
Yo voy..lo necesito.+

Yo voy..lo necesito.+
Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Por qué la comunión de rodillas
Benedicto XVI la quiere así, en las misas celebradas por él. Pero muy pocos obispos y sacerdotes lo imitan. Sin embargo también por eso los pisos de las iglesias fueron hechos preciosos. Una guía al descubrimiento de su significado
por Sandro Magister
ROMA, 13 de setiembre del 2010 – La que está arriba es una panorámica parcial del inmenso mosaico que recubre el pavimento de la catedral de Otranto, en la costa sur oriental de Italia.
Los fieles, recorriendo desde el ingreso al altar tienen como guía el árbol de la historia de la salvación, una historia que es sagrada y profana a la vez, con episodios del Antiguo Testamento, de los Evangelios, de la novela de Alejandro Magno y del círculo del Rey Arturo.
El mosaico es del siglo XII, una época en la cual las iglesias estaban vacías de sillas y de bancas y el pavimento aparecía a los fieles de modo completo. También cuando no tenía figuras, el pavimento de las iglesias era igualmente precioso por los materiales y los diseños. Sobre él se caminaba. Se rezaba. Se arrodillaba en adoración.
Hoy arrodillarse – especialmente sobre el piso – ha caído en desuso. Tanto es así que suscita sorpresa el deseo de Benedicto XVI de dar la comunión a los fieles en la boca y de rodillas.
Esto de la comunión de rodillas es una de las novedades que el Papa Joseph Ratzinger ha introducido cuando celebra la eucaristía.
Pero más que de una novedad, se trata de un retorno a la tradición. Las otras son el crucifijo al centro del altar, «para que todos en la misa miren hacia Cristo y no unos a otros», y el uso frecuente del latín «para subrayar la universalidad de la fe y la continuidad de la Iglesia».
En una entrevista al semanario inglés «Catholic Herald», el maestro de las ceremonias pontificias Guido Marini ha confirmado que también en las misas de su próximo viaje al Reino Unido el Papa se mantendrá fiel a este estilo suyo de celebración.
En particular, Marini ha anunciado que Benedicto XVI recitará completamente en latín el prefacio y el canon, mientras para los otros textos de la misa adoptará la nueva traducción inglesa que entrará en uso en todo el mundo anglófono el primer domingo de Adviento del 2011: esto porque la nueva traducción «es más fiel al original en latín y es de estilo más elevado» respecto a las vigentes actualmente.
La atracción que ha ejercido la Iglesia de Roma sobre muchos ilustres ingleses convertidos, del siglo XIX e inicios del XX – de Newman a Chesterton y a Benson – era también el universalismo de la liturgia latina. Una atracción por una fe sólida y antigua que hoy mueve a numerosas comunidades anglicanas a solicitar el ingreso en el catolicismo.
La «reforma de la reforma» atribuida al Papa Ratzinger en el campo litúrgico se da también así: simplemente con el ejemplo dado por él cuando celebra.
Pero entre los gestos ejemplares de Benedicto XVI el menos comprendido – hasta ahora – es quizá el de la comunión dada a los fieles puestos de rodillas.
En las iglesias de todo el mundo casi ya no se hace. También porque las balaustradas en las que se arrodillaba para recibir la comunión por todas partes han sido abandonadas o desmanteladas.
Pero se ha perdido de vista también el sentido de la pavimentación de las iglesias. Tradicionalmente muchas fueron ornamentadas precisamente para hacer de fundamento y guía a la grandeza y profundidad de los misterios celebrados.
Hoy pocos son los que advierten que pisos así de hermosos y preciosos son hechos también para las rodillas de los fieles: un tapete de piedra sobre el cual postrarse frente al esplendor de la epifanía divina.
El texto que sigue ha sido escrito precisamente para despertar esta sensibilidad.
Su autor es monseñor Marco Agostini, oficial en la segunda sección de la secretaría de Estado, ceremoniero pontificio y cultor de liturgia y arte sacra, que los lectores de www.chiesa ya conocen por un comentario iluminador sobre la «Transfiguración» de Rafael.
El artículo salió en «L’Osservatore Romano» del 20 de agosto del 2010.
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RECLINATORIOS DE PIEDRA
por Marco Agostini
Es impresionante el cuidado que la arquitectura antigua y moderna reservó, hasta la mitad del siglo XX, a los pisos de las iglesias. No sólo mosaicos y frescos para las paredes, sino pintura en piedra, taraceas, tapetes de mármol también para los pisos.
Me viene a la memoria el variopinto «tessellatum» de las basílicas de San Zenón o del hipogeo de Santa María en Stelle de Verona, o de aquel extenso y refinado de la basílica de Teodoro en Aquileia, de Santa María en Grado, de San Marcos de Venecia, o del misterioso de la catedral de Otranto. El «opus tessulare» cosmatesco brillante de oro de las basílicas romanas de Santa María Mayor, San Juan de Letrán, San Clemente, San Lorenzo en Verano, de Santa María en Aracæli, en Cosmedín, en Trastevere, o del complejo episcopal de Tuscania o de la Capilla Sixtina en el Vaticano.
Y además a las taraceas marmóreas de San Esteban Rotondo, San Jorge en Velabro, Santa Constanza, Santa Inés en Roma y de las basílicas de San Marcos en Venecia, del baptisterio de San Juan y de la iglesia de San Miniato en Monte de Florencia, o la incomparable «opus sectile» de la catedral de Siena, o los escudos marmóreos blancos, negros y rojos en Santa Anastasia en Verona o los pavimentos de la capilla grande del obispo Giberti o de las capillas del siglo XVIII de la Virgen del Pueblo y del Sacramento, siempre en la catedral de Verona, y – sobre todo – el sorprendente y precioso tapete lapídeo de la basílica vaticana de San Pedro.
En verdad el cuidado por los pisos no es sólo de los cristianos: son emocionantes los pavimentos en mosaico de las villas griegas de Olinto o de Pella en Macedonia, o de la imperial villa romana de Casale en Plaza Amerina en Sicilia, o los de las villas de Ostia o de la casa del Fauno en Pompeya o las preciosas escenas del Nilo del santuario de la Fortuna Primigenia en Palestrina. Pero también los pisos en «opus sectile» de la curia senatorial en el Foro romano, los lacertos provenientes de la basílica de Giunio Basso, también en Roma, o las taraceas marmóreas de la «domus» de Amor y Psique en Ostia.
El cuidado griego y romano por el pavimento no era evidentemente en los templos, sino en las villas, en las termas y en los otros ambientes públicos donde la familia o la sociedad civil se reunían. También el mosaico de Palestrina no estaba en un ambiente de culto en sentido estricto. La celda del templo pagano era habitada sólo por la estatua del dios y el culto se realizaba en el exterior frente al templo, alrededor del altar del sacrificio. Por tale razones los interiores casi nunca eran decorados.
Por el contrario, el culto cristiano es un culto interior. Instituido en la bella habitación del cenáculo, adornada de tapetes en el piso superior de una casa de amigos, y propagado inicialmente en la intimidad del hogar doméstico, en las «domus ecclesiae», cuando el culto cristiano asumió dimensión pública transformó las casas en iglesias. La basílica de San Martín en los Montes surge sobre una «domus ecclesiae», y no es la única. Las iglesias no fueron jamás el lugar de un simulacro, sino la casa de Dios entre los hombres, el tabernáculo de la real presencia de Cristo en el santísimo sacramento, la casa común de la familia cristiana. También el más humilde de los cristianos, el más pobre, como miembro del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, en la iglesia estaba en casa y era señor: pisaba pisos preciosos, gozaba de los mosaicos y de los frescos de las paredes, de las pinturas sobre los altares, olía el perfume del incienso, sentía la alegría de la música y del canto, veía el esplendor de los ornamentos usados para gloria de Dios, gustaba el don inefable de la eucaristía que le venía dada en cálices de oro, se movía procesionalmente sintiéndose parte del orden que es alma del mundo.
Los pavimentos de las iglesias, lejos de ser ostentaciones de lujo, aparte de constituir el suelo que se pisa, tenían también otras funciones. Seguramente no estaban hechos para ser cubiertos de bancas, introducidas estas últimas en edad relativamente reciente cuando se pensó disponer las naves de las iglesias para la escucha cómoda de largos sermones. Los pavimentos de las iglesias debían ser bien visibles: conservan en la figuración, en los entretejidos geométricos, en la simbología de los colores la mistagogía cristiana, las direcciones procesionales de la liturgia. Son un monumento al fundamento, a las raíces.
Estos pavimentos son principalmente para aquellos que la liturgia la viven y en ella se mueven, son para aquellos que se arrodillan frente a la epifanía de Cristo. El arrodillarse es la respuesta a la epifanía donada por gracia a una persona única. El que está impactado por el resplandor de la visión se postra a tierra y desde allí ve más que todos aquellos que alrededor suyo se han quedado de pie. Estos, adorando o reconociéndose pecadores, ven reflejos en las piedras preciosas, en los entretejidos de oro de las que a veces se componen los pavimentos antiguos, la luz del misterio que refulge del altar y la grandeza de la misericordia divinas.
Pensar que aquellos pavimentos tan bellos están hechos para las rodillas de los fieles es algo conmovedor: un tapete de piedra perenne para la oración cristiana, para la humildad; un tapete para ricos y pobres indistintamente, un tapete para fariseos y publicanos, pero que sobre todo estos últimos saben apreciar.
Hoy los reclinatorios han desaparecido de muchas iglesias y se tiende a remover las balaustradas a las que uno se podía acercar a la comunión de rodillas. Sin embargo en el Nuevo Testamento el gesto de arrodillarse se presenta cada vez que a un hombre se le presenta la divinidad de Cristo: se piense por ejemplo en los Magos, el ciego de nacimiento, la unción de Betania, la Magdalena en el jardín la mañana de Pascua.
Jesús mismo dijo a Satanás, que le quería imponer una genuflexión equivocada, que sólo a Dios se debe doblar la rodilla. Satanás pide todavía hoy que se escoja entre Dios o el poder, Dios o la riqueza, y trata todavía más profundamente. Pero así no se dará gloria a Dios de ninguna manera; las rodillas se doblarán para aquellos que el poder les ha favorecido, para aquellos a los cuales se tiene el corazón unido a través de un acto.
Volver a arrodillarse en la misa es un buen ejercicio de entrenamiento para vencer la idolatría en la vida, además de ser uno de los modos de «actuosa participatio» de los que habla el último Concilio. La práctica es útil también para darse cuenta de la belleza de los pavimentos (al menos de los antiguos) de nuestras iglesias. Frente a algunos da ganas de quitarse los zapatos como hizo Moisés frente a Dios que le hablaba desde la zarza ardiente.
Hoy comienza..adelante..
Novena a San Pío de Pietrelcina
(A) Oraciones para todos los días.
Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de contrición: Dios mío me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido porque eres infinitamente bueno. Dame tu santa gracia para no ofenderte más. Amén.
Padre Nuestro y Ave María.
Credo: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
(B) Oración final para todos los días.
San Pío de Pietrelcina, te pedimos nos enseñes la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.
Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.
Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.
Protégenos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.
Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día Primero
EL AMOR DEL PADRE PÍO HACIA DIOS
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Dios es amor; Dios es un Padre bueno y misericordioso, lento a la cólera y pronto al perdón.
>Dios nos ama –decía el padre Pío- y una de las pruebas que nos ama es el hecho de que nos tolera en el momento mismo en que lo ofendemos. Dios es Padre de todos; pero lo es, de modo especialísimo, para los desgraciados y de modo todavía más singular lo es para ti<
El padre Pío escribía a su director espiritual: >Me siento devorado por el amor de Dios. Dios está, para mí, fijo en mi mente e impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista; admiro su belleza, sus sonrisas, sus misericordias<.
El principal atributo de Dios es la misericordia que perdona y remedia los pecados de sus creaturas. Él es rico en misericordia. Su misericordia brota de su amor desinteresado y gratuito hacia los que no son amables ni merecen ser amados.
>Siento cada vez la imperiosa necesidad –decía el Santo- de entregarme con más confianza a la misericordia divina y de poner sólo en Dios toda mi esperanza<. Y repetía: >Yo no deseo otra cosa que morir o amar a Dios: o la muerte o el amor, pues la vida sin este amor es peor que la muerte<.
>Recuerda –escribía a una hija espiritual- que el gozne sobre el que gira la perfección es el amor; quien vive del amor, vive en Dios, porque Dios es amor, como dijo el Apóstol<.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, y concédenos por intercesión y ejemplo de san Pío de Pietrelcina, que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.
Día Segundo
AMOR DEL PADRE PÍO AL PRÓJIMO
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Quien ama a Dios, tiene que amar también al prójimo. El amor a Dios y el amor al hermano forman un solo mandamiento.
>La caridad –decía el padre Pío- es la perla de las virtudes. Del mismo modo que las perlas se mantienen unidas por el hilo, así las virtudes por la caridad. Y así como las perlas se caen si se rompe el hilo, de igual modo, disminuye la caridad y las virtudes desaparecen<.
El padre Pío no podía soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. La murmuración le daba náusea. >Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos?<.
Movido por este amor para con los hombres sus hermanos, exclamaba ante Dios como Moisés: “¡O perdonas a tu pueblo o bórrame del libro de la vida!.
Su amor al hombre lo lleva a dar vida a dos grandes obras: la Casa Alivio del Sufrimiento y los grupos de oración. Hablando de la Casa Alivio del Sufrimiento decía: >Háganla tan bonita como el paraíso, porque en ella va a habitar Cristo enfermo>. A los médicos y enfermeros recomendaba: >Ustedes tienen la misión de curar al enfermo; pero si no llevan amor al lecho de los enfermos, no creo que las medicinas sirvan de mucho. Sean portadores de Dios para los enfermos; eso será más útil que cualquier otro cuidado<.
Los grupos de oración tenían que ser de apoyo a la Casa Alivio del Sufrimiento.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, escucha con bondad la oración de tus fieles, y por la intercesión de san Pío de Pietrelcina, dígnate visitar con tu consuelo a nuestros hermanos enfermos y haz que recobren pronto la salud y te den gracias en la Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Día Tercero
AMOR DEL PADRE PÍO A LA PALABRA DE DIOS
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Uno de los deberes del sacerdote es la predicación de la Palabra de Dios. Los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, han sido consagrados para predicar el Evangelio. El sacerdote está acreditado oficialmente por la Iglesia para predicar la palabra como maestro.
Por eso el obispo, en la ceremonia de ordenación, le dijo: “Recibe el Espíritu Santo”.
Cuando el padre Pío llegó a San Giovanni Rotondo, el provincial lo encargó de la educación de unos treinta muchachitos que se preparaban a la vida religiosa capuchina. El superior, el Padre Paulino, nos describe así las ocupaciones en las que empleaba sus horas el padre Pío: “Se dedica a la lectura de libros espirituales, de modo especial a la lectura de la Sagrada Escritura”.
Uno de los niños de aquel tiempo, el padre Manuel de San Marco escribió:
“La forma de hablar del padre Pío en las conferencias era tan expresiva y conmovedora, que superaba todo lo imaginable, porque todo cuanto decía le salía de su misma vida, de su propio corazón. ¡Con qué dulzura nos hablaba de Jesús, Camino, Verdad y Vida! ¡Con qué ternura se expresaba cuando citaba textualmente las palabras del Señor!”
Todos los que conocieron al padre Pío y lo oyeron predicar, afirman que lo hacía con ardor y eficacia.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, escucha la oración de tu pueblo, da fuerza a cuantos predican el Evangelio en el mundo y concédenos que así como san Pío de Pietrelcina fue en la tierra un ardiente y humilde predicador de tu palabra, ahora en el cielo sea nuestro poderoso intercesor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Día Cuarto
EL AMOR DEL PADRE PÍO A LA EUCARISTÍA
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: La Eucaristía es la acción de gracias por las maravillas que Dios ha hecho por nosotros con la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. Jesús ha querido quedarse con nosotros real y sustancialmente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad como sacrificio, es decir, memorial de su muerte y como alimento espiritual en la comunión sacramental.
Dios llamó al padre Pío a ser sacerdote y víctima. Gentes de todo el mundo acudían a San Giovanni Rotondo para ver de cerca al estigmatizado padre Pío celebrar la santa misa.
Cristo crucificado se hacía presente visiblemente en la persona de su ministro: su pasión y su muerte se reflejaba durante la celebración del sacrificio del Calvario, celebrada por un sacerdote que en aquel momento le prestaba voz, manos y corazón.
>Lo que más me hiere –escribe el padre Pío a su director espiritual- es el abandono en que se encuentra Jesús en el Santísimo Sacramento. Mi corazón se siente como atraído por una fuerza superior antes de unirme a él al comulgar. Siento tanta hambre y sed de recibirlo, que falta poco para que no muera de ansia.
A veces voy a recibirlo como con fiebre. Y esta hambre y sed en lugar que se apague, después que lo he recibido, se acrecientan siempre más en mí, al grado de decirle a Jesús: ¡Basta!, Porque no aguanto más.<
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Padre celestial, para la mayor gloria de tu santo nombre y por el mayor bien de las almas, te suplicamos por intercesión de san Pío de Pietrelcina, que multipliques el número de tus sacerdotes. Derrama sobre ellos tu divino Espíritu, enamóralos de la cruz y haz muy fecundo su apostolado. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
Día Quinto
EL PADRE PÍO, MÁRTIR DEL CONFESIONARIO
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Podemos resumir el ministerio sacerdotal del padre Pío, en dos polos luminosos: el altar y el confesionario. En el altar se inmolaba con Cristo en la cruz y en el confesionario repartía la infinita misericordia del Señor.
En el confesionario el padre Pío desempeñó su paternidad con fuerza y ternura. Era severo y exigente con los penitentes curiosos e hipócritas. Era inflexible con los pecados contra la vida, los pecados de la blasfemia y la trasgresión del precepto dela misa festiva. No era raro que cerrara la ventanilla del confesionario en las narices de los penitentes o les gritara: ¡Fuera de aquí, desgraciado!.
Sus explosiones eran fuertes vibraciones de su espíritu para romper ciertas barreras y sacudir ciertos corazones empedernidos.
El Papa Juan Pablo II, en la canonización del padre Pío, dijo:
“Aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, éstos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental”.
Un penitente tres veces despedido del confesionario y, finalmente absuelto, comentaba: “Ahora sí que he llegado a comprender la gravedad de mis faltas. Hasta este momento nadie había sacudido mi indiferencia, como ahora lo ha hecho el padre Pío. Ahora comprendo mejor y le agradezco a Dios que se haya servido para ello del pulso firme y, al mismo tiempo, paternal del padre Pío<
¡Cuánto le costaban al padre Pío las confesiones! Solía decir: >¡Si supieran cuánto cuesta un alma!. Las almas no se dan como regalo: se compran. ¡Ustedes no saben lo que le costaron a Jesús!. Ahora y siempre hay que pagarlo con la misma moneda<.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios todopoderoso y lleno de bondad, que nos has dado en san Pío de Pietrelcina un modelo de sacerdote consagrado al ministerio de la penitencia, concédenos, por su intercesión, convertirnos a ti de todo corazón y recibir tu misericordia abundante. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén
Día Sexto
AMOR DEL PADRE PÍO A LA VIRGEN MARÍA.
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Desde niño el padre Pío tuvo siempre una tierna, afectuosa y confiada devoción a la Virgen María.
Cuando sacerdote se consagró totalmente a ella y la consideró “Dulcísima Madre de los sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias”.
Cuando pasaba ante una imagen de la Virgen, decía: “Te saludo, María, saluda a Jesús de mi parte”.
Festejaba el mes de mayo con mucho fervor. Decía: >El mes de mayo para mí es el mes de las gracias. Quisiera tener una voz poderosa para invitar a todos los pecadores del mundo a amar a la Virgen<.
>Su amor a la Virgen era muy grande –cuenta un sacerdote-. Recuerdo que una vez le pedimos al padre Pío, en la fiesta de la Asunción, que nos diera un pensamiento sobre la fiesta. Se le iluminó el rostro y sollozando dijo: “Hijos míos, amemos a la Virgen, ella es nuestra Madre”. Se emocionó y se puso a llorar. También nosotros nos pusimos a llorar, confundidos ante tanto amor.
Llamaba el rosario su arma preferida. Lo llevaba enrollado en la mano o en el brazo, como si fuera un arma siempre empuñada.
Su devoción a la Virgen era concreta y profunda, que lo llevaba a Cristo. La Virgen Dolorosa lo llevaba al misterio de la cruz, a embriagarse en los padecimientos de Jesús.
La Virgen lo introdujo también en el misterio eucarístico. Escribió: >¡Pobre madrecita, cuánto me quiere! ¡Con qué cariño me ha acompañado esta mañana hasta el altar! Me ha parecido que ella no tuviera ni siquiera en quién pensar sino sólo en mí, al llenarme el corazón de santos afectos<.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios omnipotente y eterno, que has hecho grandes maravillas en la Virgen María, madre de tu Hijo y madre nuestra, por intercesión de san Pío de Pietrelcina, renueva en nosotros las maravillas del Espíritu para que podamos bendecir eternamente tu nombre. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Día Séptimo
AMOR DEL PADRE PÍO A LOS SANTOS ÁNGELES
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Los ángeles de la guarda son seres espirituales que Dios envía a los hombres con la misión de custodiarnos y protegernos física y espiritualmente.
>El ángel de la guarda no nos abandona nunca –decía el padre Pío-. Él es nuestro amigo más sincero y fiel<.
El padre Pío le tenía mucha confianza y familiaridad y con frecuencia le daba encargos especiales. A quien iba a saludarlo antes de emprender un viaje, le decía: “El ángel de Dios te acompañe”.
A sus hijos espirituales repetía con frecuencia: “cuando me necesites y no puedas venir a verme, mándame a tu ángel de la guarda con el mensaje”.
El padre Agustín, su confesor, escribió: “El padre Pío no conoce ni el griego ni el francés, su ángel de la guarda le explica todo”.
En el libro Envíame a tu ángel de la guarda, el padre Alejo Parente nos cuenta este hecho asombroso: “Una vez el padre Pío estaba en la veranda y parecía estar hablando con alguien, mientras que en realidad yo no veía a nadie. Me acerqué a él para entregarle algunas cartas. El padre me dijo bruscamente: “¿No ves que estoy ocupado?”.
Me quedé mortificado y me retiré un poco. Al poco tiempo, el padre Pío me llamó y me dijo: “¿No has visto estos ángeles de la guarda que estaban alrededor? Eran los ángeles de la guarda de mis hijos espirituales que venían a traerme sus mensajes. Debía yo darles las respuestas”.
El padre Pío no era un hombre que inventara extrañezas o fuera preso de fantasías neuróticas. Ahora que la Iglesia ha reconocido su santidad, estas “extrañezas” se vuelven verdaderas enseñanzas para nosotros.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Te pedimos, Señor, que tus santos ángeles, nos ayuden en el peregrinar de esta vida y nos conduzcan después a la patria eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Día Octavo
EL AMOR DEL PADRE PÍO A LA IGLESIA Y AL PAPA
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: Ante el “Fenómeno” padre Pío, los fieles de todo el mundo llegaban a él en mayores grupos para oír sus misas y confesarse con él.
Sin embargo, desde diferentes sectores de la misma Iglesia surgieron calumnias y falsos informes sobre su vida y actividad, y hasta el mismo Santo Oficio de Roma le prohibió durante un tiempo celebrar en público y confesar.
¿Cómo reacciona el padre Pío? Con humildad, silencio y oración. Nos cuenta un cohermano suyo: “Al recibir la noticia de la prohibición de celebrar y confesar en público, el padre Pío dejó entrever unas lágrimas y un gesto de profundo dolor. Se retiró a la tribuna del coro y a los pies del crucifijo estuvo orando hasta la medianoche”.
Luego él mismo dijo: >La Iglesia es una madre a la que hay que amar y más cuando nos pega<.
A un admirador e hijo espiritual que quería llevar una protesta públicamente, dijo: “Si en verdad me amas, no debes continuar lo que estás haciendo por mí. No se puede amar al hijo, mortificando a la madre Iglesia”.
El padre Pío amaba al Papa como a Cristo en la tierra, y diariamente ofrecía su vida por él. >Mi primer recuerdo de cada día en la oración de la mañana –decía- es por el Papa<.
La fundación de los grupos de oración tiene como primera y principal intención orar por la Iglesia y por el Papa. >Yo quiero que mis grupos de oración –decía- oren siempre según las intenciones del Papa, a quien amo tanto, tanto, como al mismo Jesucristo<.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, escucha benignamente las oraciones de tu Iglesia y, por la intercesión de san Pío de Pietrelcina, concédenos con abundancia cuanto te pedimos con fe. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Día Noveno
LA ORACIÓN DEL PADRE PÍO.
Oraciones para todos los días. (ver inciso “A”)
Reflexión: El padre Pío repetía con frecuencia: >Se busca a Dios en los libros, pero se lo encuentra en la oración. Si hoy no se cree, se debe a la falta de oración. Más se ora, más aumenta la fe y se encuentra a Dios<.
El padre Gabriel Amorth, amigo e hijo espiritual del padre Pío, dijo: “El padre Pío, cuanto más avanzaba en edad, más sentía la necesidad de aumentar la oración. La necesidad de la oración le era sugerida por la conciencia de saberse indigno, se sentía un gran pecador, con el riesgo de poder perder la fe. Por ello ha sido siempre un gran pedigüeño de oración. Yo sabía que sí quería verlo iluminado de gozo, no tenía más que decirle: “Padre rezo por usted”.
El padre Pío se había definido a sí mismo: >Un fraile que ora<. Sus biógrafos lo definen como a san Francisco de Asís. “Un hombre hecho oración”.
Los continuos llamados del Papa Pío XII a la oración para que terminara la guerra, encontraron en el padre Pío una respuesta concreta. Él fundó sus ya famosos grupos de oración, que definió: “Semilleros de fe, hogares de amor en los cuales Cristo mismo está presente cada vez que se reúnen para la oración bajo la guía de sus directores espirituales”.
La oración principal que se reza en estos grupos, es el santo rosario y una breve reflexión sobre algún mensaje espiritual y los ejemplos de la vida santa del padre Pío.
Pronto tuvieron mucha difusión en Italia y en todo el mundo. El mismo Santo Padre, Juan Pablo II, dijo que los grupos de oración son una de las herencias espirituales más preciosas que nos dejó el santo.
Oración final para todos los días. (ver inciso “B”)
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que nos diste en san Pío de Pietrelcina un modelo insigne de oración, haz que nuestra vida transcurra en una constante y ferviente unión contigo, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Ayer día 13 fue el día de la Virgen y se venera con gran fe en Salta y mañana el del Señor de los Milagros.


Hoy Salta está de fiesta hasta el miércoles, ya q festejan el milagro de un terremoto que cesó en el año 1692, luego de sacar en procesión al Señor del Milagro que había estado guardado en una sacristía por 100 años(1592-1692)
Este Señor del Milagro fue hallado flotando en una caja en el mar en el Callao(Perú), lo transportaron a salta a lomo de mula y lo dejaron en una sacristía 100 años.
en el año 1692 un fuerte terremoto azotó el norte y se acordaron de este Cristo crucificado guardado y lo llevaron en procesión y los temblores cesaron, pero encontraron en el suelo como mirando al Cristo a la imagen de la Señora del Milagro que había llegado a salta 10 años antes que el Señor.o sea en (1582)
Observaron que la Inmaculada había cambiado el color de su cara por eso la llamaron SRA del Milagro..
..bueno lo conté muy rápido pero lo q se vive en estos días en Salta es impresionante por eso María Livia no va al cerro
A muchos nos gustaría saber cómo comenzó en nuestra parroquia el culto al Señor de los Milagros. Algunos se imaginan que es una réplica de Aquel que se venera en Salta, así como tenemos a San Cayetano, cuyo santuario está en Liniers, o a la Virgen de Luján, El Señor de los milagros que se venera en nuestra basílica es originalmente nuestro, aunque comparta su nombre con el de Salta.
Cuentan que por el año 1776, cuando recién se creaba el Virreinato del Río de la Plata, con Pedro de Cevallos como primer virrey, llega una imagen de Jesús crucificado al humilde caserío delimitado por las actuales calles Santa Fe, Cerrito, Libertad y Arenales.
¿Pero cómo llegó? Algunos afirman que la corriente del río acercó la imagen a la costa y que unos pescadores la rescataron, llevándola al caserío anteriormente citado. Esta versión es muy parecida a la de Nuestra Señora de los Buenos Aires, que se venera en Cagliari, Italia, y que llegó a la costa sarda traída por la corriente mediterránea. Pedro de Mendoza encomendaba todos sus viajes a esta ilustre Señora, y es probable que por eso haya bautizado a nuestra ciudad con el nombre de los Buenos Aires.
Otra versión cuenta que fue ofrecida por un indio, del cual se ignora su origen, a la familia Rivero, que tenía su vivienda sobre la avenida Santa Fe. Ellos le erigieron un pequeño oratorio en su hogar, al cual pronto acudieron los vecinos a rendirle culto.
De cualquiera de los dos medios, el agua o el indio, pudo valerse Dios para que este crucifijo se quedara en Buenos Aires, y manifestara su infinita misericordia a este virreinato naciente.
El culto creció más de lo esperado. Los esposos Rivero tuvieron que dedicarse a servir y atender el oratorio. Con el fruto de las ofrendas pudieron adquirir el terreno colindante y construyeron una pequeña ermita que estaba ubicada en Cerrito y Santa Fe.
Hasta ahora siempre hemos hablado de la santa imagen del Señor crucificado; pero he aquí que un devoto, de cuyo nombre no han sido encontrados registros, recibió una gracia muy significativa para su vida, por lo cual salió de la ermita loco de alegría gritando: ¡Milagro! , y a partir de ese momento se le llamó “El Señor de los Milagros”.
Este hecho, y otros que le sucedieron contribuyeron a que aumentara el número de fieles que asistía a la pequeña capilla, no sólo de la ciudad, sino también del resto de la provincia.
En el año 1797, el entonces cura párroco del Socorro, Don Manuel Ochogavía, tuvo conocimiento del culto al Señor de los Milagros, y pensó trasladarlo a la parroquia. Pero dado que el año anterior había muerto el obispo, Don Manuel de Azamor y Ramírez, debió esperar a que llegara el nuevo pastor, Don Benito Lué y Riega( quien participará del cabildo abierto del 22 de mayo de 1810), en el año 1803. Era virrey por ese entonces Joaquín Del Pino.
Consultado, pues, el nuevo obispo por el párroco del Socorro sobre la conveniencia de trasladar la imagen a la sede parroquial, éste lo vio conveniente y dio su apoyo.
La familia Rivero recibió con agrado la propuesta, si bien les costó desprenderse de aquella imagen que tanto llenaba sus vidas.
Se fijó como fecha de entronización en la parroquia el día 13 de septiembre de 1803, celebrándose el acontecimiento con una ceremonia sencilla devota.
El señor cura Ochogavía ubicó la imagen de los milagros a la derecha del altar mayor, encomendando su cuidado a la señorita Juana Rodríguez, bisnieta de Alejandro del Valle, donante del predio parroquial.
Hacia 1855, cuando el país comienza a organizarse después de la batalla de Caseros y la sanción de la Constitución, la nave central de nuestro templo parroquial será ampliada bajo el curato de Francisco L. Villar, inaugurándose el 2 de febrero.
Este párroco, a instancias de Don Mariano de Escalada, primer arzobispo de Buenos Aires, solicita a Pío IX la institución canónica de la fiesta del Señor de los Milagros, que hasta entonces se celebraba el domingo siguiente al 14 de septiembre. El Papa accede a esta petición el 7 de abril de 1855.
El Padre Villar, que tanto hizo por su parroquia, cesó en su cargo el 3 de enero de 1863, ya que había sido nombrado canónigo en la catedral. En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla, volverá para socorrer a sus antiguos feligreses y morirá contagiado.
En el mismo año, el canónigo De Las Casas, nuevo párroco, inauguró solemnemente el altar del Señor de los Milagros, que hasta ese momento no tenía uno propio.
La misa fue oficiada por el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Aneiros, y para dar más importancia a dicho altar, se trasladó allí al Santísimo Sacramento, siendo hasta el día de hoy, el lugar de la reserva.
Corría el año 1903, se cumplía el primer centenario de la llegada de la santa imagen al Socorro, el país ya no era esa gran aldea, el general Roca entraba en el último año de su gobierno, 12 años contando los dos períodos(1880-1886 y 1898-1904), tiempo no superado hasta hoy por ningún presidente a pesar de las reformas constitucionales.
La devoción del Señor de los Milagros había traspuesto los límites de la república y de muchas ciudades lejanas llegaban noticias consoladoras de gracias obtenidas.
Es así como el Señor quiso marcar el comienzo del siglo XX con un acontecimiento que alegró profundamente a la feligresía porteña:
El cura párroco, Don José Apolinario De Las Casas, escribe al arzobispo Espinosa a fin de que este solicite a Su Santidad, León XIII (conocido entre otras cosas por la publicación de la encíclica Rerum Novarum, carta que fundará la Doctrina Social de la Iglesia), la coronación pontificia del Señor de los Milagros. El arzobispo contesta afirmativamente, y el 30 de diciembre de 1902 se embarca rumbo a Europa el padre Benito Barbarossa, teniente cura del Socorro, a quien De Las Casas conocía desde niño, y sabía de su profunda devoción al Señor de los Milagros.
En primer lugar se fue a París, donde se confeccionó la corona que ostentaría la imagen, dirigiéndose posteriormente a Roma, dónde solicito al Papa la bendición de la misma, que se llevó a cabo el 9 de abril de 1903.
Y finalmente el 13 de septiembre de 1903, en la catedral de Buenos Aires, se llevó a cabo la ceremonia presidida por el arzobispo Monseñor Mariano Antonio Espinosa, contando con la presencia de obispos de toda la república, del cabildo metropolitano, párrocos de la capital federal y de la campaña bonaerense, miembros de las órdenes religiosas. También el gobierno quiso hacerse presente con ministros, legisladores, miembros del poder judicial y de la Intendencia municipal.
Esta coronación era la primera que se realizaba en esta ciudad; las tres naves de la catedral estaban atestadas de fieles. En la Plaza de Mayo se situaban los colegios, asociaciones parroquiales, círculos de obreros, conferencias vicentinas, cofradías y otros movimientos católicos. Se calculó la concurrencia en unas 50.000 personas.
Llegada la hora y con la presencia de los padrinos, Leonardo Pereyra Iraola, Rafael de Oliveira César, Dámasa Zelaya de Saavedra y Enriqueta Lezica de Dorrego, se dio lectura a la bula pontificia por la cual se decretaba la coronación del Señor de los Milagros., luego Monseñor Espinosa, en nombre de León XIII, y de Pío X que lo sucedió, colocó sobre la frene del Señor la hermosa corona que encerraba en ese momento los corazones de todos los habitantes de la república.
Finalizada la celebración, la imagen fue llevada procesionalmente a la Basílica del Socorro. La columna enfiló por Rivadavia, siguiendo por Florida, para doblaaar luego por Paraguay, Esmeralda y finalmente Juncal. De todos los balcones, hermosamente adornados, se arrojanam flores sobre la santa imagen, unos rezaban el rosario, y otros entonaban los conocidos cánticos como “…Santo, Santo Cristo, regalo que bajo del cielo, sé nuestro socorro, sé nuestro consuelo.” La procesión despertó en todos la devoción, el entusiasmo y la alegría.
Al llegar a la Basílica entró en su casa, en la cual nos recibe a todos los que confiamos en este Cristo, que estuvo, está y estará siempre en la historia de nuestra querida Argentina, y que en este año en el que festejamos los 200 años de su llegada a nuestra parroquia, y el centenario de la coronación pontificia, quiere estar cerca como el buen samaritano, para reconfortarnos, sanar nuestras heridas y por sobre todo para que volvamos a caminar por nuestros medios.