimas esperanzas de acabar con su obra maestra contigo. Él sabe que puede aunque tú no seas mármol de Carrara, sólo necesita algo de colaboración de tu parte o por lo menos que no le estorbes..
Los medios: la gracia santificante, las gracias actuales, sus inspiraciones, dones y frutos.
¿Cuál es su estrategia? La describe muy bien un himno dedicado al Espíritu Santo. Seleccionaré algunas partes de este himno ( abajo lo copio)
Primero: El mejor consolador
Consolando, secando lágrimas, arrancando los cardos y las ortigas del desaliento, tristeza y amargura. Uno de sus mejores oficios -lo sabe hacer muy bien- es consolar, por fortuna para nosotros que somos bastante llorones y necesitamos algo más que kleenex para nuestros ratos de tristeza. El mejor Consolador, ya sabemos. Cuando lleguen los momentos más penosos en los que llorar el poco, cuando la crisis nos agarre por el cuello y nos patee, acudir a quien quiere y puede consolarnos.
Nosotros podemos decir que me sorprende la realidad más radiante que vivimos los cristianos y, por tanto, no tenemos soledad, tristeza, lágrimas. Arrancarnos la tristeza peor, la de la separación de Dios, la de la infidelidad. Alegrarnos inmensamente de haber sido hechos hijos de Dios, alegrarnos de que nuestros nombres están escritos en el cielo, vivir con alegría diaria contagiosa, alegría en el dolor, en la enfermedad, alegría en las buenas y en las malas. Espíritu Santo, haznos apóstoles de la alegría, haznos vivir un cristianismo alegre, que vivamos con aire de resucitados, y que hagamos vivir a los otros así también.
Segundo: Dulce huésped del alma
Es uno de los títulos más hermosos. No huésped inoportuno. Cuantos huéspedes con los que nosotros no quisiéramos encontrarnos, a los que les damos la vuelta. En el caso del Espíritu Santo es un dulce huésped, esperado con ansia, acogido con cariño, porque siempre trae buenas noticias, buenos regalos, dones; El mismo es el Don por excelencia.
¿Me alegro de tenerlo siempre conmigo, lo entristezco con mi desamor, le pido muchos regalos espirituales? Y ¿qué le doy yo: mi amor, mi fidelidad? ¿Le escucho dócilmente? ¿El himno “Ven, Espíritu Creador” es mi saludo mañanero, son las mañanitas al dulce huésped de mi alma? ¿Alguna vez se las he cantado? Recordemos la frase de San Pablo; “¿No sabéis que sois templos del Espíritu Santo? Él ora con nosotros y por nosotros. Vivo, por tanto, en la presencia del Espíritu Santo, gozo minuto a minuto de su compañía gratísima, y su gracia está siempre a mi disposición.
Tercero: Dulce refrigerio
Cuando el bochorno arrecia y la lengua se reseca como ladrillo y el sudor empapa la ropa, una simple coca-cola fría, un ventilador oportuno, una alberca, solucionan el problema. Pero hay otros bochornos y calores interiores que requieren de otro refrigerio. Cuando se encrespan las pasiones, cuando el orgullo se revuelve como león herido, cuando la sensualidad con su baba venenosa quiere manchar el corazón y el alma, cuando la fiebre del mundo (placeres, dolce vita…) queman de ambición nuestro espíritu, llamar urgentemente al Espíritu Santo, para que nos brinde su dulce refrigerio y vuelvan las cosas a su lugar: El mundo allá y yo acá.
Cuarto: Tregua en el duro trabajo
Ofreciendo descanso en el duro bregar de la vida. Una mañana de domingo en la casa con niños, un día en la oficina en que todo salió mal, cansa, erosiona, desgasta, produce no rara vez frustración. Cuando uno de plano está agotado, abrumado por el trabajo los problemas y las preocupaciones, acudir sencillamente a quien es descanso en el trabajo, ¡OH Espíritu Santo, desperdiciado tantas veces que gemimos bajo el peso del trabajo! ¡OH jornaleros que teniendo la fuente a unos metros se mueren de sed! Dios es abismo de amor, torrente de felicidad, éxtasis de la vida, tenerlo tan cerca y morirse de hambre, la fuente a unos pasos y morirse de sed, la hoguera alumbrando en torno y morirse de frío, el amor cerca del corazón. Sólo unos pasos tenía que dar. Vivir cerca de la luz, y morir en el túnel de las tinieblas.
Quinto: Brisa en las horas de fuego
Siendo frescura en medio del calor. Un vaso de agua fría en un día de verano, la sombra de un árbol en el campo abrasado, una brisa fresca, una fuente fría junto al camino polvoriento, cuanto se agradecen. En la vida no podemos estar luchando todo el tiempo, somos humanos y necesitamos de tanto en tanto de un respiro. El Espíritu Santo es el agua fría, es la sombra, la brisa fresca y nuestra fuente de agua viva junto al camino de la vida.
Sexto: Gozo que enjuga las lágrimas
Consolando en la aflicción. Buena falta nos hace: lloramos como niños chicos por cualquier cosa. Llorar equivale a desanimarnos, a perder el entusiasmo por nuestra vocación cristiana y humana, a querer volver atrás. Para esos momentos malos, en que podemos reaccionar como niños caprichosos, acudir a quien es el consuelo en la aflicción.
Se le atribuye al Espíritu Santo casi un oficio de madre. El sufrimiento se encuentra en la vida de todos. Cuando se le espera y cuando no. El padre Maciel decía: “Unos de una manera y otros de otra, todos llevan su calvario y van por este camino en que los ha medito el pecado original. Lágrimas y sufrimientos anidan en el ser humano, en el hombre como hombre muy escondidos y salen cuando ya no pueden más”. Por ello necesitamos la presencia del Espíritu Santo”.
Posteriormente, el himno al que nos estamos refiriendo añade una serie de peticiones al Espíritu Santo.
Séptimo: Lava lo que está manchado
Lava lo que está manchado: mi alma llena de arrugas, mi corazón manchado de afectos desordenados, mi pequeño mundo lleno de cosas humanas, de tierra, de lodo; mi mente y mis sentidos a veces tan vacíos de Dios y tan llenos de mis pasiones desordenadas. Lava sobre todo la conciencia de todo pecado e imperfección, de las salpicaduras del mundo, de las manchas de pasiones, del barro de los malos pensamientos. Lava y purifica nuestra intención en el obrar, que a veces se tiñe de negras aficiones: el egoísmo, vanidad, respeto humano son manchas grasientas que requieren de un eficaz blanqueador. Necesitamos que des una limpiadita a nuestras virtudes.
Octavo: Riega el desierto del alma
Somos raíz de tierra árida, árbol que crece en la estepa. ¿Han visto ustedes los árboles que crecen en las orillas de los ríos? ¡Qué diferencia! Siempre están verdes. Decía el poeta Antonio Machado estas hermosas palabras: “Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido”.
A base de agua los judíos han hecho florecer el desierto del Sinaí. Tú puedes, Espíritu Santo, hacer florecer mi desierto, esa estepa en que a penas los cardos y las jaras crecen. Y entonces crecerán virtudes, crecerán buenas obras en mi alma.
Noveno: Sana el corazón enfermo
Médico de todas las enfermedades, médico de las enfermedades que he tenido y que ahora sufro, médico a domicilio.
Señor, si quieres, puedes curarme la lepra, el cáncer, el SIDA, la gangrena, la parálisis espiritual, las fiebres reumáticas, el escorbuto. ¿Cuál es mi enfermedad? Escuchemos en seguida la frase de mando: ¡Levántate y anda! Médico de las almas, que sabes la enfermedad y conoces la medicina, ¿cuál es mi enfermedad y mi mal? ¡Dímelo!.. Y proporciona el remedio que Tú sabes y yo no quiero aceptar a veces; cúrame antes de que la enfermedad me cause la muerte, cúrame las heridas que mi orgullo, sensualidad y egoísmo me abren a diario, las heridas de mis pecados antiguos y de mis pecados de hoy.
Décimo: Doma el Espíritu indómito
Dobla mi orgullo, ablanda mi cabeza dura y mi duro corazón; si es de piedra, hazlo de carne; hazme bajar la cabeza ante la obediencia y dar el brazo a torcer. Hazme duro para conmigo mismo, que no acepte flojedades, medias tintas, fariseísmos, pero hazme blando con los demás, como un pedazo de pan que dé alimento a todos los que se crucen en mi camino; hazme, Señor, instrumento de paz, como te pedía Francisco de Asís: “Donde haya odio, ponga yo tu amor, donde haya injurias, perdón”.
Once: Calienta lo que está frío
A veces somos témpanos flotantes, corazones en frigorífico, que nos se derriten con las grandes motivaciones del amor de Cristo, el celo por la salvación de las almas, la vocación a la misión. Te pido un amor apasionado, pasión por la misión.
Doce : Endereza lo que está torcido
¿Cuántos criterios en mi vida andan torcidos? Enderézalos endereza los malos hábitos, por ejemplo, el hábito de pensar mal, el hábito tan arraigado de murmurar de mis hermanos, el hábito terrible de la ociosidad, del no hacer nada, el hábito que mata la oración, la rutina, el hábito de la pereza, el hábito que empequeñece mis fuerzas con la pusilanimidad, la timidez. Quiero dejarte el timón de mi vida, de mi barca, y quiero remar con todas las fuerzas de mis brazos.
Para concluir, demos un repaso a los deberes que tenemos con este ilustre huésped: En primer lugar, tomarlo en cuenta, hacerle caso, no dejarlo solo, ignorado abandonado. Porque dejamos abandonado el Amor.
En segundo lugar: Gratitud: le debemos tanto. La ingratitud es cardo que crece en los corazones pero sobre todo en los corazones de los cristianos, por el simple hecho de haber recibido demasiadas cosas de Dios.
En tercer lugar: Amor. Debería ser fácil amar al AMOR, enamorarse del que nos ama infinitamente a cada uno de nosotros. Antes de pedirnos que le amemos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas, antes nos ha dicho Él: “Te amé con un amor eterno”.
En cuarto lugar: Docilidad y colaboración. Para ser santos debemos dejarnos guiar y obedecer al capitán del barco.
En quinto lugar: Cuando menos no estorbarle, dejarle trabajar en nosotros. “Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”.
EL HIMNO AL ESPIRITU SANTO.
Ven Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles,
Llena de gracia celestial
Los pechos que tu creaste.
Te llaman Paráclito,
Don de Dios altísimo,
Fuente viva, fuego, amor
Y unción espiritual.
Tú, don septenario,
Dedo de la diestra del Padre,
Por ]El prometido a los hombres
Con palabras solemnes.
Enciende luz a los sentidos
Infunde amor en los corazones,
Y las debilidades de nuestro cuerpo
Conviértelas en firme fortaleza.
Manda lejos al enemigo,
Y danos incesantemente la paz,
Para que con tu guía
Evitemos todo mal.
Danos a conocer al Padre,
Danos a conocer al Hijo
Y a Ti, Espíritu de ambos,
Creamos en todo tiempo.
Que la gloria sea para Dios Padre,
Y para el Hijo, de entre los muertos
Resucitado, y para el Paráclito,
Por los siglos de los siglos. Amén.

